Un misterioso aumento eléctrico en abetos italianos no anticipaba el eclipse solar

En febrero de 2026, una peculiar observación científica en los Dolomitas, al norte de Italia, captó la atención de la comunidad astrobiológica y de aficionados a los fenómenos naturales: un grupo de abetos mostró un marcado y sincronizado aumento en su actividad eléctrica aproximadamente 14 horas antes de que un eclipse solar parcial atravesara la región. Este fenómeno, en un principio interpretado por algunos como un posible indicio de que las plantas pudieran anticipar eventos astronómicos, ha sido recientemente revisado y explicado a la luz de nuevas evidencias.
El equipo liderado por el investigador Chiolerio, que primero reportó el fenómeno, detectó que los abetos (Picea abies) presentaban un repunte en su potencial eléctrico medido con sensores instalados en el tronco. La noticia se propagó rápidamente, alentando especulaciones sobre una supuesta sensibilidad de las plantas a señales astronómicas desconocidas, e incluso se mencionó la posibilidad de que la biosfera terrestre estuviera más conectada de lo pensado con los ritmos cósmicos.
Sin embargo, un artículo de opinión publicado en una revista científica de referencia ha venido a enfriar el entusiasmo inicial. Los autores del nuevo análisis concluyen que el repunte eléctrico en los abetos no tenía relación alguna con el eclipse solar venidero, sino que fue provocado por la actividad atmosférica local, concretamente una tormenta eléctrica y rayos que impactaron en las proximidades.
Según detallan los científicos, el registro de datos ambientales de la estación meteorológica más cercana y los informes de observadores locales confirman que, poco antes de la subida de potencial eléctrico en los abetos, se registró una tormenta acompañada de varios rayos en un radio de pocos kilómetros. Los árboles, debido a su altura y conductividad, suelen actuar como antenas naturales, y su potencial eléctrico puede alterarse bruscamente por los cambios en el campo electromagnético generados por tormentas y descargas eléctricas cercanas.
Este fenómeno es bien conocido dentro de la biología y la física forestal. Las plantas, en especial los árboles altos, están en constante interacción con su entorno eléctrico. El potencial eléctrico de un árbol puede variar por la absorción de agua, los movimientos de savia y, sobre todo, por la influencia de cargas atmosféricas. Durante las tormentas, la acumulación de cargas en la atmósfera puede inducir corrientes en los árboles, lo que produce alteraciones que los sensores captan fácilmente.
El episodio ha servido para ilustrar la importancia de interpretar con cautela los datos científicos y de no precipitarse a la hora de atribuir causas extraordinarias a fenómenos que pueden tener explicaciones terrenales y perfectamente conocidas. A pesar de la espectacularidad del eclipse solar y del atractivo de pensar en una «sensibilidad vegetal» a los eventos astronómicos, los expertos recuerdan que, hasta la fecha, no existen pruebas sólidas de que los árboles puedan anticipar eclipses o cualquier otro tipo de fenómeno cósmico mediante mecanismos biológicos.
Este caso se suma a una larga lista de observaciones naturales que, en un primer momento, parecen desafiar las leyes conocidas, pero que finalmente encuentran su explicación dentro del marco de la ciencia establecida. La historia de la investigación científica está repleta de ejemplos similares, desde los «meteoritos vivos» hasta las «lluvias de peces», que tras una investigación rigurosa resultan tener causas perfectamente naturales.
El interés por la interacción entre la biosfera y los fenómenos cósmicos no es nuevo. Desde hace décadas, organismos como la NASA y la ESA estudian el efecto de los ciclos solares, las tormentas geomagnéticas y otros eventos espaciales sobre la vida terrestre. Por ejemplo, la NASA ha financiado experimentos para observar cómo afectan los rayos cósmicos y la radiación solar a la germinación de semillas en la Estación Espacial Internacional. Sin embargo, hasta el momento, ninguna investigación ha demostrado que las plantas terrestres sean capaces de anticipar un eclipse solar.
La noticia del incremento eléctrico en los abetos de los Dolomitas, por tanto, no supone la irrupción de una nueva biología ni la demostración de una misteriosa sensibilidad vegetal a los ritmos del cosmos. Más bien, refuerza la importancia de considerar todos los factores ambientales locales antes de buscar explicaciones fuera de lo común.
En conclusión, el caso de los abetos italianos subraya tanto la fascinación que despiertan los grandes fenómenos astronómicos como la necesidad de un análisis riguroso y multidisciplinar de los datos. El universo sigue sorprendiéndonos, pero incluso en los misterios más llamativos, la ciencia avanza a base de pruebas y explicaciones sólidas.
(Fuente: SpaceDaily)
