El cohete reutilizable Long March 12A de China alcanza la órbita en su vuelo inaugural, pero fracasa la recuperación de la primera etapa

La carrera global por la reutilización de cohetes, liderada hasta ahora por empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, ha sumado un nuevo y potente competidor: China. El Long March 12A, el primer lanzador reutilizable desarrollado por la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC), logró alcanzar la órbita en su vuelo inaugural realizado el pasado lunes, marcando un hito para la industria espacial estatal del país asiático. Sin embargo, el ambicioso intento de recuperar la primera etapa del cohete —clave para la reutilización— no tuvo éxito en esta ocasión.
El Long March 12A representa un paso crucial para el programa espacial chino, que durante décadas ha apostado por lanzadores desechables frente a la tendencia de otros actores internacionales. Con una arquitectura que recuerda a la familia Falcon de SpaceX, el cohete está diseñado para realizar varias misiones con la misma unidad, reduciendo costes y aumentando la frecuencia de lanzamientos, una estrategia que ya ha transformado la industria espacial en Occidente.
El lanzamiento se produjo desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Wenchang, en la isla de Hainan, en un horario que permitió seguir la maniobra en directo a través de los canales oficiales chinos. El objetivo principal: validar la capacidad del Long March 12A para colocar cargas útiles en órbita terrestre baja (LEO), así como probar los sistemas de reentrada y aterrizaje controlado de la primera etapa. El vuelo fue un éxito en cuanto a la inserción orbital, pero la fase más delicada —el descenso y aterrizaje de la primera etapa— terminó en fracaso. Según fuentes oficiales, el sistema de propulsión para la reentrada y los mecanismos de orientación no funcionaron según lo esperado, impidiendo que el cohete aterrizara de forma controlada en la zona designada.
El desarrollo de cohetes reutilizables ha cambiado radicalmente las reglas del juego. SpaceX, bajo la dirección de Elon Musk, fue pionera en la reutilización de la primera etapa de sus Falcon 9, logrando más de 200 aterrizajes exitosos y revolucionando el acceso al espacio. Blue Origin, liderada por Jeff Bezos, también ha logrado recuperar y reutilizar sus lanzadores New Shepard en vuelos suborbitales y está preparando el debut de su cohete orbital New Glenn, igualmente reutilizable. Frente a estos avances, la mayoría de agencias espaciales estatales —incluida la NASA— han optado por colaborar con el sector privado o desarrollar prototipos propios, aunque ninguna ha alcanzado el ritmo de reutilización de SpaceX.
En Europa, la compañía española PLD Space ha realizado importantes avances con su cohete Miura 1, que logró el primer lanzamiento suborbital de un vector privado español en 2023, y planea lanzar el Miura 5, orientado a la reutilización, en los próximos años. Virgin Galactic, centrada en el turismo espacial suborbital, también ha experimentado con sistemas parcialmente reutilizables para abaratar costes y aumentar la cadencia de vuelos.
El Long March 12A se une así a una nueva generación de lanzadores que buscan reducir la barrera económica del acceso al espacio. Desde el punto de vista técnico, el cohete emplea motores de queroseno y oxígeno líquido, similares a los Merlin de SpaceX, y está equipado con aletas de rejilla y tren de aterrizaje retráctil para estabilizar y posarse verticalmente tras la reentrada, aunque estas tecnologías aún están en fase experimental en China. La misión inaugural tenía como objetivo validar estos sistemas y sentar las bases para futuros lanzamientos con recuperación exitosa.
China ha invertido fuertemente en los últimos años para cerrar la brecha tecnológica con Occidente. Su programa espacial ha cosechado éxitos notables, como la construcción de la estación espacial Tiangong, el aterrizaje de sondas en la Luna y Marte, y el envío de misiones de retorno de muestras lunares. La apuesta por cohetes reutilizables es una evolución lógica para competir en el creciente mercado global de lanzamientos comerciales, donde la eficiencia y el coste son factores determinantes.
A pesar del revés en la recuperación, el Long March 12A ha demostrado que la tecnología china está a la altura de los retos más ambiciosos. Los ingenieros del CASC ya han anunciado que analizarán los datos del vuelo para corregir los fallos y programar nuevas pruebas en los próximos meses. Se espera que, al igual que SpaceX en sus primeros intentos, la curva de aprendizaje permita que los aterrizajes controlados sean rutinarios en un futuro cercano.
En definitiva, el debut orbital del Long March 12A posiciona a China en la vanguardia de la reutilización espacial y anticipa una competición cada vez más reñida por dominar las tecnologías de lanzamiento más avanzadas. El camino hacia cohetes totalmente reutilizables es largo, pero el impulso global no muestra signos de desaceleración.
(Fuente: SpaceNews)
