Doble revés para el programa espacial chino: fallan los lanzamientos de Larga Marcha 3B y Ceres-2

El sector espacial chino ha sufrido un duro golpe este viernes tras producirse dos fracasos consecutivos en sendos lanzamientos, que han supuesto la pérdida de un satélite clasificado y el fiasco del vuelo inaugural de un nuevo vector privado. Estos incidentes, que han sacudido tanto al programa estatal como a la incipiente industria privada del país asiático, llegan en un momento en el que China busca consolidarse como una de las principales potencias espaciales mundiales.
El primero de los incidentes tuvo lugar en el Centro de Lanzamiento de Satélites de Xichang, en la provincia suroccidental de Sichuan. A bordo de un cohete Larga Marcha 3B, una de las lanzaderas más veteranas y fiables de la Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China (CASC), viajaba un satélite de la serie Shijian, cuyo propósito y características concretas no han trascendido, dada su naturaleza confidencial. Según la información oficial publicada por la agencia espacial china, el lanzador experimentó una anomalía poco después del despegue, que impidió que la carga útil alcanzara la órbita prevista. Los restos del cohete y el satélite cayeron finalmente en una zona despoblada, sin causar daños personales.
El Shijian, cuyo nombre significa literalmente “práctica”, es una serie de satélites experimentales que China utiliza para validar nuevas tecnologías en el espacio, incluyendo sistemas de navegación, telecomunicaciones militares y sensores de inteligencia. Aunque Pekín no suele ofrecer detalles sobre la naturaleza exacta de estos aparatos, la pérdida de este satélite supone un contratiempo importante para el desarrollo de capacidades tecnológicas avanzadas.
Este accidente es especialmente significativo porque el Larga Marcha 3B ha sido hasta ahora uno de los caballos de batalla del programa espacial chino. Desde su primer vuelo en 1996, este lanzador ha ejecutado más de 80 misiones, transportando tanto satélites civiles como militares, y sirviendo de pilar para la construcción de la constelación Beidou, el sistema de posicionamiento global chino. Sin embargo, en los últimos años, el envejecimiento de la flota y la presión por incrementar la cadencia de lanzamientos parecen estar poniendo a prueba la fiabilidad de estos vehículos.
El segundo fracaso de la jornada tuvo lugar pocas horas después, protagonizado en este caso por la compañía privada Galactic Energy. La empresa, una de las startups más prometedoras del pujante sector espacial chino, pretendía debutar en el mercado de lanzadores medianos con el primer vuelo de su cohete Ceres-2, diseñado para competir en el segmento de cargas comerciales y misiones en órbita baja. Sin embargo, el lanzamiento terminó en desastre cuando el cohete experimentó una anomalía durante la fase inicial del ascenso, lo que impidió que alcanzase la velocidad y altitud necesarias para poner en órbita su carga útil.
El Ceres-2 representa uno de los primeros intentos serios de la industria privada china de fabricar cohetes medianos capaces de transportar satélites de hasta una tonelada de peso a órbitas sincrónicas al sol. Frente a la competencia internacional, liderada por empresas como SpaceX con su Falcon 9 y Rocket Lab con su Electron, la tecnología de Galactic Energy aún se encuentra en una fase incipiente. Este revés, aunque previsible dada la complejidad de los vuelos inaugurales, pone de manifiesto los retos a los que se enfrenta el sector privado chino para alcanzar el nivel de fiabilidad y eficiencia de sus homólogos estadounidenses y europeos.
Estos incidentes contrastan con el ritmo imparable de lanzamientos que SpaceX está manteniendo en 2024, con más de sesenta misiones exitosas en lo que va de año, y con los recientes hitos de Blue Origin y la NASA, que continúan impulsando la exploración lunar y la puesta en órbita de nuevas constelaciones de satélites. Mientras tanto, Europa sigue avanzando con el desarrollo del Ariane 6 y España ha logrado notoriedad gracias a PLD Space, cuya reutilización del lanzador Miura 1 ha marcado un hito para la industria aeroespacial nacional. Por su parte, Virgin Galactic prosigue con sus vuelos suborbitales turísticos, abriendo el espacio a un público más amplio, mientras que el descubrimiento de exoplanetas sigue creciendo gracias a misiones de la ESA y la NASA como CHEOPS y TESS.
El doble fracaso chino de este viernes subraya la dificultad inherente a las operaciones espaciales y la importancia de la experiencia y la robustez tecnológica. Si bien estos contratiempos supondrán una revisión a fondo de los procedimientos y tecnologías chinas, también servirán para fortalecer la disciplina y el espíritu de superación en un sector que no deja de evolucionar. El futuro del acceso al espacio pasa, irremediablemente, por la mejora continua y la colaboración entre actores públicos y privados, tanto en China como en el resto del mundo.
(Fuente: SpaceNews)
