Descubren desde la Estación Espacial Internacional el impacto de las tormentas eléctricas en la atmósfera terrestre

La astronauta de la NASA Nichole Ayers ha logrado captar una imagen impresionante de una tormenta eléctrica sobrevolando Milán, Italia, desde la Estación Espacial Internacional (EEI), situada a más de 400 kilómetros de altitud. La fotografía, tomada el 1 de julio de 2025, no solo destaca por su espectacularidad visual, sino también por su valor científico, ya que proporciona datos cruciales para el estudio de la atmósfera superior de la Tierra.
La observación de tormentas desde el espacio se ha consolidado como una herramienta de gran utilidad para la ciencia meteorológica. Los rayos y las descargas eléctricas en la atmósfera no solo son fenómenos visualmente llamativos, sino que también influyen en la composición química del aire, afectan a los sistemas de comunicación y pueden representar riesgos para la aviación. La EEI, en su órbita baja terrestre, ofrece una perspectiva privilegiada para monitorizar estos eventos en tiempo real y sobre amplias regiones del planeta.
La imagen capturada por Ayers muestra una red de relámpagos iluminando las nubes sobre el norte de Italia, revelando la intensidad y el alcance de la tormenta. Estas instantáneas, en combinación con los sensores a bordo de la estación, ayudan a los científicos de la NASA y de otras agencias a comprender mejor los denominados eventos luminosos transitorios (TLE, por sus siglas en inglés), como los sprites, jets azules y elfos, fenómenos eléctricos de corta duración que se producen por encima de las tormentas y que aún encierran numerosos misterios.
Desde el inicio de la era espacial, la observación de la actividad eléctrica terrestre desde el espacio ha evolucionado enormemente. Ya en los años 80, los satélites meteorológicos comenzaban a detectar las emisiones lumínicas de los rayos, pero fue con la presencia continua de astronautas en la EEI, desde el año 2000, cuando se ha podido realizar un seguimiento sistemático y detallado. Los tripulantes, equipados con cámaras de alta resolución y sensores especializados, colaboran activamente con los equipos científicos en tierra, aportando datos que no pueden obtenerse desde superficie.
La importancia de estos estudios radica, en parte, en su contribución a la mejora de los modelos meteorológicos. Comprender cómo interactúan los rayos con las capas superiores de la atmósfera permite afinar las predicciones de tormentas severas, reducir los riesgos asociados a los vuelos comerciales y proteger infraestructuras sensibles como los satélites de comunicaciones o las redes eléctricas terrestres. Además, el estudio de las descargas eléctricas ayuda a desentrañar el papel de la atmósfera en la química del ozono y otros gases de efecto invernadero.
En paralelo, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin han mostrado interés en las aplicaciones de estas investigaciones. Dado que ambas compañías planean misiones de turismo y carga a gran altitud y, en el caso de SpaceX, vuelos orbitales tripulados, la monitorización de la actividad eléctrica y la comprensión del entorno espacial-terrestre resultan clave para la seguridad de sus operaciones. La colaboración público-privada en este ámbito es cada vez mayor, con el intercambio de datos y el desarrollo conjunto de tecnologías de detección y protección.
Por su parte, la industria aeroespacial europea también está atenta a estos avances. La española PLD Space, pionera en el desarrollo de lanzadores reutilizables en Europa, considera fundamental la monitorización de condiciones meteorológicas extremas tanto para sus lanzamientos suborbitales como orbitales. La integración de sensores avanzados y la cooperación con organismos como la Agencia Espacial Europea (ESA) refuerzan la seguridad y eficiencia de sus misiones.
Además, el análisis de las tormentas eléctricas desde el espacio no solo tiene aplicaciones terrestres. En la búsqueda de exoplanetas habitables, uno de los factores clave es entender la dinámica atmosférica y la actividad eléctrica en otros mundos. Misiones como el telescopio James Webb o el futuro Roman Space Telescope de la NASA podrían beneficiarse de estos estudios para interpretar señales similares en planetas lejanos y, potencialmente, identificar condiciones adecuadas para la vida.
La imagen de Ayers es solo un ejemplo de cómo la unión de tecnología avanzada y la curiosidad humana está ampliando nuestra comprensión de la Tierra y del cosmos. La EEI sigue siendo un laboratorio único en el que la ciencia, la cooperación internacional y la exploración se dan la mano para afrontar los desafíos del futuro.
El trabajo continuado de astronautas, ingenieros y científicos, tanto en agencias públicas como en empresas privadas, garantiza que seguiremos desvelando los secretos de nuestro planeta y del universo, con cada misión y cada imagen desde el espacio.
(Fuente: NASA)
