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L3Harris, Lockheed Martin, Rocket Lab y Northrop Grumman construirán 72 satélites para la defensa de Estados Unidos

L3Harris, Lockheed Martin, Rocket Lab y Northrop Grumman construirán 72 satélites para la defensa de Estados Unidos

La Agencia de Desarrollo Espacial de Estados Unidos (SDA, por sus siglas en inglés) ha adjudicado contratos por un valor total de 3.500 millones de dólares a cuatro grandes empresas del sector aeroespacial —L3Harris, Lockheed Martin, Rocket Lab y Northrop Grumman— para la construcción y despliegue de una constelación de 72 satélites dedicados a la detección y seguimiento de misiles. Este ambicioso programa, que representa uno de los avances más relevantes en la arquitectura espacial de defensa estadounidense en la última década, busca reforzar la capacidad de vigilancia y respuesta temprana ante amenazas de misiles hipersónicos y balísticos.

La importancia estratégica de la constelación

El contrato, anunciado esta semana, forma parte de la denominada “Proliferated Warfighter Space Architecture” (PWSA), una red de satélites de órbita baja terrestre (LEO) concebida para proporcionar cobertura global y continua en la detección, seguimiento y discriminación de amenazas misilísticas. Esta infraestructura es esencial para contrarrestar el desarrollo y despliegue de armas hipersónicas por parte de potencias como China y Rusia, cuyos misiles pueden maniobrar a velocidades superiores a Mach 5, dificultando su interceptación por los sistemas de defensa tradicionales.

La PWSA supondrá un cambio de paradigma respecto a los sistemas tradicionales de alerta temprana, que hasta ahora se basaban en grandes satélites geoestacionarios costosos y vulnerables. Al optar por una constelación proliferada de pequeños satélites, la SDA persigue una mayor resiliencia frente a ataques y un despliegue más ágil y escalable.

Detalles técnicos y distribución de los contratos

Según los detalles del anuncio oficial, cada empresa será responsable del diseño, fabricación y entrega de una parte del total de 72 satélites, que se integrarán en la denominada “Tranche 2 Tracking Layer”. Esta capa es la tercera generación dentro del plan de despliegue progresivo de la PWSA y estará dedicada fundamentalmente a la observación infrarroja para detectar firmas térmicas de lanzamientos de misiles.

Lockheed Martin, uno de los colosos del sector aeroespacial, cuenta con una dilatada experiencia en satélites militares y sistemas de defensa antimisiles. L3Harris, por su parte, ha destacado en la integración de sensores de alta sensibilidad y comunicaciones seguras. Northrop Grumman, otro gigante con una extensa trayectoria en proyectos espaciales para la defensa, aportará su experiencia en plataformas orbitales robustas. La gran sorpresa ha sido Rocket Lab, una compañía históricamente centrada en lanzadores y satélites pequeños para el mercado comercial, que da así un salto cualitativo al segmento de la defensa espacial estadounidense.

Cada satélite estará equipado con sensores infrarrojos avanzados capaces de identificar el calor generado por los motores de misiles en vuelo, así como sistemas de comunicación óptica que permitirán el intercambio seguro y en tiempo real de datos con los centros de mando y con otros satélites de la constelación. Esta arquitectura distribuida no solo incrementa la eficacia frente a amenazas emergentes, sino que también complica enormemente cualquier intento de sabotaje o inutilización de la red por parte de actores hostiles.

Una tendencia global hacia constelaciones proliferadas

El modelo de constelaciones de satélites pequeños y numerosos, en lugar de pocos satélites grandes y costosos, se ha convertido en la apuesta predominante tanto en el ámbito militar como comercial. Empresas como SpaceX, con su red Starlink, han demostrado la viabilidad técnica y económica de estas arquitecturas. En paralelo, compañías como Blue Origin o la española PLD Space avanzan en el desarrollo de lanzadores reutilizables para poner en órbita este tipo de satélites, facilitando una mayor flexibilidad y reducción de costes.

En Europa, la Agencia Espacial Europea (ESA) y empresas privadas también exploran modelos similares para aplicaciones civiles y de seguridad, conscientes de la creciente importancia estratégica del espacio próximo a la Tierra.

El futuro de la guerra espacial y la colaboración público-privada

La adjudicación de estos contratos por parte de la SDA subraya la creciente colaboración entre el sector público y privado en el ámbito espacial, una tendencia que se extiende a nuevas empresas como Rocket Lab, reflejando la transformación del panorama espacial global. La proliferación de actores y tecnologías está acelerando el desarrollo de capacidades de defensa y vigilancia, a la vez que plantea nuevos retos en cuanto a la gestión del tráfico espacial y la sostenibilidad a largo plazo de las órbitas bajas.

Con la entrada en escena de estos 72 nuevos satélites, Estados Unidos refuerza considerablemente su red de alerta temprana y se posiciona a la vanguardia de la defensa antimisiles en el espacio, un escenario cada vez más relevante en la seguridad internacional del siglo XXI.

(Fuente: SpaceNews)