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Blue Origin pone rumbo a la Luna con su nuevo módulo Blue Moon MK1 y reaviva la carrera lunar

Blue Origin pone rumbo a la Luna con su nuevo módulo Blue Moon MK1 y reaviva la carrera lunar

La nave espacial Blue Moon MK1, desarrollada por la compañía estadounidense Blue Origin, está a punto de convertirse en protagonista indiscutible de la nueva era de exploración lunar. Este módulo de aterrizaje lunar, cuyo lanzamiento está previsto para los próximos meses, representa un paso decisivo en los planes de retorno humano a la superficie selenita, y coloca a la empresa de Jeff Bezos en el centro del pulso tecnológico y comercial que libran las grandes agencias espaciales y las compañías privadas.

El Blue Moon MK1 es el primer prototipo operativo de una familia de módulos lunares concebidos para transportar carga y, en el futuro, astronautas a nuestro satélite natural. Con un peso aproximado de 16 toneladas al lanzamiento y una capacidad de carga útil de hasta 3,5 toneladas en su versión inicial, el MK1 está diseñado para aterrizar de manera autónoma en diversas ubicaciones de la superficie lunar, incluyendo regiones nunca antes exploradas, como los polos donde se sospecha la existencia de reservas de hielo.

Este vehículo utiliza un innovador sistema de propulsión impulsado por hidrógeno y oxígeno líquidos, lo que le permite realizar un descenso controlado y suave, minimizando los riesgos inherentes al alunizaje. La arquitectura modular de Blue Moon permite adaptar el módulo a distintos tipos de misiones, desde el transporte de experimentos científicos y suministros, hasta la entrega de elementos clave para la futura construcción de bases lunares.

La NASA ha mostrado un interés claro en el Blue Moon MK1, seleccionando a Blue Origin para el desarrollo de un módulo de aterrizaje tripulado en el marco del programa Artemis, cuyo objetivo es devolver seres humanos a la Luna antes de que finalice esta década. Sin embargo, el MK1 que volará próximamente es una versión no tripulada, concebida para demostrar la viabilidad de la tecnología y sentar las bases para misiones posteriores con astronautas a bordo.

La carrera por conquistar la Luna ha cobrado un nuevo impulso en los últimos años, con la entrada en escena de empresas privadas que rivalizan con las tradicionales agencias nacionales. SpaceX, liderada por Elon Musk, acapara titulares con su cohete Starship, diseñado para transportar grandes cantidades de carga y personas a la Luna y Marte. Sin embargo, el Blue Moon de Blue Origin representa una alternativa estratégica, especialmente en lo que respecta a la entrega de cargas útiles en lugares de difícil acceso en la superficie lunar.

Mientras tanto, la NASA sigue avanzando en su programa Artemis. Tras el éxito de la misión Artemis I, en la que la nave Orión realizó un vuelo no tripulado alrededor de la Luna, la agencia estadounidense se prepara para lanzar Artemis II, que llevará astronautas en órbita lunar, y Artemis III, en la que está previsto el primer alunizaje tripulado desde 1972. En este contexto, la colaboración con Blue Origin y SpaceX es vital para garantizar el éxito de una arquitectura lunar sostenible.

La competencia procedente de otras latitudes tampoco pasa desapercibida. La Agencia Espacial Europea (ESA) colabora estrechamente con la NASA en el desarrollo del módulo de servicio europeo para la nave Orión, mientras que compañías privadas como la española PLD Space también buscan su hueco en el sector, aunque centradas principalmente en lanzadores suborbitales y de pequeño tamaño, como el cohete Miura 1. Al otro lado del Atlántico, China y Rusia trabajan en sus propios planes de exploración lunar, con proyectos de módulos de aterrizaje y bases permanentes en el horizonte.

En paralelo a estas ambiciones lunares, la búsqueda de exoplanetas habitables sigue siendo una prioridad para la comunidad científica. Telescopios espaciales como el James Webb y el TESS han multiplicado el número de planetas descubiertos fuera de nuestro sistema solar, muchos de ellos en la llamada «zona habitable», donde podría existir agua líquida. Estos hallazgos alimentan el interés por misiones que, en el futuro, permitan estudiar in situ las atmósferas y condiciones de estos mundos lejanos.

Por su parte, Virgin Galactic continúa impulsando el turismo espacial suborbital, tras haber realizado con éxito varios vuelos comerciales a bordo de su nave SpaceShipTwo. Aunque su enfoque es distinto al de Blue Origin o SpaceX, la proliferación de actores privados en el espacio está acelerando la innovación y democratizando el acceso a la órbita y más allá.

El inminente lanzamiento del Blue Moon MK1, por tanto, no solo supone un hito tecnológico para Blue Origin, sino que simboliza el renacimiento de la exploración lunar en la que empresas y agencias de todo el planeta pugnan por liderar la próxima gran ola de descubrimientos y avances. Las próximas décadas prometen ser testigos de una revolución sin precedentes en la manera en que la humanidad se relaciona con el espacio profundo y, en particular, con la Luna.

(Fuente: Arstechnica)