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La danza de las auroras: desvelando el misterio de los campos eléctricos en los polos

La danza de las auroras: desvelando el misterio de los campos eléctricos en los polos

Durante siglos, las auroras boreales y australes han fascinado a la humanidad, alumbrando los cielos polares con sus cortinas de luz verdes, rojas y violetas. Sin embargo, el proceso físico que origina este espectáculo natural aún encierra secretos que la ciencia ha intentado desentrañar. Aunque se sabía que las auroras se producen cuando electrones de alta energía son impulsados hacia la atmósfera superior terrestre, colisionando con átomos y moléculas y liberando luz, el origen de los intensos campos eléctricos que aceleran estos electrones sigue dando lugar a investigaciones pioneras.

El fenómeno auroral se debe, fundamentalmente, a la interacción del viento solar —una corriente de partículas cargadas que emite el Sol constantemente— con el campo magnético terrestre. Cuando estas partículas alcanzan la magnetosfera, especialmente en las regiones polares, el campo magnético las canaliza hacia la atmósfera. Allí, la energía cinética de los electrones se transforma en luz visible al chocar con oxígeno y nitrógeno. Este proceso no solo crea el espectáculo visual, sino que también implica complejas dinámicas electromagnéticas que, hasta ahora, la ciencia solo había descrito de forma parcial.

Recientemente, un equipo internacional de físicos espaciales, en colaboración con instituciones japonesas, estadounidenses y europeas, ha logrado avances significativos en la comprensión de cómo se generan y mantienen estos intensos campos eléctricos en la ionosfera polar. Utilizando datos de satélites como el japonés ERG (Arase) y misiones de la NASA, los investigadores han observado en detalle las microestructuras de las corrientes eléctricas que fluyen en la magnetosfera. Los datos han revelado que las fluctuaciones rápidas del campo magnético, inducidas por el viento solar y perturbaciones geomagnéticas, crean regiones localizadas de fuerte diferencia de potencial eléctrico. Estas regiones actúan como verdaderos aceleradores de partículas naturales, capaces de impulsar electrones a velocidades próximas a la relativista.

La importancia de estos hallazgos radica no sólo en el conocimiento fundamental de las auroras, sino en su impacto sobre las tecnologías modernas. Las tormentas geomagnéticas asociadas a auroras intensas pueden afectar gravemente a satélites, sistemas de navegación GPS, comunicaciones de radio y, en casos extremos, a redes eléctricas terrestres. Por ello, comprender los mecanismos que subyacen a la aceleración de partículas es esencial para desarrollar predicciones más precisas y sistemas de alerta temprana ante episodios de clima espacial extremo.

En el ámbito internacional, la investigación sobre el clima espacial y las auroras ha contado con la colaboración de agencias como la NASA, que a través de misiones como THEMIS y MMS (Magnetospheric Multiscale Mission), ha obtenido datos de gran valor sobre la dinámica de la magnetosfera y la formación de subtormentas aurorales. Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) también ha contribuido con el satélite Cluster, que ha permitido caracterizar la estructura tridimensional de los campos eléctricos en las regiones polares.

Aunque tradicionalmente el estudio de las auroras ha estado en manos de organismos públicos, en los últimos años empresas privadas como SpaceX y Blue Origin han mostrado interés en el fenómeno, ya que su actividad creciente en órbitas polares y la futura expansión de estaciones y satélites en la órbita baja terrestre podrían verse afectados por el clima espacial. SpaceX, por ejemplo, ha sufrido en 2022 la pérdida de varios satélites Starlink debido a una tormenta geomagnética que aumentó la densidad de la atmósfera superior, incrementando el rozamiento y causando la reentrada prematura de los aparatos. Esta experiencia ha impulsado a la compañía de Elon Musk a colaborar con la NASA y grupos de investigación internacionales para mejorar la monitorización y predicción de eventos aurorales.

La nueva generación de cohetes reutilizables, como el Falcon 9 de SpaceX y el Miura 5 de la española PLD Space, también tendrá que adaptar sus trayectorias y sistemas de protección para mitigar los efectos de las partículas energéticas durante lanzamientos y operaciones en órbitas polares. De hecho, la española PLD Space, que recientemente ha realizado pruebas exitosas con su cohete suborbital Miura 1, ha anunciado su intención de colaborar con instituciones científicas para instrumentar futuros lanzamientos y contribuir al estudio de la ionosfera.

En paralelo, la búsqueda de vida en exoplanetas y la exploración planetaria también se benefician de este conocimiento, pues la existencia de campos magnéticos y auroras en otros mundos puede ser un indicador de habitabilidad y protección frente a la radiación cósmica.

La comprensión de los campos eléctricos aurorales representa así un avance fundamental, no solo para la ciencia básica, sino para la navegación espacial y la protección de infraestructuras críticas. Las auroras, más allá de su belleza, nos recuerdan el delicado equilibrio entre nuestro planeta y el cosmos, y la importancia de la investigación internacional, tanto pública como privada, para protegernos y avanzar en la exploración del espacio.

(Fuente: SpaceDaily)