Firefly Aerospace relanza su cohete Alpha tras meses en tierra con la misión «Stairway to Seven»

Firefly Aerospace, la joven compañía estadounidense que ha irrumpido con fuerza en el sector de los lanzadores ligeros, se prepara para retomar la actividad tras una pausa de casi diez meses en sus operaciones. Este esperado regreso estará protagonizado por el lanzamiento del Alpha FLTA007, bautizado con el evocador nombre de “Stairway to Seven”, que despegará desde la base de la Fuerza Espacial de Vandenberg, en la costa californiana. La misión supone un momento clave tanto para Firefly como para el competido mercado de cohetes comerciales de pequeña y mediana carga.
La historia de Firefly Aerospace es la de una compañía que ha sabido renacer. Fundada en 2014, la empresa atravesó dificultades financieras que la llevaron a la bancarrota en 2017, pero resurgió bajo una nueva administración y con un rediseño de su principal producto: el cohete Alpha. Este lanzador está diseñado para cubrir la creciente demanda de puesta en órbita de satélites pequeños, un segmento que durante años estuvo relegado a las cargas secundarias de lanzadores más grandes.
El Alpha es un cohete de dos etapas, con una altura de 29 metros y un diámetro de 1,8 metros. Utiliza queroseno y oxígeno líquido como propelentes y es capaz de colocar hasta 1.170 kilogramos en una órbita baja terrestre de referencia. Su desarrollo se inscribe en la tendencia de nuevos lanzadores privados que, como el Electron de Rocket Lab o el Terran 1 de Relativity Space, buscan ofrecer flexibilidad y precios ajustados para la constelación de pequeños satélites, un mercado en expansión que también atrae el interés de gigantes como SpaceX con sus vuelos dedicados para rideshare.
La misión FLTA007 “Stairway to Seven” será la séptima tentativa de vuelo para el Alpha, y llega tras un parón marcado por análisis técnicos y optimización de procesos tras los vuelos previos. El último lanzamiento, en septiembre de 2023, resultó en un éxito parcial, ya que el cohete consiguió colocar su carga en órbita, pero con una precisión inferior a la esperada. Desde entonces, Firefly ha trabajado en mejoras en el sistema de guiado, navegación y control, así como en el software de a bordo, con el objetivo de alcanzar una mayor fiabilidad y robustez en misiones futuras.
En esta ocasión, el Alpha despegará con una serie de cargas útiles de clientes institucionales y comerciales, aunque la mayoría de los detalles permanecen bajo confidencialidad. Firefly busca así no solo validar las mejoras introducidas, sino también consolidarse como un proveedor fiable para el creciente mercado de misiones gubernamentales y privadas, en competencia directa con empresas como Astra o la propia Rocket Lab.
El contexto internacional de lanzadores ligeros está en plena ebullición. Mientras SpaceX sigue dominando el segmento de lanzamientos medianos y pesados con su Falcon 9, la atención sobre los lanzadores pequeños no cesa: la NASA, por ejemplo, ha impulsado programas para contratar servicios de este tipo de vehículos, y la Agencia Espacial Europea (ESA) observa con atención cómo compañías como PLD Space en España avanzan en el desarrollo de Miura 1 y Miura 5, prometiendo también una alternativa europea en el segmento.
En el caso de Firefly, su alianza con Northrop Grumman para desarrollar un nuevo lanzador de carga media, el Antares 330, y el futuro vehículo reutilizable MLV, muestra la apuesta de la empresa por diversificar su oferta y competir en diferentes nichos de mercado. Su cohete Alpha, sin embargo, sigue siendo fundamental para demostrar su capacidad técnica y comercial.
El regreso al vuelo del Alpha no solo representa un hito para Firefly, sino que ilustra la frenética carrera de la industria espacial privada por ocupar un lugar relevante en el suministro de acceso al espacio. Este dinamismo se ve reflejado también en el auge de misiones de exploración de exoplanetas, impulsadas tanto por agencias públicas como la NASA, que recientemente ha anunciado nuevas fases para el telescopio Nancy Grace Roman, como por compañías privadas que ven en la observación y las telecomunicaciones en órbita baja un filón aún por explotar.
Mientras Blue Origin sigue avanzando en su cohete New Glenn y Virgin Galactic retoma vuelos suborbitales turísticos, Firefly apuesta por la consolidación técnica y la optimización de costes, una estrategia que puede marcar la diferencia en un sector donde la fiabilidad y la capacidad de respuesta rápida son claves para atraer a clientes institucionales y comerciales.
El lanzamiento “Stairway to Seven” pondrá a prueba todas las mejoras implementadas y supondrá, en caso de éxito, una importante inyección de confianza para la empresa y sus inversores. En un mundo donde el acceso al espacio se democratiza a pasos agigantados, cada nuevo vuelo es un paso más en una escalera que, como reza el nombre de esta misión, apunta directamente hacia el futuro de la industria aeroespacial.
(Fuente: NASASpaceflight)
