El rover Perseverance de la NASA sigue explorando Marte mientras se tambalea el futuro del retorno de muestras

El robot Perseverance de la NASA continúa avanzando en su ambiciosa misión sobre la superficie marciana, recogiendo y almacenando muestras del planeta rojo, a pesar de la incertidumbre que rodea el esperado regreso de ese valioso material a la Tierra. El proyecto Mars Sample Return (MSR), diseñado para traer por primera vez a nuestro planeta fragmentos recogidos en Marte, está en el punto de mira ante serios retos presupuestarios y tecnológicos.
El Perseverance, que aterrizó en el cráter Jezero en febrero de 2021 tras un viaje de casi siete meses a bordo de un cohete Atlas V, encarna la vanguardia de la exploración robótica interplanetaria. Este vehículo de seis ruedas, equipado con una batería de instrumentos científicos de última generación, lleva más de tres años recorriendo el delta de un antiguo río marciano, perforando el suelo y almacenando en tubos herméticos muestras de roca y polvo que podrían contener pistas sobre la posible existencia pasada de vida microbiana en Marte.
Sin embargo, el sueño de traer esas muestras a la Tierra, una empresa largamente acariciada por la comunidad científica, atraviesa un momento delicado. El plan original, elaborado en colaboración con la Agencia Espacial Europea (ESA), preveía el lanzamiento en 2027 de una compleja cadena de misiones: un módulo de aterrizaje transportaría un pequeño cohete (Mars Ascent Vehicle), que recibiría los tubos de Perseverance para lanzarlos a la órbita marciana, donde una nave europea los recogería y llevaría de vuelta a la Tierra alrededor de 2033.
Pero el proyecto Mars Sample Return se enfrenta a graves sobrecostes y retrasos. El presupuesto se ha disparado, superando los 11.000 millones de dólares, y la propia NASA ha reconocido la necesidad de replantear la arquitectura de la misión. El administrador Bill Nelson anunció este año que el plan actual no es sostenible y que la agencia estudia alternativas más asequibles y menos arriesgadas. Incluso se baraja la posibilidad de recurrir al sector privado, lo que abre la puerta a la participación de empresas como SpaceX o Blue Origin, que han revolucionado en la última década el transporte espacial con sus lanzadores reutilizables y sus tecnologías innovadoras.
SpaceX, liderada por Elon Musk, ha manifestado abiertamente su interés en la exploración marciana, con el desarrollo de la nave Starship, diseñada para transportar grandes cargas y tripulación a Marte. Por su parte, Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, también apuesta fuerte por la exploración planetaria, aunque su foco inmediato es el programa lunar Artemis, en el que participa con su módulo de aterrizaje Blue Moon.
Mientras tanto, otras potencias espaciales, como China, han anunciado su intención de lanzar su propia misión de retorno de muestras marcianas antes de 2030, lo que añade presión internacional sobre la NASA y la ESA. Europa, a través de la Agencia Espacial Europea, ha invertido recursos considerables en el diseño del orbitador Earth Return Orbiter y el brazo robótico que recogería los tubos, pero la inestabilidad del calendario estadounidense podría afectar a la colaboración.
El contexto internacional de la exploración espacial está más dinámico que nunca. Empresas privadas como Virgin Galactic, aunque centradas en el turismo suborbital, han demostrado la viabilidad comercial de operaciones espaciales innovadoras. En España, la startup alicantina PLD Space también avanza con su cohete Miura 1, que aspira a consolidar el papel del país en el sector de los lanzadores ligeros y la experimentación suborbital.
Pese a las complicaciones, Perseverance sigue cumpliendo con su agenda científica. A día de hoy ha recogido más de 20 muestras, seleccionadas meticulosamente de diferentes tipos de rocas sedimentarias e ígneas. Gracias a sus instrumentos, como el espectrómetro SuperCam y el taladro rotatorio, los científicos pueden caracterizar la mineralogía y la geoquímica del cráter Jezero, un entorno que hace miles de millones de años albergó agua líquida y podría haber sido habitable.
El análisis en la Tierra de estas muestras, si finalmente llegan, revolucionaría el conocimiento sobre la historia geológica y climática de Marte y podría ayudar a descifrar si el planeta rojo albergó alguna vez formas de vida. Además, estos datos serán esenciales para preparar las futuras misiones tripuladas, una meta a largo plazo para agencias como la NASA y empresas privadas como SpaceX, que sueñan con establecer bases humanas en Marte.
Por ahora, el Perseverance continúa su solitaria labor en la superficie marciana, mientras ingenieros y científicos de todo el mundo buscan fórmulas para que su valioso cargamento no quede condenado a permanecer indefinidamente fuera del alcance de la humanidad. El éxito o fracaso del retorno de muestras marcará un hito en la historia de la exploración planetaria y determinará el ritmo de la investigación de exoplanetas y los futuros pasos hacia la conquista de otros mundos.
(Fuente: SpaceNews)
