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El satélite Proba-3 de la ESA recupera el contacto tras un mes de silencio en el espacio

El satélite Proba-3 de la ESA recupera el contacto tras un mes de silencio en el espacio

Un mes después de que una anomalía a bordo de la misión Proba-3 provocase la pérdida de contacto con la nave Coronagraph, llegan excelentes noticias desde el equipo de operaciones de la Agencia Espacial Europea (ESA): el satélite ha restablecido la comunicación con el control en tierra, reavivando así las esperanzas de continuar con este ambicioso experimento de formación de vuelo autónomo en el espacio.

El incidente se remonta a principios del mes pasado, cuando la nave Coronagraph —una de las dos que componen la misión Proba-3— dejó abruptamente de responder. El sistema de control en tierra intentó durante semanas reanudar la comunicación, sin éxito. La incertidumbre se cernía sobre el futuro del proyecto, que pretende demostrar la viabilidad de mantener dos satélites volando en formación precisa a decenas de miles de kilómetros de la Tierra.

Proba-3: un hito en la formación de vuelo autónoma

La misión Proba-3, lanzada en noviembre de 2023 desde la base espacial de la ESA en Kourou, Guayana Francesa, representa un avance tecnológico clave en la estrategia europea de exploración espacial. Su objetivo principal es demostrar que dos satélites pueden mantener una posición relativa con una precisión excepcional —del orden de milímetros— durante órbitas prolongadas, sin intervención constante desde tierra.

Esta capacidad es fundamental para futuras misiones de observación científica, como telescopios espaciales de grandes dimensiones, interferometría en el espacio, o nuevas plataformas de vigilancia de asteroides. El sistema Proba-3 se compone de dos satélites: el Coronagraph, diseñado para observar la corona solar bloqueando el disco solar, y el Occulter, que actúa como un disco opaco situado a decenas de metros de distancia. Juntos, forman un coronógrafo espacial de precisión, permitiendo el estudio de las regiones exteriores del Sol con un nivel de detalle sin precedentes.

El desafío de la autonomía espacial

La anomalía que afectó al Coronagraph supuso un reto formidable para el equipo de operaciones. A diferencia de misiones previas, Proba-3 depende en gran medida de la inteligencia a bordo y de los sistemas automáticos para ajustar su posición y orientación. El control terrestre, situado en el Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC) en Darmstadt, Alemania, cuenta con ventanas de comunicación limitadas y depende de que los satélites respondan correctamente a las órdenes enviadas.

Durante semanas, los ingenieros analizaron los datos previos a la pérdida de contacto, evaluando posibles fallos en los sistemas de energía, antenas, o software de a bordo. Se barajaron hipótesis que incluían desde errores en la secuencia de comandos hasta impactos de partículas de alta energía o problemas térmicos causados por la exposición solar.

El restablecimiento del contacto se produjo de forma inesperada, cuando el satélite respondió a una de las señales periódicas enviadas desde tierra. Inmediatamente, los operadores iniciaron una descarga de los datos almacenados y comenzaron a evaluar el estado de los subsistemas críticos. Los primeros informes apuntan a que el Coronagraph ha sobrevivido al evento sin daños mayores, aunque se requerirán días para un diagnóstico completo y para reanudar las operaciones normales.

Lecciones para el futuro de la exploración espacial

La experiencia vivida con Proba-3 refuerza la importancia de diseñar sistemas espaciales con altos niveles de autonomía y capacidad de recuperación frente a anomalías. En un contexto internacional donde empresas como SpaceX y Blue Origin apuestan cada vez más por la reutilización y la operación robotizada de vehículos, la ESA demuestra con este éxito parcial que la tecnología europea está preparada para afrontar los desafíos del espacio profundo.

Además, el éxito en la recuperación de Proba-3 ofrece confianza de cara a futuras misiones, tanto públicas como privadas, que requerirán cooperación entre satélites, desde la exploración lunar hasta la detección avanzada de exoplanetas. La colaboración entre la ESA y empresas españolas como PLD Space, especializadas en el lanzamiento de pequeños satélites, refuerza el ecosistema europeo y abre la puerta a nuevas alianzas con actores emergentes, incluidos Virgin Galactic y otras compañías que exploran el turismo suborbital y la observación científica desde la estratosfera.

Mientras tanto, la NASA y agencias como la japonesa JAXA o la india ISRO continúan sus propios experimentos de inteligencia artificial y navegación autónoma en el espacio, conscientes de que la próxima generación de misiones dependerá de la fiabilidad y resiliencia de estos sistemas.

En definitiva, la recuperación del contacto con el Coronagraph supone un impulso para la ciencia solar y para las tecnologías de vuelo en formación, acercando un poco más el sueño de constelaciones de satélites trabajando en perfecta coordinación a cientos de miles de kilómetros de nuestro planeta.

(Fuente: ESA)