2025 iguala a 2023 como uno de los años más cálidos, pero 2024 sigue siendo el récord histórico de calor

El monitoreo de la temperatura global terrestre revela que el año 2025 ha igualado a 2023 en cuanto a temperaturas elevadas, según el último análisis de los científicos de la NASA. Aunque los registros muestran que 2025 fue ligeramente más cálido que 2023, la diferencia entra dentro del margen de error estadístico, lo que permite considerar ambos años como prácticamente idénticos en términos de temperatura media global. Sin embargo, el año 2024 se mantiene, desde el inicio de las mediciones en 1880, como el año más caluroso jamás registrado.
La NASA, a través del Instituto Goddard de Estudios Espaciales (GISS), realiza un seguimiento minucioso de la evolución de la temperatura planetaria. Utilizando datos procedentes de miles de estaciones meteorológicas distribuidas por todo el globo, así como mediciones satelitales y marítimas, los científicos han podido determinar que la temperatura media global de la superficie terrestre y oceánica en 2025 se situó apenas unas centésimas de grado por encima de la de 2023. Sin embargo, esta diferencia es demasiado pequeña para considerarla significativa desde el punto de vista estadístico.
El año 2024, por su parte, rompió todos los registros previos, superando en varias décimas la media observada en los años anteriores. Los científicos atribuyen este aumento sin precedentes en la temperatura a una combinación de factores climáticos, entre ellos la intensificación del fenómeno de El Niño en el Pacífico, así como la persistente acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre. Esta tendencia al alza de las temperaturas es motivo de profunda preocupación entre la comunidad científica, al estar relacionada directamente con el incremento de eventos climáticos extremos y el deshielo acelerado de los polos.
A lo largo de los últimos años, la evolución de la temperatura global ha sido objeto de atención internacional, no solo por sus implicaciones medioambientales, sino también por su impacto en la planificación de misiones espaciales. La NASA y otras agencias, como la Agencia Espacial Europea (ESA) o la Agencia Japonesa de Exploración Aeroespacial (JAXA), han intensificado el desarrollo de satélites de observación terrestre, como los de la serie Sentinel o Landsat, que permiten monitorizar con precisión los cambios en la temperatura, la composición atmosférica y la dinámica de los océanos.
El aumento de la temperatura media global también ha generado inquietud en el sector privado, especialmente entre compañías como SpaceX, Blue Origin o Virgin Galactic. Estas empresas, dedicadas principalmente al lanzamiento de satélites y al desarrollo del turismo espacial, dependen en gran medida de condiciones atmosféricas estables para sus operaciones. Cambios repentinos en la climatología pueden afectar tanto a la seguridad de los lanzamientos como a la integridad de los vehículos espaciales.
En este sentido, SpaceX ha invertido en sistemas de predicción meteorológica avanzados para sus plataformas de lanzamiento, especialmente en Florida y California, donde el clima puede ser especialmente variable. Blue Origin, por su parte, ha colaborado con la NASA en la implementación de sensores atmosféricos de alta precisión a bordo de cohetes suborbitales, con el objetivo de recopilar datos en tiempo real que puedan ser utilizados tanto para la investigación científica como para la mejora de la seguridad durante las misiones.
La implicación de la industria espacial en el estudio del clima terrestre no se limita solo a la observación de la atmósfera. Empresas como la española PLD Space, que recientemente ha realizado pruebas exitosas de su cohete MIURA 5, están explorando nuevas tecnologías para reducir la huella de carbono de sus lanzamientos. Este tipo de iniciativas reflejan la creciente conciencia del sector aeroespacial sobre la necesidad de limitar el impacto ambiental de sus actividades.
Por otro lado, el continuo calentamiento global está influyendo también en la investigación de exoplanetas y la búsqueda de condiciones habitables fuera de la Tierra. Misiones como el telescopio espacial James Webb de la NASA han intensificado la búsqueda de planetas con atmósferas templadas, conscientes de la importancia de comprender los límites de la vida en condiciones extremas. Los datos sobre el cambio climático terrestre sirven de referencia para interpretar las características de mundos distantes.
En definitiva, el reciente informe de la NASA confirma que el planeta sigue inmerso en una tendencia de calentamiento sostenido, con el año 2025 empatando con 2023 como uno de los años más cálidos registrados, mientras que 2024 se mantiene como el año más caluroso hasta la fecha. Este fenómeno, además de suponer un reto para la humanidad, está impulsando la colaboración entre agencias espaciales y la industria privada en la búsqueda de soluciones tecnológicas tanto para la observación como para la mitigación de los efectos del cambio climático. La carrera espacial, ahora más que nunca, se entrelaza con la protección del planeta que nos da cobijo.
(Fuente: NASA)
