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Los incendios forestales del norte aumentan en frecuencia y extensión por el cambio climático

Los incendios forestales del norte aumentan en frecuencia y extensión por el cambio climático

Los incendios forestales en las regiones boreales del planeta están experimentando un cambio preocupante en los últimos años. Imágenes satelitales recientes revelan que estos fuegos, antes esporádicos y localizados, están aumentando tanto en frecuencia como en extensión, impulsados en gran medida por el calentamiento global. Este fenómeno no solo amenaza vastas extensiones de bosques y tundras, sino que también pone en riesgo comunidades humanas y ecosistemas únicos.

El incremento de las temperaturas medias ha tenido un impacto directo en los patrones meteorológicos de las zonas boreales, como Canadá, Alaska, Siberia y Escandinavia. Estas áreas, tradicionalmente frías y húmedas, están experimentando veranos más cálidos y secos, condiciones ideales para la propagación de incendios. A esto se suma el aumento de las tormentas eléctricas en latitudes más altas, un factor crítico ya que la mayoría de los grandes incendios boreales se originan por la caída de rayos sobre la vegetación reseca.

La tecnología satelital, una herramienta clave para la observación de la Tierra, ha sido fundamental para documentar esta tendencia. Instrumentos como los sensores MODIS y VIIRS, a bordo de satélites de la NASA, permiten monitorizar en tiempo real la aparición y el desarrollo de fuegos en todo el planeta. Las imágenes recogidas durante la última década muestran claramente cómo las zonas afectadas por incendios en el norte se han multiplicado y expandido. En 2023, por ejemplo, Canadá vivió la temporada de incendios más devastadora de su historia, con más de 18 millones de hectáreas arrasadas, una superficie equivalente a toda Andalucía y Castilla-La Mancha juntas.

El aumento de incendios en regiones boreales tiene consecuencias globales. Estos bosques, que almacenan grandes cantidades de carbono en forma de biomasa y suelos de permafrost, liberan enormes cantidades de dióxido de carbono y metano al arder, amplificando así el efecto invernadero y acelerando el cambio climático. Además, el humo generado viaja miles de kilómetros, afectando la calidad del aire en ciudades lejanas y contribuyendo a problemas de salud pública.

La comunidad científica internacional sigue con atención esta evolución. La NASA, a través de misiones como Earth Observing System (EOS) y los satélites Landsat, colabora en el seguimiento de estos incendios y sus impactos ambientales. Por su parte, la Agencia Espacial Europea (ESA) utiliza sus satélites Sentinel para complementar los datos y mejorar los modelos de predicción de fuegos. Incluso empresas privadas como Planet Labs y Maxar Technologies están facilitando imágenes de alta resolución para los equipos de emergencia y los investigadores.

En paralelo, SpaceX y Blue Origin, aunque centradas en el transporte espacial y la exploración, han mostrado interés en desarrollar tecnologías de observación terrestre que podrían aplicarse en la detección temprana de incendios. SpaceX, con la constelación Starlink, está facilitando comunicaciones en tiempo real en áreas remotas, mejorando la coordinación de los servicios de emergencia. Blue Origin, por su parte, estudia nuevas formas de recopilar datos atmosféricos con cargas útiles experimentales en sus lanzamientos suborbitales.

Empresas emergentes como la española PLD Space, dedicada a lanzar pequeños satélites, también juegan un papel relevante. Sus cohetes reutilizables permitirán en un futuro cercano desplegar rápidamente satélites de observación para monitorizar catástrofes naturales, incluyendo incendios forestales, desde el espacio. Virgin Galactic, aunque centrada en el turismo suborbital, participa en proyectos de recogida de datos ambientales durante sus vuelos, contribuyendo al conocimiento de la atmósfera y la dinámica del clima terrestre.

El papel de la tecnología satelital es cada vez más crucial. Los datos recogidos permiten no solo cartografiar el alcance de los incendios, sino también analizar la recuperación de los ecosistemas y predecir futuras temporadas de riesgo. La información generada alimenta modelos de simulación climática, esenciales para diseñar estrategias de mitigación y adaptación frente a los efectos del cambio climático.

En definitiva, los incendios boreales han dejado de ser un fenómeno aislado para convertirse en un desafío global. El avance de la tecnología espacial, tanto pública como privada, será determinante para comprender, combatir y adaptarnos a este nuevo escenario, donde el fuego amenaza con transformar los paisajes del norte de manera irreversible.

(Fuente: NASA)