Landsat: Medio siglo vigilando la Tierra desde el espacio y el histórico congelamiento del Atlántico

A principios de 1975, el mundo fue testigo de un fenómeno inusual: las vías fluviales del Atlántico Medio de Estados Unidos se congelaron por completo, un suceso que pocas veces se había registrado en la historia moderna. Este acontecimiento, extraordinario desde el punto de vista meteorológico y ambiental, quedó inmortalizado gracias a la mirada pionera del satélite Landsat, que por entonces apenas llevaba unos años en órbita y cuya misión era, y sigue siendo, revolucionar la observación terrestre.
El programa Landsat, lanzado en 1972 por la NASA en colaboración con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), supuso un hito en la monitorización de la Tierra. El Landsat 1 (originalmente denominado ERTS-1, Earth Resources Technology Satellite-1) inauguró una nueva era en la que el análisis de fenómenos naturales, la gestión de recursos y la vigilancia de cambios ambientales podían llevarse a cabo desde el espacio con una precisión nunca antes vista. Equipado con la cámara Return Beam Vidicon (RBV) y el revolucionario sensor Multispectral Scanner (MSS), el satélite proporcionó imágenes multiespectrales a una resolución de 80 metros, lo que permitió captar desde variaciones en la vegetación hasta grandes eventos climáticos.
El invierno de 1976-1977 fue uno de los más duros en la costa este de Estados Unidos en el siglo XX. Las temperaturas descendieron a mínimos históricos, propiciando que ríos como el Delaware, el Potomac e incluso partes de la bahía de Chesapeake quedaran cubiertos por una gruesa capa de hielo. Las imágenes tomadas por Landsat en aquellos días mostraron, con impresionante claridad, las superficies heladas de estos cauces, permitiendo a científicos y meteorólogos estudiar el alcance y la distribución del fenómeno. Este registro no solo fue valioso para la climatología, sino que también demostró el enorme potencial de la teledetección para documentar episodios extremos y analizar su impacto en el medio ambiente y la sociedad.
Desde aquel primer Landsat, la serie ha ido evolucionando tecnológicamente. Actualmente, el Landsat 9, lanzado en 2021, continúa la labor de sus predecesores con sensores aún más avanzados, ofreciendo imágenes a 15-30 metros de resolución en diferentes bandas espectrales. Este avance ha permitido monitorizar con mayor detalle el deshielo de los polos, la deforestación del Amazonas, la expansión urbana y los efectos del cambio climático en todo el planeta. Los datos de Landsat, accesibles de forma gratuita desde 2008, han sido esenciales para la investigación científica y la toma de decisiones en políticas medioambientales a escala global.
En paralelo, la exploración espacial ha vivido una auténtica revolución gracias a la irrupción de empresas privadas. SpaceX, liderada por Elon Musk, ha transformado el sector con su cohete Falcon 9 y su ambicioso programa Starship, orientado a la colonización de Marte y la reducción del coste de acceso al espacio. Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, desarrolla el New Glenn, un lanzador orbital reutilizable que promete ampliar la presencia humana y científica más allá de la órbita terrestre. Ambas compañías han establecido nuevos estándares en reutilización de cohetes, abriendo la puerta a una economía espacial más sostenible y eficiente.
En el ámbito europeo, la firma española PLD Space ha logrado posicionarse como referente en el desarrollo de micro lanzadores orbitales. Su cohete MIURA 1, que realizó con éxito su primer vuelo suborbital en 2023 desde Huelva, es el primer vector privado de este tipo lanzado en Europa Occidental. Este hito marca el inicio de una nueva era para la industria aeroespacial española, que aspira a competir en el mercado internacional del lanzamiento de pequeños satélites, un sector en auge por la proliferación de constelaciones de telecomunicaciones y observación.
Virgin Galactic, por su parte, ha consolidado el turismo suborbital con su nave SpaceShipTwo, permitiendo a civiles experimentar la ingravidez y contemplar la curvatura de la Tierra. Este avance, aunque con fines comerciales, contribuye a democratizar el acceso al espacio y a inspirar una nueva generación de ingenieros y científicos.
En el campo de la astrofísica, la búsqueda de exoplanetas —mundos fuera de nuestro sistema solar— ha alcanzado cotas insospechadas gracias a misiones como Kepler, TESS y el nuevo telescopio espacial James Webb. La identificación de miles de planetas potencialmente habitables refuerza la importancia de la observación sistemática, tanto de nuestro propio planeta como del cosmos.
La combinación de programas pioneros como Landsat, la innovación de las grandes empresas privadas y los avances en astrofísica demuestra que la exploración espacial es, más que nunca, una herramienta fundamental para comprender nuestro entorno y anticipar los desafíos del futuro. La histórica imagen de los ríos congelados captada hace casi medio siglo es solo uno de los innumerables ejemplos de cómo el espacio nos ayuda a mirar, estudiar y proteger la Tierra.
(Fuente: NASA)
