Lockheed Martin entrega 21 satélites para la próxima fase de la red militar de comunicación espacial de EE. UU.

El avance tecnológico en la infraestructura satelital estadounidense da un nuevo paso con la última entrega de Lockheed Martin: 21 satélites de la denominada “Tranche 1 Transport Layer”, listos para integrarse en la próxima misión de lanzamiento de la Agencia de Desarrollo Espacial (SDA, por sus siglas en inglés). Esta constelación representa una piedra angular en el ambicioso proyecto del Pentágono para crear una red de comunicaciones seguras y resilientes en órbita baja terrestre (LEO), con la que pretende transformar el modo en que las Fuerzas Armadas estadounidenses gestionan la información táctica en escenarios cada vez más desafiantes.
La SDA, dependiente del Departamento de Defensa, impulsa desde 2019 la proliferación de pequeños satélites en LEO como solución a la vulnerabilidad de los sistemas tradicionales de comunicaciones militares, basados en grandes satélites geoestacionarios. Frente a amenazas como la guerra electrónica o los misiles antisatélite de potencias rivales, la nueva arquitectura apuesta por la redundancia, la flexibilidad y la actualización tecnológica continua. En este contexto, la “Tranche 1” supone la segunda fase del despliegue tras la exitosa “Tranche 0”, puesta en órbita en 2023.
Lockheed Martin, uno de los gigantes aeroespaciales estadounidenses, ha sido uno de los contratistas principales en esta fase. Los 21 satélites que acaba de entregar se basan en plataformas modulares —o “buses”— fabricadas por Terran Orbital, una empresa subsidiaria que se ha especializado en el desarrollo de pequeños satélites de alta capacidad para misiones tanto civiles como militares. El uso de buses estandarizados permite acelerar la producción y reducir costes, facilitando actualizaciones periódicas y la integración de nuevas tecnologías en cada iteración de la constelación.
Desde el punto de vista técnico, estos satélites están equipados con enlaces láser intersatélite, una tecnología avanzada que permite la transmisión de grandes volúmenes de datos entre satélites de la red sin pasar por estaciones terrestres. Este sistema de interconexión óptica proporciona comunicaciones ultraseguras y de baja latencia, fundamentales para operaciones militares donde la inmediatez en la transmisión de órdenes e inteligencia puede resultar decisiva. Además, la “Transport Layer” incluye capacidades para enrutar datos en tiempo real a unidades desplegadas en cualquier punto del planeta, conectando activos militares terrestres, navales, aéreos y espaciales.
El despliegue de esta constelación se produce en un contexto de creciente competencia internacional en el ámbito espacial. China y Rusia han incrementado notablemente su inversión en tecnologías espaciales aplicadas al ámbito militar, lo que ha llevado a Estados Unidos a priorizar el desarrollo de sistemas más resilientes y distribuidos. La SDA prevé que la “Tranche 1” esté completamente operativa a lo largo de 2025, con más de un centenar de satélites en servicio, a los que se sumarán nuevas fases (“tranches”) en los próximos años.
Por otro lado, el sector privado está desempeñando un papel crucial en esta transformación. Empresas como SpaceX, con su red Starlink, han demostrado la viabilidad de constelaciones masivas de satélites en LEO, tanto para aplicaciones comerciales como militares. SpaceX, de hecho, ha colaborado en el pasado con el Pentágono para proveer conectividad en zonas de conflicto mediante terminales Starlink, lo que ilustra el potencial dual de estas tecnologías. Blue Origin, la firma fundada por Jeff Bezos, también ha manifestado su interés en proveer servicios satelitales para el sector defensa a través de su futuro sistema Kuiper.
El auge de la colaboración público-privada en el espacio no se limita a Estados Unidos. En Europa, empresas como PLD Space en España han comenzado a posicionarse en el sector de los lanzadores reutilizables, con el éxito reciente de su cohete MIURA 1, mientras que la Agencia Espacial Europea (ESA) impulsa programas para fortalecer la autonomía tecnológica del continente, tanto en lanzadores como en sistemas satelitales de nueva generación.
A nivel internacional, la exploración de exoplanetas sigue siendo un foco de atención. La NASA, junto a la ESA, prepara misiones conjuntas como el telescopio espacial ARIEL, que buscará caracterizar la atmósfera de exoplanetas en busca de indicios de habitabilidad. Mientras tanto, la misión James Webb ya ha empezado a arrojar resultados espectaculares sobre mundos lejanos, ampliando el horizonte del conocimiento humano más allá de nuestro sistema solar.
En definitiva, la entrega de estos 21 satélites por parte de Lockheed Martin marca un hito en la transición hacia redes espaciales de comunicaciones militares más ágiles y seguras. Este avance, enmarcado en una carrera global por la supremacía tecnológica en el espacio, subraya la importancia estratégica que han adquirido las constelaciones de satélites comerciales y militares en el siglo XXI.
(Fuente: SpaceNews)
