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James Webb desvela la atmósfera de un exoplaneta gigante que orbita una enana blanca

James Webb desvela la atmósfera de un exoplaneta gigante que orbita una enana blanca

Un equipo internacional de astrónomos ha logrado un hito en la exploración de exoplanetas utilizando el telescopio espacial James Webb (JWST), una colaboración entre la NASA, la ESA y la CSA. El protagonista de este logro es WD 1856 b, un planeta del tamaño de Júpiter que orbita una estrella enana blanca, y que ha sido observado en detalle durante su tránsito, permitiendo medir por primera vez su masa, temperatura y, más relevante aún, la detección de su atmósfera.

WD 1856 b fue descubierto en 2020 por el telescopio TESS de la NASA, revolucionando el campo de la astrofísica por su peculiaridad: orbita una estrella enana blanca, el remanente denso y compacto que queda tras la muerte de una estrella similar al Sol. Este tipo de estrellas, mucho más pequeñas que Júpiter, plantean preguntas fundamentales sobre la supervivencia de planetas gigantes después de la fase de gigante roja de su estrella madre.

El James Webb, gracias a su sensibilidad infrarroja y su capacidad para analizar la luz estelar que atraviesa la atmósfera del planeta mientras transita por delante de la enana blanca, ha permitido obtener datos sin precedentes. Los instrumentos NIRSpec y NIRCam del JWST han registrado con precisión las variaciones de luz durante el tránsito de WD 1856 b, lo que ha conducido a la determinación de su masa y a la caracterización inicial de su atmósfera.

Los resultados arrojan que WD 1856 b tiene una masa comparable a la de Júpiter, aunque orbita a tan solo 2,4 millones de kilómetros de su estrella anfitriona, mucho más cerca de lo que Mercurio está del Sol. Esta órbita tan compacta, con un periodo de apenas 1,4 días terrestres, desafía las teorías convencionales sobre la dinámica planetaria tras la muerte de una estrella. Los modelos actuales sugieren que los planetas tan cercanos a una gigante roja serían engullidos o expulsados del sistema durante la fase de expansión estelar, por lo que la presencia de WD 1856 b implica que pudo migrar hacia el interior tras la transformación de la estrella en enana blanca.

Durante las observaciones, el equipo pudo medir la temperatura del planeta, que es considerablemente inferior a la de los llamados «Júpiteres calientes» que orbitan estrellas activas. Al estar su estrella muerta y fría, la temperatura superficial de WD 1856 b es relativamente baja para un planeta tan cercano a su sol, lo que podría favorecer la preservación de su atmósfera durante largos periodos de tiempo.

La característica más sorprendente del estudio es la detección de la atmósfera de WD 1856 b. El análisis espectroscópico revela la presencia de elementos ligeros, aunque los detalles sobre su composición exacta todavía están siendo investigados. Este hallazgo es crucial porque demuestra que los planetas gigantes pueden retener sus atmósferas incluso después de la fase terminal de sus estrellas, abriendo nuevas vías para la búsqueda de mundos habitables alrededor de cadáveres estelares.

La exploración de exoplanetas es una de las fronteras más activas de la astronomía moderna. Desde el descubrimiento de 51 Pegasi b en 1995, los astrónomos han identificado más de 5.000 exoplanetas de todo tipo, gracias a misiones como Kepler, TESS y, más recientemente, el James Webb. Sin embargo, la observación de planetas alrededor de enanas blancas es particularmente compleja, ya que estos cuerpos celestes son muy tenues y su pequeño tamaño complica la detección de tránsitos.

Esta investigación no solo aporta información sobre la evolución de sistemas planetarios, sino que también tiene implicaciones para el futuro lejano de nuestro propio sistema solar. Dentro de unos 5.000 millones de años, el Sol se convertirá en una enana blanca, y estudios como este permiten anticipar el destino de los planetas que le rodean, incluida la Tierra.

La colaboración internacional en torno al James Webb demuestra cómo la cooperación entre agencias espaciales públicas y privadas está impulsando el avance científico. En Europa, la ESA sigue apostando por la exploración exoplanetaria a través de misiones como CHEOPS y PLATO, y empresas como PLD Space están desarrollando cohetes reutilizables que facilitarán el acceso al espacio para futuras misiones científicas.

Mientras tanto, la carrera espacial privada también continúa a buen ritmo. SpaceX ha revolucionado el lanzamiento de satélites y misiones tripuladas, y Blue Origin no se queda atrás con su enfoque en el turismo espacial y el desarrollo de tecnologías para la exploración lunar. Virgin Galactic, por su parte, sigue avanzando en el turismo suborbital, democratizando el acceso al espacio para particulares.

El descubrimiento de la atmósfera de WD 1856 b marca un antes y un después en la búsqueda de vida más allá del sistema solar y en la comprensión de la resiliencia planetaria. Con cada nueva observación, el James Webb y las futuras misiones europeas y privadas prometen desvelar más secretos del cosmos, acercándonos cada vez más a responder la eterna pregunta sobre nuestra posición en el universo.

(Fuente: ESA)