La energía nuclear despega: el renacimiento atómico impulsa la carrera espacial

El sector espacial mundial está inmerso en lo que muchos ya denominan un “renacimiento nuclear”, una nueva ola de innovación y demanda que promete cambiar radicalmente el panorama tanto en la Tierra como fuera de ella. Si bien la energía atómica ha sido durante décadas un pilar fundamental en ciertas aplicaciones científicas y militares, su renovado protagonismo responde ahora a dos grandes motores: el auge de los pequeños reactores nucleares modulares para infraestructuras digitales terrestres y el desarrollo de reactores eléctricos nucleares para la exploración lunar y planetaria.
El caso terrestre: servidores y centros de datos alimentados por átomos
La digitalización masiva, impulsada por la inteligencia artificial, el crecimiento del cloud computing y el Internet de las Cosas, ha disparado la demanda energética de los centros de datos y servidores. Las grandes tecnológicas, ante el reto de garantizar un suministro constante, sostenible y seguro, están apostando por pequeños reactores nucleares modulares (SMR, por sus siglas en inglés). Estas instalaciones, mucho más compactas y versátiles que las centrales nucleares tradicionales, prometen suministrar energía limpia, sin emisiones de carbono, y con un control y escalabilidad sin precedentes.
Empresas como Microsoft y Amazon han mostrado su interés en soluciones nucleares para alimentar sus infraestructuras, mientras que startups del sector energético, junto con gigantes como Rolls-Royce y Westinghouse, ya compiten en una carrera por desarrollar SMR comerciales competitivos antes de 2030. Los expertos prevén que, a partir de 2026, la integración de la energía nuclear en la nube podría convertirse en una realidad a gran escala, reduciendo la dependencia de combustibles fósiles y mejorando la resiliencia de los sistemas digitales globales.
La apuesta espacial: reactores eléctricos en la Luna y Marte
Pero el verdadero salto cualitativo del renacimiento nuclear se está produciendo fuera de la Tierra. Tanto la NASA como agencias privadas y públicas de todo el mundo, incluyendo la ESA europea, Roscosmos rusa y la CNSA china, consideran que la energía nuclear es la clave para la presencia humana sostenible en la Luna y, a medio plazo, en Marte.
La NASA, en colaboración con el Departamento de Energía de Estados Unidos, está desarrollando el programa Fission Surface Power, cuyo objetivo es desplegar un reactor nuclear de fisión de 40 kilovatios en la superficie lunar antes de 2030. Este sistema permitirá suministrar energía constante a las futuras bases lunares, independientemente de las largas noches de dos semanas del satélite y de las condiciones extremas. Además, la energía nuclear facilitará la producción de oxígeno, el procesamiento de regolito y la generación de combustible in situ, elementos esenciales para la exploración y colonización lunar.
En paralelo, la propulsión nuclear también está ganando terreno frente a los tradicionales cohetes químicos. La NASA y la agencia de proyectos DARPA impulsan el desarrollo de la propulsión térmica nuclear (NTP), que podría reducir a la mitad el tiempo de viaje hasta Marte, haciendo viable la exploración tripulada del planeta rojo.
El papel de la industria privada: SpaceX, Blue Origin y la nueva frontera
El creciente interés por la energía nuclear también ha captado la atención de los grandes actores privados del nuevo espacio. SpaceX, la compañía de Elon Musk, estudia la viabilidad de reactores compactos para alimentar bases en Marte y proporcionar energía a largo plazo a sus misiones extraplanetarias. Blue Origin, de Jeff Bezos, no se queda atrás y está invirtiendo en tecnologías de propulsión nuclear para sus futuros vehículos de exploración profunda.
Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, no ha anunciado planes nucleares, pero el auge de la energía atómica plantea grandes oportunidades para empresas que quieran extender su actividad más allá de la órbita baja terrestre. De igual modo, empresas europeas como PLD Space, que recientemente ha realizado con éxito el lanzamiento del cohete MIURA 1 desde Huelva, observan con interés las posibilidades que la energía nuclear puede ofrecer tanto a nivel de propulsión como de soporte energético en futuras misiones a la Luna o Marte.
Exoplanetas y futuras misiones: la energía nuclear como habilitador
La exploración de exoplanetas y el estudio de mundos lejanos también se beneficiarán de este renacimiento nuclear. Los generadores termoeléctricos de radioisótopos, ya empleados en sondas como Voyager, Curiosity o Perseverance, serán reemplazados o complementados por reactores nucleares avanzados, capaces de suministrar energía durante décadas en entornos hostiles, mucho más allá del alcance de la energía solar.
En definitiva, la convergencia entre la demanda terrestre y el desafío de la exploración espacial ha colocado a la energía nuclear en el centro de la agenda tecnológica global. Lejos de los recelos del pasado, la fusión de innovación, regulación y necesidad energética augura que el “renacimiento nuclear” no solo no tiene fecha de caducidad, sino que será la pieza clave de la presencia humana en el espacio durante las próximas décadas.
El futuro de la exploración y la infraestructura digital parece más atómico que nunca, marcando una nueva era para la Humanidad en la Tierra y más allá.
(Fuente: SpaceNews)
