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La NASA desvela los secretos de la corona solar durante el eclipse total sobre Europa

La NASA desvela los secretos de la corona solar durante el eclipse total sobre Europa

El pasado 12 de agosto, Europa fue testigo de un fenómeno astronómico extraordinario: un eclipse solar total que cruzó el continente, ofreciendo una oportunidad única para la investigación científica. Aunque la imagen del Sol oculto por la Luna hipnotizó a millones de personas, el verdadero espectáculo se desarrolló a más de 15.000 metros de altitud, donde aviones especiales de la NASA rastreaban la clave de uno de los mayores enigmas de la física solar: ¿por qué la atmósfera externa del Sol, conocida como corona, es cientos de veces más caliente que su superficie visible?

Esta anomalía ha intrigado a los científicos desde hace décadas. La superficie visible del Sol, la fotosfera, alcanza temperaturas de unos 5.500 grados centígrados. Sin embargo, la corona, esa estructura fantasmagórica que solo puede apreciarse plenamente durante un eclipse total, puede superar el millón de grados. Resolver el origen de este sobrecalentamiento es esencial para comprender no solo la dinámica solar, sino también los efectos que el viento solar tiene sobre la Tierra y sus tecnologías.

Para investigar este misterio, la NASA puso en marcha una misión de alta precisión logística y técnica. Pilotos especializados del Centro Espacial Johnson volaron los aviones de investigación WB-57F desde la base de Ellington Field, en Houston (Estados Unidos), hasta Islandia, un punto estratégico para seguir la sombra de la Luna mientras cruzaba Europa. Estos aviones, capaces de operar a altitudes extremas, permitieron a los científicos observar la corona solar por encima de gran parte de la atmósfera terrestre, minimizando así la distorsión provocada por el aire y la contaminación lumínica.

La instrumentación a bordo de los WB-57F incluía cámaras de alta velocidad y espectrómetros de última generación, capaces de captar detalles y variaciones en la luz ultravioleta y visible emitida por la corona. Gracias a la movilidad del avión, los investigadores lograron prolongar la observación de la corona hasta siete minutos consecutivos, un logro imposible desde la superficie, donde la fase total del eclipse solo dura unos dos minutos.

El equipo internacional de científicos, dirigido por la doctora Amy Winebarger del Marshall Space Flight Center, buscaba pistas sobre los mecanismos físicos que calientan la corona. Entre las teorías principales figura el papel de las ondas magnéticas, que podrían transferir energía desde el interior del Sol hasta la corona, y las llamadas «nanollamaradas», pequeñas explosiones que liberarían enormes cantidades de energía en escalas diminutas. Los datos recogidos en vuelo ayudarán a descartar o confirmar estas hipótesis, avanzando hacia una explicación definitiva.

El estudio de la corona no solo es relevante por pura curiosidad científica; tiene implicaciones prácticas de gran calado. Las tormentas solares, originadas en la corona, pueden afectar satélites, redes eléctricas y sistemas de navegación. Saber cómo y por qué se producen estas eyecciones de masa coronal y su relación con el sobrecalentamiento permitirá predecir y mitigar sus efectos sobre la sociedad moderna.

No solo la NASA estuvo pendiente del eclipse. La Agencia Espacial Europea (ESA) y varias instituciones académicas europeas aprovecharon el evento para realizar observaciones complementarias desde tierra y espacio, coordinando telescopios y satélites como el Solar Orbiter, que estudia el Sol desde una órbita cercana. Esta colaboración internacional refleja la importancia global de la investigación solar y la tendencia creciente hacia misiones conjuntas y el intercambio abierto de datos.

La misión forma parte de una estrategia más amplia en la que se integran observaciones terrestres, aéreas y espaciales. SpaceX, por su parte, ha contribuido lanzando satélites dedicados a la observación solar, mientras que la empresa española PLD Space avanza en el desarrollo de cohetes reutilizables que, en el futuro, podrían facilitar el acceso a la órbita solar para instrumentos científicos. Blue Origin y Virgin Galactic, aunque más centradas en el turismo espacial, han anunciado su interés en misiones de investigación suborbital que permitan experimentos breves en microgravedad o en condiciones de observación privilegiadas, como durante eclipses.

El estudio de los exoplanetas también se beneficia de la investigación solar. Comprender la actividad y variabilidad de estrellas como el Sol ayuda a interpretar los datos de atmósferas planetarias en otras estrellas, mejorando la búsqueda de mundos habitables.

En definitiva, el eclipse total de Sol del pasado agosto no solo ofreció un espectáculo visual sin igual, sino que se convirtió en un laboratorio natural para desentrañar uno de los misterios más antiguos de la astronomía. Gracias a la tecnología puntera y a la cooperación internacional, la ciencia se acerca, paso a paso, a comprender los secretos de nuestra estrella.

(Fuente: NASA)