Europa busca su nuevo líder en lanzadores espaciales: 2026, el año decisivo

El sector espacial europeo se encuentra en plena efervescencia, marcado por una competencia cada vez más intensa entre empresas privadas que aspiran a convertirse en referentes del lanzamiento orbital. Dos actores emergentes, la alemana Isar Aerospace y la española PLD Space, están protagonizando una carrera tecnológica cuyo desenlace podría redefinir el futuro del acceso europeo al espacio. El año 2026 se perfila como el momento clave en el que se aclararán las prioridades y se sabrá qué proyectos serán capaces de situar a Europa a la altura de gigantes como SpaceX o Blue Origin.
Isar Aerospace, con sede en Múnich, prepara el que será el segundo vuelo de prueba de su cohete Spectrum, un lanzador de dos etapas diseñado para transportar pequeñas y medianas cargas útiles a órbita terrestre baja (LEO). El primer lanzamiento, previsto para 2025, será un paso fundamental tras su debut parcialmente exitoso, al permitir validar los sistemas críticos y la capacidad de reutilización parcial, una característica que podría reducir drásticamente los costes de acceso al espacio. El Spectrum, con una capacidad estimada de hasta 1.000 kg a LEO, utiliza propelentes convencionales y apuesta por la simplicidad y la producción en serie para competir en un mercado cada vez más saturado por actores estadounidenses.
En paralelo, PLD Space, la empresa alicantina que ya hizo historia en 2023 con el exitoso vuelo suborbital de su cohete Miura 1, avanza en el desarrollo de su lanzador orbital Miura 5. Este vehículo, que podría debutar a finales de 2025 o principios de 2026, está diseñado para cargas de hasta 540 kg a LEO y se postula como la gran esperanza española y europea para recuperar la autonomía en el acceso al espacio tras los problemas sufridos por la familia Ariane y la retirada de los lanzadores rusos Soyuz del puerto espacial de Kourou. El Miura 5, al igual que el Spectrum, se inscribe en la tendencia global de vehículos parcialmente reutilizables, al estilo de los Falcon 9 de SpaceX, aunque con una escala adaptada a las necesidades europeas.
El denominado European Launcher Challenge, impulsado por la Comisión Europea y la Agencia Espacial Europea (ESA), busca precisamente fomentar la aparición de alternativas a los grandes programas institucionales que, por su complejidad y coste, han sufrido retrasos y sobrecostes en los últimos años. El concurso, en el que Isar y PLD Space son los principales contendientes, pretende seleccionar uno o varios vehículos capaces de ofrecer lanzamientos comerciales fiables y asequibles antes de 2027, con el objetivo de garantizar la independencia estratégica del continente en un contexto internacional cada vez más competitivo.
Mientras tanto, en el otro lado del Atlántico, SpaceX continúa consolidando su supremacía con el desarrollo del Starship, el mayor cohete reutilizable jamás construido, y el incesante ritmo de lanzamientos de su Falcon 9. Blue Origin, por su parte, prepara la entrada en servicio de su New Glenn, un vehículo pesado que promete ampliar las capacidades comerciales y científicas de la empresa de Jeff Bezos. Virgin Galactic, aunque centrada en el turismo suborbital, también contribuye a democratizar el acceso al espacio y a inspirar nuevas vocaciones.
En cuanto a la exploración científica, NASA y otras agencias públicas y privadas avanzan en la búsqueda de exoplanetas habitables y en el desarrollo de tecnologías para futuras misiones a la Luna y Marte. La colaboración internacional, como demuestra el programa Artemis, se presenta como una pieza clave para afrontar los retos tecnológicos, económicos y medioambientales del siglo XXI. Europa, a través de proyectos como Ariane 6 y Vega-C, así como de la futura constelación de satélites de comunicaciones IRIS², aspira a no quedarse atrás, pero la presión de los nuevos actores privados obliga a acelerar la innovación y simplificar los procesos burocráticos.
El año 2026 será, por tanto, un punto de inflexión para la industria espacial europea. El éxito o el fracaso de Isar Aerospace y PLD Space en sus respectivos vuelos orbitales no solo determinará el liderazgo en el mercado continental, sino que también marcará el rumbo de la política espacial europea en la próxima década. La capacidad de Europa para competir en igualdad de condiciones con Estados Unidos y China dependerá en gran medida de su apuesta por la innovación, la colaboración público-privada y la flexibilidad regulatoria.
En definitiva, la nueva generación de lanzadores europeos está a punto de despegar, y con ello se juega mucho más que la mera capacidad de poner satélites en órbita: está en juego el papel de Europa como actor relevante en la conquista del espacio. Solo el tiempo dirá si la apuesta por el talento y la tecnología propios será suficiente para mantener a Europa en la vanguardia de la exploración espacial.
(Fuente: SpaceNews)
