La NASA colabora con comunidades indígenas para proteger los océanos y avanzar en la ciencia climática

Desde tiempos inmemoriales, el pueblo Passamaquoddy, asentado en la Reserva de Pleasant Point (Sipayik), ha mantenido una relación íntima con el océano Atlántico a lo largo de la costa de Downeast Maine, en Estados Unidos. El mar ha sido, para generaciones de indígenas, algo más que una fuente de sustento: es un maestro y un elemento central de su cultura, economía y cosmovisión. Sin embargo, el cambio climático y la presión humana sobre los ecosistemas costeros han encendido las alarmas, tanto en comunidades indígenas como en científicos internacionales, por la urgencia de proteger los océanos.
En este contexto, la NASA, tradicionalmente asociada con la exploración espacial y la investigación de exoplanetas, ha intensificado en los últimos años su papel en el estudio de la Tierra, con especial atención a los sistemas oceánicos y costeros. La agencia espacial estadounidense ha puesto en marcha colaboraciones inéditas con comunidades indígenas como los Passamaquoddy, fusionando el conocimiento tradicional con la tecnología de vanguardia para comprender mejor los cambios en los océanos y sus impactos sobre el planeta.
La Reserva de Pleasant Point, conocida localmente como Sipayik, se encuentra en un enclave estratégico en la Bahía de Passamaquoddy. Aquí, la relación con el mar se traduce en prácticas ancestrales de pesca, recolección y observación ambiental que han permitido a la comunidad anticipar el comportamiento de las mareas, las migraciones de especies y la salud del ecosistema marino. Este conocimiento, transmitido oralmente de generación en generación, está siendo ahora reconocido por científicos y agencias como un recurso invaluable para la investigación climática.
La NASA, a través de su programa Earth Science Division, utiliza satélites de observación como el Sentinel-6 Michael Freilich y el SWOT (Surface Water and Ocean Topography), capaces de medir con precisión el nivel del mar, la temperatura superficial y la salinidad, así como detectar cambios en la circulación oceánica. Estos datos, combinados con la experiencia local de los Passamaquoddy, permiten crear modelos más precisos sobre el impacto del cambio climático en la costa de Maine y otras regiones vulnerables del planeta.
Además de la NASA, otras agencias y empresas privadas como SpaceX y Blue Origin han mostrado interés creciente en la aplicación de tecnologías aeroespaciales al monitoreo de la Tierra. SpaceX, por ejemplo, ha facilitado el despliegue de satélites de observación terrestre a través de sus lanzadores Falcon 9, mientras que Blue Origin explora tecnologías de vuelos suborbitales que podrían servir en el futuro para experimentos atmosféricos y de teledetección.
En Europa, la española PLD Space ha destacado recientemente por su desarrollo de cohetes reutilizables para pequeños satélites, abriendo nuevas posibilidades para el acceso económico y sostenible al espacio. Esta proliferación de actores públicos y privados refuerza una tendencia global: el espacio y sus tecnologías se están volviendo esenciales para la gestión ambiental y el seguimiento del cambio climático en la Tierra.
El reconocimiento del conocimiento indígena en el ámbito científico es un avance significativo. Las observaciones tradicionales sobre patrones de migración de peces, floraciones de algas o variaciones en la calidad del agua complementan la información obtenida por sensores remotos y modelos informáticos. Esta sinergia proporciona una imagen más completa y precisa, permitiendo diseñar estrategias de adaptación y mitigación mejor informadas para las comunidades costeras.
La colaboración entre la NASA y los Passamaquoddy sirve de ejemplo para futuras alianzas entre ciencia occidental y saberes autóctonos en otras regiones del mundo. De cara al futuro, la agencia espacial planea expandir este modelo en colaboración con otras comunidades indígenas, conscientes de que la lucha contra el cambio climático requiere tanto la mejor tecnología disponible como la sabiduría acumulada durante siglos por los pueblos originarios.
Mientras agencias como la NASA, SpaceX, Blue Origin, Virgin Galactic y PLD Space continúan expandiendo las fronteras del conocimiento humano fuera de nuestro planeta—explorando exoplanetas, desarrollando nuevas tecnologías de lanzamiento y promoviendo el turismo espacial—, no pierden de vista que la Tierra, nuestro hogar, sigue siendo el laboratorio más importante y urgente en la carrera científica.
En definitiva, el diálogo entre el espacio y la Tierra, entre la ciencia avanzada y los conocimientos tradicionales, se revela como una de las claves para proteger los océanos y asegurar un futuro sostenible para todas las comunidades del planeta.
(Fuente: NASA)
