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El rover Perseverance revela los secretos de las megarizaduras marcianas y su formación actual

El rover Perseverance revela los secretos de las megarizaduras marcianas y su formación actual

El rover Perseverance de la NASA, que explora el cráter Jezero desde febrero de 2021, ha centrado buena parte de su misión en el estudio de rocas antiguas que atestiguan la existencia de ríos y lagos en el Marte primitivo. Sin embargo, en los últimos meses los científicos han desviado la atención hacia un fenómeno geológico menos conocido, pero crucial para entender la dinámica presente del planeta rojo: las megarizaduras o “megaripples”. Estos surcos de arena, que pueden alcanzar hasta dos metros de altura, suponen una ventana única a los procesos físicos que continúan modelando la superficie marciana en la actualidad.

Las megarizaduras, similares a las ondas que puede formar el viento en el desierto terrestre, se distinguen por su tamaño y por la compleja interacción entre el polvo y el viento marciano. Estudios previos sugerían que estos patrones de arena eran reliquias del pasado húmedo de Marte. Sin embargo, las observaciones de Perseverance, equipadas con cámaras de alta resolución y espectrómetros de última generación, demuestran que estos relieves están aún activos y en evolución, modificados principalmente por la acción eólica.

Uno de los hallazgos más llamativos es el papel que juega la escasa pero significativa humedad atmosférica de Marte en la formación y consolidación de las megarizaduras. Aunque el planeta es extremadamente seco comparado con la Tierra, la interacción ocasional del vapor de agua en la atmósfera con el polvo superficial puede contribuir a la compactación y endurecimiento de la capa más externa de las megarizaduras. Este fenómeno genera una especie de “costra” que protege el interior arenoso, permitiendo que las megarizaduras persistan a lo largo de cientos o miles de años, a pesar de encontrarse en un entorno de vientos intensos y bruscos cambios de temperatura.

El equipo científico internacional que trabaja con Perseverance ha analizado la composición química de la superficie de estas estructuras, detectando variaciones en la salinidad y la mineralogía que podrían deberse a episodios de humedad atmosférica. Estos resultados han sido posibles gracias al instrumento SuperCam, desarrollado en colaboración entre Estados Unidos, Francia y España, y que ha permitido realizar análisis a distancia y muestreos precisos de la zona.

El interés por las megarizaduras no se limita a la geología marciana. Su estudio proporciona pistas sobre los patrones de circulación atmosférica actuales, el ciclo del polvo —fundamental para la meteorología de Marte— y es relevante para el diseño de futuras misiones, tanto robóticas como tripuladas. Entender cómo se moviliza y se deposita la arena puede ayudar a proteger los equipos y naves frente a la abrasión y la acumulación de polvo, uno de los grandes retos para la exploración humana del planeta rojo.

En paralelo, la carrera espacial privada y pública sigue aportando avances significativos en la exploración planetaria y la astronomía. SpaceX, por ejemplo, ha realizado nuevos lanzamientos con éxito de su cohete Starship, demostrando la viabilidad del transporte pesado reutilizable para misiones interplanetarias. Blue Origin, por su parte, avanza en el desarrollo de su módulo lunar Blue Moon, con el objetivo de participar en las próximas misiones Artemis de la NASA.

Europa no se queda atrás: la empresa española PLD Space ha completado en 2025 el primer vuelo orbital de su microlanzador MIURA 5, consolidando la posición de España en el sector aeroespacial y abriendo nuevas oportunidades para la puesta en órbita de pequeños satélites. Virgin Galactic, mientras tanto, ha retomado sus vuelos suborbitales turísticos con el SpaceShipTwo, acercando la experiencia espacial a un público cada vez más amplio.

En el campo de la astrofísica, el telescopio espacial James Webb ha seguido localizando y caracterizando exoplanetas, algunos de los cuales muestran indicios de atmósferas complejas y posibles biomarcadores. Estos descubrimientos, junto a la exploración en Marte, mantienen viva la esperanza de encontrar algún día signos de vida fuera de la Tierra.

La misión Perseverance, que cuenta con la colaboración de la Agencia Espacial Europea (ESA) para la futura recogida y retorno de muestras, continúa ampliando nuestro conocimiento sobre la geología y el clima de Marte. El estudio de las megarizaduras es una muestra más de cómo la investigación en el planeta rojo no solo nos ayuda a comprender su pasado remoto, sino que también nos brinda información valiosa sobre los procesos activos que siguen moldeando su superficie.

(Fuente: SpaceDaily)