Seis planetas se alinean en el cielo nocturno en un fenómeno poco común

A finales de febrero, los aficionados a la astronomía y cualquier persona con interés por el cosmos tendrán la oportunidad de contemplar un evento poco habitual: la alineación de seis planetas visibles a simple vista desde el hemisferio norte. Este fenómeno, conocido popularmente como “desfile planetario”, se produce cuando varios planetas del Sistema Solar coinciden en una franja del cielo nocturno, permitiendo su observación simultánea sin necesidad de telescopios sofisticados.
La alineación de este año será especialmente llamativa, ya que Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno y Urano aparecerán repartidos a lo largo de la bóveda celeste justo antes del amanecer. Si bien no todos serán igual de fáciles de observar —algunos, como Urano y Mercurio, requerirán cielos muy oscuros y sin contaminación lumínica—, el espectáculo promete captar la atención de observadores de todo el mundo.
Este tipo de alineaciones son relativamente raras. Aunque los planetas orbitan el Sol a ritmos distintos, en ocasiones sus trayectorias parecen coincidir desde nuestra perspectiva terrestre. Según cálculos de la NASA, eventos en los que cinco o más planetas se agrupan en el cielo nocturno solo se producen unas pocas veces por década. En el caso de este febrero, la combinación de los seis planetas será visible durante varias noches, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan.
Para conmemorar este fenómeno, el Observatorio de Rayos X Chandra de la NASA ha lanzado una serie de “sonificaciones”, es decir, traducciones de datos astronómicos en sonidos audibles para el ser humano. Esta técnica convierte la información captada por telescopios espaciales, como la luz en diferentes longitudes de onda, en paisajes sonoros que permiten una nueva forma de experimentar el universo. Las sonificaciones de Chandra, en particular, han contribuido a acercar la exploración espacial a personas invidentes o con dificultades visuales, y han abierto nuevas vías de divulgación científica.
La observación de alineaciones planetarias ha fascinado a la humanidad desde la antigüedad. Civilizaciones como la babilónica, la egipcia o la romana interpretaban estas conjunciones como augurios divinos o señales de acontecimientos importantes. Hoy, aunque la ciencia ha desmitificado estos eventos, el interés por los desfiles planetarios sigue siendo enorme, en parte por su belleza visual y en parte por el desafío que supone distinguir cada uno de los planetas.
Desde el punto de vista astronómico, los planetas son visibles porque reflejan la luz del Sol. Su brillo y color dependen de su distancia respecto a la Tierra y de la composición de sus atmósferas. Venus, por ejemplo, destaca por su intenso resplandor blanquecino, mientras que Marte se distingue por su tono rojizo. Saturno y Júpiter, los mayores del sistema solar, suelen ser fácilmente reconocibles por su tamaño y luminosidad, aunque sin telescopio es difícil apreciar detalles como los anillos de Saturno o las bandas nubosas de Júpiter.
La alineación de este año coincide con una etapa de intensa actividad en la exploración espacial. SpaceX, la empresa fundada por Elon Musk, continúa batiendo récords de lanzamientos con su cohete Falcon 9, y ya prepara nuevas pruebas para el ambicioso sistema Starship, destinado a llevar humanos a la Luna y Marte. Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, avanza en el desarrollo de su lanzador New Glenn y en misiones suborbitales tripuladas. Por su parte, la NASA ultima los preparativos para el retorno de astronautas estadounidenses a la superficie lunar con el programa Artemis, mientras que la Agencia Espacial Europea (ESA) y la española PLD Space trabajan en el impulso de la industria espacial europea y nacional, respectivamente. Virgin Galactic también continúa con sus vuelos turísticos suborbitales, acercando el espacio a un público cada vez más amplio.
En paralelo, el estudio de exoplanetas —mundos que orbitan otras estrellas— sigue revelando sorpresas. El telescopio espacial James Webb, lanzado en 2021, ha identificado ya decenas de atmósferas planetarias y posibles candidatos a albergar condiciones similares a las de la Tierra. Este avance, junto con el perfeccionamiento de técnicas de observación y sonificación, está revolucionando nuestra visión del universo y de nuestro lugar en él.
Contemplar un desfile planetario como el de febrero no solo es una oportunidad para disfrutar de un espectáculo celeste, sino también para recordar la riqueza del patrimonio científico y tecnológico que la humanidad ha acumulado en siglos de observación y exploración. Ya sea desde un observatorio profesional, desde el jardín de casa o a través de sonidos convertidos en datos por la NASA, mirar al cielo sigue siendo una invitación a descubrir.
(Fuente: NASA)
