Daños en la histórica rampa de Baikonur tras el último lanzamiento de Soyuz ponen en jaque futuras misiones a la EEI

La emblemática plataforma de lanzamiento del cosmódromo de Baikonur, utilizada durante décadas para enviar misiones tripuladas y de carga al espacio, ha sufrido daños considerables tras el reciente despegue de una nave Soyuz rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI). Este incidente ha generado preocupación tanto en la agencia espacial rusa, Roscosmos, como en la comunidad internacional, respecto a la viabilidad de próximas misiones programadas desde este enclave crucial para la exploración espacial.
El cosmódromo de Baikonur, situado en Kazajistán y operado por Rusia en virtud de un histórico acuerdo bilateral, es uno de los centros neurálgicos de la astronáutica mundial. Desde allí, en 1961, partió el primer ser humano al espacio, Yuri Gagarin, a bordo del Vostok 1. Desde entonces, la plataforma de lanzamiento afectada, conocida como «Gagarin’s Start» o Site 1/5, ha sido testigo de innumerables hitos de la era espacial soviética y rusa, consolidándose como un símbolo de la conquista del espacio.
El daño se produjo durante el lanzamiento de la última expedición de la nave Soyuz hacia la EEI. De acuerdo con los primeros informes técnicos, la rampa ha sufrido deterioros estructurales significativos, especialmente en las zonas sometidas a las intensas vibraciones y temperaturas extremas generadas durante la ignición y ascenso inicial del lanzador. Aunque todavía se están evaluando los detalles y la extensión del daño, fuentes cercanas al programa han adelantado que la infraestructura podría requerir reparaciones de emergencia, lo que pone en riesgo el calendario de futuras misiones.
La nave Soyuz, con décadas de servicio a sus espaldas, sigue siendo en la actualidad uno de los vehículos más fiables para el transporte de astronautas a la EEI. Sin embargo, la dependencia de una infraestructura envejecida como la de Baikonur plantea retos adicionales. La plataforma dañada ha experimentado ya numerosas obras de mantenimiento y rehabilitación a lo largo de los años, pero la presión constante de lanzamientos regulares no ha hecho más que acentuar su desgaste.
Este incidente ocurre en un contexto de creciente competencia internacional en el sector espacial, liderada por empresas privadas como SpaceX, Blue Origin o Virgin Galactic. En los últimos años, la NASA ha confiado en compañías estadounidenses, especialmente SpaceX, para el transporte de astronautas a la EEI mediante las cápsulas Crew Dragon, reduciendo así la dependencia de los lanzamientos rusos. SpaceX, por ejemplo, ha demostrado la fiabilidad y versatilidad de su cohete Falcon 9, que despega desde plataformas renovadas y equipadas con tecnologías de última generación en Cabo Cañaveral y el Centro Espacial Kennedy.
Por su parte, Blue Origin, la empresa dirigida por Jeff Bezos, avanza en el desarrollo del cohete New Glenn, que también operará desde instalaciones modernas en Florida. Mientras tanto, la española PLD Space continúa progresando con el Miura 1, el primer cohete suborbital privado de Europa, que recientemente completó un vuelo experimental desde Huelva, situando a España en la vanguardia del acceso comercial al espacio.
El incidente en Baikonur resalta la importancia de la modernización de infraestructuras espaciales y el desarrollo de nuevas plataformas de lanzamiento. Frente a las amenazas de obsolescencia y los riesgos inherentes al envejecimiento de las instalaciones, tanto las agencias estatales como los actores privados están invirtiendo en el diseño de nuevas bases y tecnologías que garanticen la continuidad de las operaciones espaciales.
En cuanto a la exploración científica, las agencias públicas y privadas mantienen su apuesta por la búsqueda de exoplanetas y la investigación de nuevos mundos. Misiones como TESS y el telescopio espacial James Webb de la NASA están abriendo una nueva era en la astrofísica, mientras la Agencia Espacial Europea (ESA) trabaja en el futuro telescopio Ariel, destinado a analizar atmósferas de exoplanetas.
Volviendo a Baikonur, los expertos señalan que, aunque existen rampas alternativas en el propio cosmódromo y en el centro espacial de Vostochny, la transición podría suponer retrasos significativos y un aumento de costes, complicando aún más la ya tensa situación presupuestaria de Roscosmos. La cooperación internacional en la EEI depende en buena medida de la capacidad de todas las agencias implicadas para mantener un flujo constante de tripulaciones y suministros, por lo que la integridad de las infraestructuras de lanzamiento es un asunto de primer orden.
En definitiva, el daño sufrido por la plataforma de Baikonur evidencia la necesidad de renovar y diversificar los puntos de acceso al espacio, en un momento en el que la exploración y la investigación espacial se encuentran en plena efervescencia gracias a la colaboración entre agencias públicas y empresas privadas. El futuro de la presencia humana en la órbita baja terrestre dependerá, en gran medida, de la capacidad para superar estos desafíos técnicos y logísticos.
(Fuente: SpaceNews)
