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Remolinos de nubes y aguas turbias: la actividad volcánica cerca de Corea vista desde el espacio

Remolinos de nubes y aguas turbias: la actividad volcánica cerca de Corea vista desde el espacio

El espacio, esa ventana privilegiada para observar los fenómenos naturales de la Tierra, ha vuelto a ofrecer una imagen impactante de la interacción entre la atmósfera, la geología y los océanos. Recientemente, satélites de observación captaron un llamativo espectáculo meteorológico y oceánico en las proximidades de la península de Corea, donde los vientos jugaron con las masas nubosas y las aguas costeras revelaron su inusual dinamismo cerca de una prominente formación volcánica.

La imagen, tomada por sensores de alta resolución en órbita terrestre baja, muestra cómo los vientos alisios, al encontrar la resistencia de una isla volcánica próxima al litoral coreano, provocan la formación de nubes en espiral, conocidas técnicamente como «calles de nubes de vórtice de von Kármán». Este fenómeno se produce cuando el flujo de aire se ve interrumpido por un obstáculo, en este caso la masa volcánica, y comienza a generar remolinos alternos a ambos lados de la isla, creando una estampa de espirales perfectamente alineadas que se extienden a lo largo de decenas de kilómetros sobre el mar.

El responsable geográfico de este fenómeno es la isla de Jeju, una prominente estructura volcánica que emerge al sur de la península coreana. Jeju, de origen basaltico y coronada por el cráter extinto del monte Hallasan, ha sido testigo durante milenios del diálogo constante entre los elementos naturales de la región. La interacción de sus laderas abruptas con los vientos predominantes genera efectos atmosféricos únicos, que sólo pueden apreciarse en toda su magnitud gracias a la perspectiva orbital.

No sólo el cielo ofrecía un espectáculo digno de análisis. En las aguas circundantes, los satélites detectaron extensas áreas de turbidez, probablemente causadas por la agitación del fondo marino, el aporte de sedimentos desde los ríos o incluso posibles florecimientos algales, habituales en primavera debido al aumento de nutrientes y temperaturas superficiales. Este tipo de fenómenos no sólo son relevantes desde el punto de vista visual, sino que también tienen implicaciones ecológicas y económicas, pues afectan a la pesca y a la salud de los ecosistemas costeros.

La observación de estos procesos naturales desde el espacio ha revolucionado la meteorología y la oceanografía en las últimas décadas. Los satélites de la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA), la Agencia Espacial Coreana (KARI) y otras entidades internacionales, públicas y privadas, proporcionan datos cruciales para comprender el clima, los patrones de circulación atmosférica y los cambios en los océanos. Imágenes como la de las calles de nubes de Jeju permiten a los científicos estudiar la dinámica de los vientos y su interacción con el relieve terrestre, lo que resulta esencial para mejorar los modelos climáticos y prever eventos extremos.

En paralelo, la industria espacial privada continúa ampliando las fronteras de la observación terrestre. Empresas como SpaceX, Blue Origin o Virgin Galactic, aunque más conocidas por sus lanzamientos tripulados y de carga, también contribuyen al despliegue de constelaciones de satélites de teledetección. SpaceX, por ejemplo, no sólo lidera el mercado de lanzamientos comerciales con su Falcon 9 y la próxima Starship, sino que su red Starlink podría facilitar en un futuro la transmisión instantánea de grandes volúmenes de datos científicos desde cualquier punto del planeta.

La NASA, por su parte, sigue apostando por misiones de observación avanzada, como el satélite Landsat 9 o el futuro NISAR, en colaboración con la agencia espacial india. Estos instrumentos permiten monitorizar con precisión tanto la cubierta terrestre como los océanos y la atmósfera, proporcionando información valiosa sobre el impacto de la actividad humana y los cambios naturales.

Mientras tanto, en España, la empresa PLD Space se prepara para inaugurar una nueva etapa en el acceso al espacio europeo con su cohete Miura 1, orientado a misiones suborbitales y a la investigación atmosférica y terrestre. Su éxito podría abrir la puerta a una mayor presencia española en la observación de nuestro planeta desde el espacio, complementando los esfuerzos de las grandes agencias internacionales.

La imagen de las nubes en espiral sobre Jeju y las aguas revueltas a su alrededor constituye un recordatorio de la compleja interacción entre los elementos y de la importancia de la vigilancia espacial para desentrañar los secretos de nuestro planeta. Desde la formación de exoplanetas hasta el seguimiento de huracanes, la exploración espacial sigue demostrando su relevancia, no sólo para la conquista del cosmos, sino también para la protección y el conocimiento de la Tierra.

La continua colaboración entre agencias públicas y empresas privadas garantiza que los cielos y los mares sigan siendo estudiados con detalle, permitiendo anticipar y comprender los cambios que configuran nuestro entorno. (Fuente: NASA)