El mayor motor de plasma británico marca un hito para la nueva generación de propulsión espacial

La empresa británica Pulsar Fusion, en colaboración con socios tecnológicos y académicos, ha logrado un importante avance en la propulsión espacial al probar con éxito el motor de plasma más grande jamás encendido en el Reino Unido. Este ambicioso desarrollo se ha llevado a cabo en las instalaciones de la Universidad de Southampton, donde el 29 de enero se realizaron las primeras pruebas a escala real dentro de una cámara de vacío de gran tamaño, diseñada para simular las condiciones extremas del espacio exterior.
El nuevo motor de plasma está pensado para revolucionar el segmento de satélites de gran tonelaje, permitiendo una mayor eficiencia y potencia comparado con las tecnologías tradicionales. Según Pulsar Fusion, este propulsor es aproximadamente diez veces más grande que los dispositivos iónicos previos desarrollados por la compañía, lo que representa un salto cualitativo en la capacidad de empuje y en la gestión de cargas útiles más pesadas.
Tecnología de plasma: una apuesta por el futuro de la propulsión
La propulsión por plasma, también conocida como propulsión eléctrica, se diferencia radicalmente de los motores químicos convencionales. Utiliza campos eléctricos y magnéticos para ionizar gases y acelerarlos a velocidades supersónicas, generando así un impulso mucho mayor con un consumo de combustible significativamente menor. Esta tecnología es especialmente relevante para misiones de larga duración y para posicionar grandes cargas en órbitas elevadas, donde la eficiencia energética es vital.
El motor de Pulsar Fusion está basado en el principio de plasma Hall, un método que ya ha demostrado su eficacia en satélites de comunicaciones y sondas interplanetarias. Sin embargo, la novedad aquí reside en la escala y la capacidad de potencia de este nuevo propulsor, que permitirá abordar misiones más ambiciosas, como el transporte de módulos orbitales o incluso futuras etapas de misiones interplanetarias.
Un paso clave en la carrera internacional por la propulsión avanzada
El avance de Pulsar Fusion coincide con una tendencia global en la que tanto compañías privadas como agencias estatales están apostando fuerte por la propulsión eléctrica. SpaceX, la compañía de Elon Musk, ha mostrado interés en motores de plasma para maniobras orbitales y misiones de larga distancia; mientras, la NASA ya emplea propulsores iónicos en sondas como la Dawn, que exploró Vesta y Ceres, y planea ampliar su uso en las futuras misiones Artemis hacia la Luna y Marte.
Por su parte, Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, también ha invertido en tecnologías de propulsión no convencionales para sus planes de asentamientos lunares y explotación de recursos en el espacio profundo. Incluso en el ámbito europeo, empresas emergentes como la española PLD Space han manifestado su interés en integrar soluciones eléctricas en sus lanzadores reutilizables, como el Miura 5, que aspira a ser un referente en lanzamientos comerciales de pequeños satélites.
Importancia estratégica y científica de este desarrollo británico
El éxito de la prueba de Pulsar Fusion no solo refuerza la posición del Reino Unido en la industria espacial europea, sino que también abre la puerta a nuevas aplicaciones en exploración planetaria, gestión de satélites de comunicaciones y, en un futuro, misiones tripuladas más allá de la órbita baja terrestre. El motor podría ser clave para la propulsión de grandes plataformas orbitales, estaciones espaciales comerciales e incluso para etapas de transferencia interplanetaria, reduciendo los tiempos de viaje y el coste energético de las misiones.
En el ámbito científico, la mayor capacidad de carga y maniobrabilidad permitirá lanzar telescopios espaciales más potentes para la búsqueda de exoplanetas, una de las prioridades de las agencias como la NASA y la ESA en la próxima década. El aumento de la eficiencia propulsiva podría facilitar el despliegue de constelaciones de satélites científicos dedicados a la observación de mundos lejanos y la detección de señales de vida.
Retos y perspectivas de futuro
A pesar del éxito en laboratorio, la transición de estos motores a aplicaciones comerciales dependerá de superar retos técnicos, como la gestión térmica, la durabilidad de los materiales frente al plasma y la integración con sistemas de energía a bordo de los satélites. No obstante, Pulsar Fusion y sus socios confían en que los próximos años verán una rápida maduración de la tecnología, con los primeros vuelos de demostración previstos antes de 2030.
En un contexto de crecimiento exponencial de la demanda de servicios satelitales y misiones de exploración, la propulsión de plasma se perfila como una de las soluciones más prometedoras para la movilidad espacial del futuro, y el avance británico sitúa al Reino Unido en la vanguardia de esta nueva carrera tecnológica.
(Fuente: SpaceDaily)
