Starfish Space gana contrato clave para retirar satélites de la constelación militar de EE.UU.

La proliferación de satélites en órbita baja terrestre ha impulsado la aparición de nuevas soluciones tecnológicas para gestionar el final de la vida útil de estos dispositivos. En este contexto, la empresa estadounidense Starfish Space ha conseguido un contrato trascendental con la Space Development Agency (SDA), la agencia estadounidense encargada de desarrollar constelaciones de satélites para misiones de defensa, como la detección de misiles y comunicaciones seguras. Este acuerdo marca un punto de inflexión para los servicios de desorbitado y retirada activa de satélites, que hasta ahora se consideraban experimentales o marginales, y que empiezan a formar parte de la estrategia operativa de las grandes constelaciones gubernamentales y comerciales.
Con este contrato, Starfish Space se encargará de retirar de forma segura satélites al final de su vida útil en la constelación de la SDA, que incluye cientos de satélites diseñados para la vigilancia de misiles balísticos y la transmisión de datos críticos entre bases y unidades militares. Según ha trascendido, la SDA está preocupada por el creciente riesgo de colisiones y generación de basura espacial, especialmente en un entorno tan congestionado como la órbita baja terrestre, donde operan también constelaciones comerciales como Starlink de SpaceX, OneWeb o las futuras Kuiper de Amazon y la constelación de comunicaciones segura Iris de la ESA.
La tecnología de Starfish Space se basa en una nave autónoma, conocida como Otter, capaz de realizar maniobras de aproximación y acoplamiento a satélites no cooperativos, es decir, aquellos que no están preparados de fábrica para ser capturados o remolcados. Una vez acoplado, el Otter utiliza su propio sistema de propulsión para modificar la órbita del satélite y llevarlo a una reentrada controlada en la atmósfera terrestre, donde se desintegra de forma segura. Este tipo de operaciones requiere una gran precisión en navegación, control de actitud y gestión de riesgos, pues cualquier error podría desencadenar la fragmentación del satélite y la creación de más escombros espaciales.
La adjudicación de este contrato por parte de la SDA refleja una tendencia creciente en la industria espacial internacional. En los últimos años, los organismos reguladores, como la NASA, la ESA o la propia Administración Federal de Aviación de EE.UU., han endurecido las normativas sobre la retirada de satélites en desuso. El llamado «problema Kessler», que advierte sobre el riesgo de una reacción en cadena de colisiones y basura espacial, ha impulsado la inversión tanto pública como privada en tecnologías de remoción activa.
A nivel global, empresas como Astroscale (Japón y Reino Unido), ClearSpace (Suiza) o D-Orbit (Italia) lideran proyectos similares. En España, la empresa PLD Space se ha centrado principalmente en el lanzamiento de pequeños satélites y vehículos reutilizables, pero el sector nacional sigue con atención la evolución de estos servicios de mantenimiento y retirada en órbita, que podrían ofrecer oportunidades de colaboración en el futuro.
El auge de los servicios de desorbitado se produce en paralelo al crecimiento explosivo de las constelaciones de satélites. SpaceX, por ejemplo, ya supera los 6.000 satélites Starlink en órbita, y planea alcanzar los 12.000 en los próximos años. La compañía de Elon Musk ha desarrollado sistemas propios de propulsión para retirar sus satélites al término de su vida útil, pero la contratación de empresas externas especializadas podría ser una solución para aquellas plataformas que carecen de autonomía suficiente o que han sufrido fallos técnicos.
En el caso de la SDA, la preocupación es aún mayor, dado el carácter estratégico y militar de sus misiones. El mantenimiento de la seguridad operativa y la reducción de riesgos son prioridades absolutas. El contrato con Starfish Space se enmarca dentro de una serie de iniciativas para dotar de mayor resiliencia y sostenibilidad a sus infraestructuras espaciales.
Este avance tiene repercusiones también en la exploración planetaria y la astronomía. El incremento de objetos en la órbita terrestre complica la observación desde telescopios espaciales y terrestres, y aumenta el riesgo para misiones tripuladas, como las previstas por la NASA hacia la Luna (programa Artemis) o Marte. La gestión eficiente del final de vida de los satélites es, por tanto, una cuestión clave para el futuro de la actividad espacial, tanto comercial como científica.
En definitiva, el contrato otorgado a Starfish Space por la SDA no solo representa un reconocimiento a la madurez tecnológica de los sistemas de desorbitado, sino que señala un cambio de paradigma: la retirada activa de satélites pasa a ser una parte esencial de la arquitectura espacial global, tanto para proteger los activos estratégicos como para asegurar la sostenibilidad del espacio cercano a la Tierra. La integración de estos servicios en los programas de defensa y comunicaciones marca el inicio de una nueva era, en la que la basura espacial deja de ser un problema irresoluble y pasa a ser una variable gestionada con precisión y previsión.
(Fuente: SpaceNews)
