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Mayón, el volcán más activo de Filipinas, captado en plena erupción por el Landsat 8

Mayón, el volcán más activo de Filipinas, captado en plena erupción por el Landsat 8

El volcán Mayón, célebre por su simétrica silueta cónica y su violenta actividad eruptiva, fue recientemente fotografiado en uno de sus episodios más intensos por el satélite Landsat 8 de la NASA. El 26 de febrero de 2026, el sensor OLI (Operational Land Imager) de este satélite logró captar una imagen poco habitual: una escena casi despejada de nubes, en la que el resplandor térmico de la lava incandescente destaca gracias a la combinación de datos en color natural y observaciones en infrarrojo.

El Mayón se eleva hasta los 2.463 metros sobre la isla de Luzón y es considerado el volcán más activo de Filipinas, con más de 50 erupciones registradas desde 1616. Su actividad continua, que suele incluir flujos de lava, explosiones de ceniza y lahares, supone un riesgo constante para las más de 200.000 personas que viven en sus alrededores.

La imagen captada por el Landsat 8, en la que el flujo de lava aparece como una mancha resplandeciente sobre las laderas del volcán, permite a los vulcanólogos observar y analizar la distribución térmica del material expulsado. Al superponer los datos infrarrojos sobre la fotografía convencional, los científicos pueden identificar con precisión las zonas de máxima temperatura, lo que resulta esencial para evaluar el alcance de los flujos y anticipar posibles riesgos para las comunidades cercanas.

Ese mismo día, el Instituto Filipino de Vulcanología y Sismología (PHIVOLCS) reportó una actividad sísmica significativa en el volcán, con numerosos terremotos volcánicos, desprendimientos de rocas y la emisión de nubes ardientes de ceniza. Estas señales son indicativas de la inestabilidad interna del Mayón y de la posibilidad de que se produzcan eventos eruptivos mayores en los días o semanas siguientes.

A lo largo de la historia, el Mayón ha protagonizado algunas de las erupciones más devastadoras del sudeste asiático. La más mortífera, en 1814, sepultó la ciudad de Cagsawa bajo una avalancha de cenizas y lahares, causando la muerte de más de 1.200 personas. Episodios más recientes, como los de 2006 y 2018, han obligado a evacuar a decenas de miles de residentes, aunque las mejoras en los sistemas de monitoreo y alerta han reducido notablemente el número de víctimas.

El programa Landsat, una colaboración entre la NASA y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), lleva desde 1972 proporcionando imágenes de la superficie terrestre de gran resolución. El Landsat 8, lanzado en 2013, incorpora sensores avanzados como el OLI, capaz de captar datos en diferentes bandas espectrales, entre ellas el infrarrojo cercano y el infrarrojo de onda corta. Estas capacidades permiten a los científicos monitorear con detalle los cambios en la superficie terrestre, incluidos los procesos volcánicos, la deforestación, la expansión urbana y los efectos del cambio climático.

El uso de observaciones satelitales para el estudio de volcanes se ha convertido en una herramienta indispensable para las agencias espaciales y los organismos de emergencia de todo el mundo. Gracias a la tecnología satelital, es posible obtener imágenes de zonas remotas o cubiertas por nubes, así como detectar variaciones térmicas que delatan la presencia de magma cerca de la superficie. Además, la combinación de datos ópticos y térmicos permite crear modelos tridimensionales del relieve y anticipar la dirección de los flujos de lava o ceniza.

El caso del Mayón es un ejemplo de cómo la cooperación internacional y el avance tecnológico pueden contribuir a la prevención de desastres naturales. Imágenes como las captadas por el Landsat 8 no solo ayudan a comprender mejor la dinámica interna de los volcanes, sino que también permiten a las autoridades locales planificar evacuaciones y diseñar estrategias de mitigación más efectivas.

Mientras la atención mundial se centra en los grandes logros de la exploración espacial, como los lanzamientos de SpaceX, Blue Origin o las misiones a exoplanetas, la vigilancia de la Tierra desde el espacio sigue siendo una de las aplicaciones más valiosas de la tecnología satelital. La capacidad de observar nuestro propio planeta con detalle milimétrico y en tiempo real es, sin duda, uno de los grandes logros de la era espacial.

El volcán Mayón sigue recordándonos la fuerza de la naturaleza y la necesidad de mantenernos alerta frente a los riesgos geológicos. Gracias al trabajo conjunto de agencias como la NASA y el PHIVOLCS, y al uso de satélites de última generación, hoy estamos mejor preparados que nunca para enfrentar estos desafíos.

(Fuente: NASA)