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Un sistema planetario cercano desafía el orden clásico de los planetas

Un sistema planetario cercano desafía el orden clásico de los planetas

Durante generaciones, profesores y estudiantes han memorizado frases mnemotécnicas para recordar la secuencia de los planetas del Sistema Solar: los mundos rocosos, como Mercurio, Venus, la Tierra y Marte, se ubican cerca del Sol, mientras que los colosos gaseosos —Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno— orbitan en la periferia. Sin embargo, un reciente hallazgo astronómico pone en entredicho este esquema aparentemente universal y podría transformar nuestra comprensión sobre la formación y evolución de los sistemas planetarios.

Un equipo internacional de astrónomos, liderado por Thomas Wilson de la Universidad de Warwick, ha identificado un sistema exoplanetario cercano que rompe radicalmente con la estructura tradicional que observamos en nuestro propio vecindario solar. Para ello, han empleado el satélite europeo Cheops (Characterising Exoplanet Satellite) de la Agencia Espacial Europea (ESA), así como datos de otros telescopios espaciales. El descubrimiento no solo desafía las teorías predominantes sobre la disposición de los planetas, sino que también abre nuevas preguntas sobre la diversidad de sistemas planetarios en la galaxia.

Cheops, lanzado en 2019, es una de las apuestas más ambiciosas de la ESA en el ámbito de la exoplanetología. Se trata de una misión dedicada a la caracterización precisa del tamaño y composición de planetas que orbitan estrellas distintas al Sol, una labor imprescindible para comprender la variedad de mundos que existen más allá de nuestro sistema. Gracias a su capacidad para detectar minúsculos cambios en el brillo de las estrellas cuando un planeta pasa por delante de ellas (tránsito), Cheops ha permitido refinar mediciones y descubrir fenómenos sorprendentes como el que nos ocupa.

El sistema en cuestión, cuya estrella madre se encuentra a apenas unos centenares de años luz de la Tierra, presenta una configuración que desafía la lógica newtoniana a la que estamos acostumbrados. En lugar de seguir el patrón de planetas interiores rocosos y exteriores gaseosos, este sistema alberga planetas gaseosos en órbitas próximas a su estrella y, en contraste, mundos rocosos más alejados. Esta disposición inédita obliga a los científicos a replantear los modelos clásicos de formación planetaria, que se basan en la idea de que las altas temperaturas cercanas a la estrella impiden que los materiales ligeros —como hidrógeno y helio— se condensen, favoreciendo la formación de planetas pequeños y rocosos en esas zonas, mientras que los gigantes gaseosos surgen más lejos, donde las temperaturas son menores y los materiales volátiles pueden acumularse.

Este descubrimiento se suma a una serie de avances recientes en el campo de la exoplanetología, donde la variedad de sistemas planetarios ha resultado ser mucho mayor de lo que se pensaba hace apenas dos décadas. Desde el hallazgo del primer exoplaneta en 1995, la lista de mundos fuera del Sistema Solar supera ya los 5.500, gracias en gran parte a misiones como Kepler, TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite) de la NASA y, ahora, Cheops de la ESA. Cada nuevo sistema descubierto aporta información valiosa y, en ocasiones, desconcertante para los teóricos.

El caso de este sistema cercano no solo ayuda a refinar los modelos de formación planetaria, sino que también tiene implicaciones para la búsqueda de vida fuera de la Tierra. Si los sistemas planetarios pueden adoptar configuraciones tan diversas, se amplía el abanico de condiciones bajo las cuales pueden surgir planetas potencialmente habitables. A esto se suma la cooperación internacional, cada vez más intensa, entre agencias como la NASA, ESA y la colaboración con empresas privadas como SpaceX o Blue Origin, que están facilitando el acceso al espacio y la recogida de datos de alta calidad.

Mientras tanto, compañías privadas europeas como PLD Space continúan avanzando hacia el lanzamiento de vehículos reutilizables desde territorio español, lo que podría posicionar a España como un actor relevante en el nuevo escenario de exploración espacial. El auge de la iniciativa privada se complementa con los esfuerzos de la NASA y la ESA, centrados en la exploración de exoplanetas y la posible detección de biomarcadores en atmósferas distantes.

En paralelo, Blue Origin y SpaceX siguen marcando hitos en el sector de los lanzamientos orbitales y suborbitales. SpaceX, por ejemplo, ha logrado consolidar el uso de cohetes reutilizables y se prepara para misiones ambiciosas, como el envío de humanos a Marte. Virgin Galactic, aunque con un enfoque más turístico, también contribuye al desarrollo de tecnologías que podrían aplicarse en futuras misiones científicas.

El hallazgo del sistema planetario cercano con una disposición atípica de sus planetas es un recordatorio de lo poco que, en realidad, conocemos acerca de la diversidad del cosmos y de lo mucho que queda aún por descubrir. A medida que las tecnologías de observación y análisis continúan avanzando, es probable que los próximos años traigan consigo más sorpresas y, con ellas, nuevas oportunidades para entender nuestro lugar en el universo.

(Fuente: SpaceDaily)