El planeta, más cerca del “Efecto Invernadero Desbocado” de lo que se pensaba

Un grupo internacional de científicos ha alertado en un reciente estudio sobre el riesgo creciente de que la Tierra se encamine hacia una trayectoria climática conocida como “Hothouse Earth”, o efecto invernadero desbocado, mucho antes de lo previsto. Esta advertencia llega tras analizar múltiples componentes del sistema terrestre que parecen estar acercándose peligrosamente a puntos de no retorno, impulsados por los bucles de retroalimentación del calentamiento global. El estudio, titulado “El riesgo de una trayectoria hacia la Tierra invernadero”, ha sido publicado en la revista científica One Earth y liderado por un equipo de la Universidad Estatal de Oregón.
Los investigadores señalan que el sistema climático terrestre no responde de forma lineal al aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Al contrario, determinados elementos críticos —como el deshielo de los polos, la degradación de los bosques tropicales o el desplazamiento de las corrientes oceánicas— podrían estar acercándose a puntos de inflexión. Si se superan, estos umbrales desencadenarían cambios irreversibles y acelerarían el calentamiento global, independientemente de los futuros esfuerzos de mitigación.
Entre los componentes más vulnerables destacan el hielo marino del Ártico, la capa de hielo de Groenlandia, la selva amazónica y el permafrost siberiano. La pérdida acelerada de hielo polar, por ejemplo, no solo eleva el nivel del mar, sino que también disminuye la capacidad del planeta para reflejar la radiación solar, incrementando la absorción de calor. Por otro lado, la liberación de metano y dióxido de carbono atrapados en el permafrost podría amplificar drásticamente el efecto invernadero.
La NASA, que ha monitorizado el deshielo polar mediante misiones como ICESat-2 y Grace-FO, ha confirmado la tendencia alarmante de pérdida de masa en los casquetes glaciares. La agencia espacial estadounidense colabora actualmente con la ESA en el seguimiento global de los flujos de carbono, empleando satélites como OCO-2 y Sentinel-5P para cuantificar las emisiones y absorber el CO2 de la atmósfera.
En cuanto a la exploración privada, SpaceX y Blue Origin están colaborando con diversas instituciones científicas para desplegar constelaciones de satélites dedicadas a la observación ambiental. El programa Starlink, de SpaceX, prevé incorporar sensores atmosféricos en algunas de sus futuras plataformas, permitiendo una monitorización casi en tiempo real de eventos extremos y variaciones climáticas locales. Por su parte, Blue Origin participa en el desarrollo de tecnologías limpias aplicadas a la propulsión espacial, buscando minimizar la huella de carbono de los lanzamientos orbitales.
El auge de nuevos actores en el sector espacial europeo también está contribuyendo a la lucha contra el cambio climático. La española PLD Space, pionera en el desarrollo de cohetes reutilizables como MIURA 1 y MIURA 5, ha anunciado recientemente que colaborará con instituciones científicas para lanzar pequeños satélites de observación de la Tierra. Estos artefactos permitirán vigilar la deforestación, la evolución de los glaciares y la salud de los océanos, aportando datos clave para entender los procesos de retroalimentación climática.
El estudio subraya que la ciencia espacial juega un papel crucial en la vigilancia y predicción de estos fenómenos globales. Además, advierte que la ventana para evitar la senda hacia una “Tierra invernadero” se está cerrando rápidamente. Según los autores, si no se limita el aumento de la temperatura media global muy por debajo de los 2 ºC respecto a los niveles preindustriales —tal y como establece el Acuerdo de París—, la probabilidad de cruzar varios puntos de no retorno aumentará considerablemente.
Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, también ha anunciado iniciativas para compensar las emisiones asociadas a sus vuelos mediante inversiones en proyectos de reforestación y energías renovables, alineándose con las demandas de sostenibilidad exigidas por la comunidad internacional.
La investigación señala que el creciente número de exoplanetas descubiertos por misiones como Kepler y TESS revela la rareza de condiciones tan estables como las de la Tierra, reforzando la urgencia de preservar nuestro planeta. Los científicos insisten en que, aunque la tecnología espacial puede ayudar a monitorizar y comprender los cambios, la solución última pasa por una transformación profunda del modelo energético y económico global.
En definitiva, la comunidad científica y el sector espacial —tanto público como privado— coinciden en la necesidad de intensificar la cooperación internacional y aprovechar los recursos tecnológicos para frenar una deriva climática que podría transformar la Tierra en un entorno hostil para la vida tal y como la conocemos.
(Fuente: SpaceDaily)
