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Cuatro gigantes espaciales construirán 72 satélites para la defensa estadounidense

Cuatro gigantes espaciales construirán 72 satélites para la defensa estadounidense

La Agencia de Desarrollo Espacial (SDA, por sus siglas en inglés) ha dado un paso crucial en la carrera tecnológica espacial al anunciar la adjudicación de contratos por valor aproximado de 3.500 millones de dólares a cuatro grandes equipos industriales. El objetivo: diseñar, fabricar y operar un total de 72 satélites avanzados de rastreo dentro de la denominada Capa de Seguimiento (Tracking Layer) correspondientes al tercer tramo (Tranche 3) de la Arquitectura Espacial Proliferada para Combatientes (PWSA, por sus siglas en inglés), una de las constelaciones de órbita terrestre baja más ambiciosas de la historia reciente.

Los contratos, firmados bajo la modalidad “Other Transaction Authority” (OTA), un mecanismo legal que permite mayor flexibilidad y agilidad en la adquisición de capacidades críticas, han sido concedidos a cuatro empresas de referencia en el sector espacial: Lockheed Martin, con sede en Sunnyvale (California), y Rocket Lab USA, ubicada en Long Beach (California), entre otras dos compañías aún por anunciar en el momento de redactar esta información.

La importancia técnica de la Capa de Seguimiento

Esta constelación, que formará parte integral de la Proliferated Warfighter Space Architecture, tiene como principal misión reforzar la capacidad de detección, rastreo y alerta temprana frente a amenazas emergentes, especialmente misiles hipersónicos y vehículos de planeo maniobrable. Los satélites estarán equipados con sensores de última generación basados en tecnología infrarroja y óptica, capaces de identificar lanzamientos y trayectorias de objetos en movimiento rápido con una precisión y cobertura global sin precedentes.

Cada satélite estará interconectado con el resto de la red a través de enlaces láser de alta velocidad, permitiendo la transmisión casi instantánea de datos críticos entre diferentes teatros de operaciones y centros de mando terrestres. Esta arquitectura distribuida busca, además, aumentar la resiliencia frente a intentos de interferencia o destrucción selectiva, una amenaza creciente en el actual contexto geopolítico y militar.

En palabras de responsables de la SDA, la proliferación de sistemas espaciales distribuidos y redundantes es una respuesta directa a la sofisticación de los arsenales de países competidores, entre ellos Rusia y China, que han desarrollado armas antisatélite y misiles hipersónicos difíciles de detectar con los sistemas tradicionales.

Relevo histórico en la industria espacial

El anuncio de estos contratos supone un hito relevante no solo para la defensa estadounidense, sino también para la industria espacial global. Empresas como Lockheed Martin, con décadas de experiencia en la construcción de satélites militares y comerciales, comparten protagonismo con nuevos actores como Rocket Lab, inicialmente conocida por sus lanzadores ligeros y actualmente en plena expansión hacia la fabricación y operación de plataformas orbitales completas.

Este movimiento refleja una tendencia clara en el sector: la convergencia entre grandes contratistas tradicionales y compañías emergentes, muchas de ellas impulsadas por la ola de innovación y abaratamiento de costes que han traído figuras como SpaceX o Blue Origin. No es casualidad que, mientras la NASA y agencias como la ESA se apoyan cada vez más en el sector privado para sus misiones científicas y comerciales, el Departamento de Defensa de Estados Unidos acelere el desarrollo de capacidades espaciales críticas mediante modelos de colaboración público-privada.

En paralelo a estos contratos, la competencia internacional no se detiene. China ha anunciado el despliegue de constelaciones propias con propósitos militares y civiles, mientras que la Unión Europea, a través de programas como IRIS² y la iniciativa GovSatCom, busca garantizar su autonomía en comunicaciones y observación terrestre. España, por su parte, continúa avanzando con proyectos como los de PLD Space, que recientemente logró el lanzamiento exitoso de su microlanzador Miura 1, abriendo la puerta a una mayor participación en constelaciones orbitales de nueva generación.

El futuro de la vigilancia espacial

La proliferación de satélites de rastreo en órbita baja marca un cambio de paradigma en la vigilancia y defensa global. Frente al modelo clásico de pocos satélites grandes y costosos, la tendencia actual apuesta por constelaciones formadas por decenas o centenares de unidades más pequeñas, autónomas y capaces de reemplazarse rápidamente en caso de fallo o ataque. Además, la modularidad y estandarización aceleran los plazos de producción y despliegue, una ventaja estratégica frente a adversarios potenciales.

El despliegue de la Tranche 3 está previsto para la segunda mitad de esta década, con una fase de pruebas inicial que permitirá validar tanto la interoperabilidad de los sistemas como la eficacia de los sensores en escenarios reales de amenaza. Si los plazos se cumplen, Estados Unidos consolidará su liderazgo en la vigilancia y respuesta ante misiles de nueva generación, reforzando a la vez el ecosistema industrial que será protagonista de la próxima era espacial.

La adjudicación de estos contratos supone un salto cualitativo para la seguridad global y la industria espacial, abriendo un nuevo capítulo en la colaboración entre agencias públicas y empresas privadas para responder a los desafíos del siglo XXI. (Fuente: SpaceDaily)