Un satélite militar español sufre el impacto de una partícula espacial y pone en riesgo su misión

El satélite de comunicaciones militares español lanzado en octubre de 2023 ha sido víctima de un inesperado incidente en órbita: el impacto de una partícula espacial, según ha confirmado su operador. Este suceso ha generado preocupación en el ámbito aeroespacial, al poner en entredicho tanto la misión del satélite como su integridad estructural y funcionalidad a largo plazo.
El satélite en cuestión, bautizado como SpainSat NG I, forma parte de la nueva generación de satélites de comunicaciones seguras para las Fuerzas Armadas españolas. Desarrollado en colaboración con Airbus Defence and Space y Thales Alenia Space, y operado por Hisdesat, el aparato fue lanzado el pasado mes de octubre a bordo de un cohete Ariane 5 desde el Puerto Espacial de Kourou, en la Guayana Francesa. Su objetivo principal es garantizar comunicaciones seguras y resistentes a interferencias, así como proporcionar respaldo a operaciones militares nacionales y aliadas dentro del marco de la OTAN.
El impacto ha sido atribuido a una “partícula espacial”, denominación genérica que engloba tanto micrometeoroides naturales —fragmentos diminutos de roca o polvo procedentes del espacio profundo— como desechos artificiales, es decir, restos de satélites o etapas de cohetes que orbitan nuestro planeta. Estos elementos, aunque de tamaño minúsculo, pueden alcanzar velocidades superiores a los 28.000 kilómetros por hora, lo que implica que incluso un fragmento de apenas unos milímetros puede causar daños catastróficos en la estructura de cualquier nave espacial.
Según los ingenieros de Hisdesat, el satélite continuaba operativo tras el suceso, aunque se están realizando exhaustivas comprobaciones para determinar el alcance real de los daños. La prioridad es evaluar el estado de los sistemas críticos, incluyendo los paneles solares, las antenas desplegables de alta ganancia y los módulos de propulsión y orientación, cuya integridad es vital para mantener la posición geoestacionaria del satélite y la calidad de las comunicaciones.
La comunidad científica y los organismos internacionales llevan años alertando sobre el creciente peligro de la basura espacial. A medida que la órbita terrestre baja y la geoestacionaria se llenan de objetos, los riesgos de colisiones accidentales aumentan de forma exponencial. La Agencia Espacial Europea (ESA), la NASA y compañías privadas como SpaceX —con su constelación Starlink— han implementado protocolos de vigilancia y maniobras evasivas para evitar este tipo de incidentes. Sin embargo, las partículas más pequeñas, indetectables por los sistemas de seguimiento terrestre, siguen representando una amenaza constante para satélites y estaciones espaciales.
Cabe recordar que España ha intensificado en los últimos años su presencia en el sector espacial, tanto en el ámbito civil como militar. Además de SpainSat NG I, está previsto el lanzamiento de SpainSat NG II, que complementará la cobertura y reforzará la resiliencia de la red de comunicaciones estratégicas. Este impulso se enmarca en una tendencia global en la que otras potencias, como Estados Unidos y China, compiten por el dominio tecnológico y el control de infraestructuras críticas en el espacio.
En el plano internacional, casos similares han sido reportados recientemente. La Estación Espacial Internacional (ISS), gestionada por la NASA, la ESA, Roscosmos y otras agencias, ha tenido que realizar maniobras de emergencia en múltiples ocasiones para esquivar fragmentos de basura espacial. Asimismo, SpaceX y Blue Origin, empresas líderes en la carrera espacial privada, están desarrollando tecnologías de autolimpieza y escudos protectores para sus futuras misiones, conscientes de que el problema amenaza tanto la seguridad de los astronautas como la viabilidad de los satélites comerciales.
Por su parte, la española PLD Space, pionera en el desarrollo de lanzadores reutilizables en Europa, también ha manifestado su preocupación por la proliferación de desechos orbitales y ha abogado por regulaciones internacionales más estrictas. El sector privado y los organismos públicos coinciden en la necesidad de crear sistemas de monitorización más precisos y protocolos de retirada activa de basura espacial.
El incidente del SpainSat NG I pone de manifiesto la fragilidad de las infraestructuras espaciales y la urgencia de adoptar medidas globales para proteger el entorno orbital. El futuro de la misión española dependerá de los resultados de las próximas inspecciones y de la capacidad de los ingenieros para mitigar los daños sufridos por el satélite. Mientras tanto, el suceso sirve de advertencia sobre los desafíos técnicos y de seguridad que plantea la expansión de la actividad humana más allá de la atmósfera terrestre.
(Fuente: SpaceNews)
