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La galaxia Circinus revela nuevos secretos sobre su agujero negro supermasivo

La galaxia Circinus revela nuevos secretos sobre su agujero negro supermasivo

En el vasto universo, la galaxia Circinus se ha convertido recientemente en el centro de atención para astrónomos y astrofísicos de todo el mundo. Situada a unos 13 millones de años luz de la Tierra, esta galaxia espiral activa alberga un núcleo galáctico excepcionalmente energético dominado por un agujero negro supermasivo cuya influencia sigue modelando el destino de la galaxia. Recientes observaciones, apoyadas tanto por telescopios espaciales como por instrumentos terrestres, están revolucionando nuestra comprensión sobre los procesos que ocurren en las regiones más cercanas a estos colosos cósmicos.

La galaxia Circinus fue descubierta en 1977, pero debido a su proximidad al plano de la Vía Láctea y la densa acumulación de polvo interestelar, su estudio ha permanecido durante décadas en un relativo segundo plano. Sin embargo, su núcleo activo, clasificado como Seyfert tipo II, ha despertado un renovado interés gracias a la capacidad de los telescopios modernos para observar en longitudes de onda del infrarrojo y rayos X, que penetran el velo de polvo que oscurece la visión en luz visible.

El agujero negro supermasivo de Circinus, con una masa estimada de varios millones de veces la del Sol, es el motor de fenómenos extremos. La materia que cae en espiral hacia el horizonte de sucesos se calienta a temperaturas inimaginables, generando potentes emisiones de energía y alimentando flujos de materia que emergen a velocidades relativistas, es decir, cercanas a la velocidad de la luz.

Hasta hace poco, se pensaba que la principal fuente de luz infrarroja en el entorno inmediato del agujero negro procedía de estos descomunales «outflows» o chorros de materia, que transportan gas y polvo supercalentados lejos del núcleo. Sin embargo, nuevos estudios basados en datos del telescopio espacial Hubble y del satélite de rayos X Chandra han permitido a los científicos analizar en mayor detalle la estructura de la región central de Circinus.

Estos análisis han revelado que una parte significativa de la radiación infrarroja no proviene exclusivamente de los outflows, sino también de un anillo de polvo y gas que rodea el agujero negro, conocido como toroide. Este toroide actúa como un escudo que absorbe y reemite la radiación en el infrarrojo, ocultando el núcleo activo en ciertas longitudes de onda y permitiendo a los astrónomos estudiar cómo interactúa el agujero negro con su entorno.

El estudio de Circinus es crucial para comprender la evolución de las galaxias activas. Los procesos que ocurren cerca del agujero negro, como la eyección de materia y la radiación de alta energía, pueden regular la formación de nuevas estrellas e influir en la dinámica del gas interestelar. De hecho, se considera que la retroalimentación de los agujeros negros supermasivos es un factor esencial para explicar la relación observada entre la masa de estos objetos y las propiedades globales de las galaxias que los albergan.

Este avance en la comprensión de la radiación infrarroja de Circinus llega en un momento en que la astronomía de vanguardia está experimentando una auténtica revolución. La NASA, la ESA y otras agencias espaciales internacionales, junto a empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, están impulsando una nueva era de exploración astronómica. Los telescopios de última generación, como el recientemente lanzado James Webb Space Telescope, permitirán estudiar con un detalle sin precedentes las regiones polvorientas que rodean los núcleos galácticos activos, incluyendo la galaxia Circinus.

Mientras tanto, en España, la empresa PLD Space ha realizado avances significativos en el desarrollo de lanzadores reutilizables, lo que promete facilitar el acceso al espacio y la colocación de nuevos instrumentos de observación. Virgin Galactic, por su parte, continúa preparando vuelos suborbitales que podrían, en un futuro próximo, transportar a científicos y sus experimentos directamente a la frontera del espacio.

El estudio de exoplanetas y la búsqueda de vida fuera del Sistema Solar también se benefician de estos avances tecnológicos. Los métodos y tecnologías desarrollados para el análisis de núcleos galácticos activos, como el de Circinus, se aplican también a la caracterización de atmósferas planetarias y al análisis de las condiciones físicas en entornos extremos.

En conclusión, la galaxia Circinus, con su agujero negro supermasivo y su entorno dinámico, se consolida como un laboratorio natural para explorar los límites de la física y la astrofísica. Los nuevos hallazgos sobre la verdadera naturaleza de la radiación infrarroja en su núcleo activo son un ejemplo más de cómo la colaboración internacional y la innovación tecnológica continúan desvelando los misterios más profundos del cosmos.

(Fuente: NASA)