La clave de la expansión del universo podría estar en los campos magnéticos primordiales

Un reciente avance teórico en cosmología podría arrojar luz sobre uno de los mayores enigmas actuales en la física: la denominada “tensión de Hubble”, una discrepancia persistente entre las diferentes mediciones de la velocidad a la que se expande el universo. Según la investigación liderada por un cosmólogo de la Simon Fraser University, el estudio de los campos magnéticos primordiales —estructuras que habrían surgido en los primeros instantes tras el Big Bang— podría acercar a la comunidad científica a resolver este misterio fundamental.
La tensión de Hubble hace referencia a la diferencia sistemática entre los valores obtenidos para la constante de Hubble (que mide la tasa de expansión del universo) dependiendo del método utilizado. Por un lado, los datos del fondo cósmico de microondas, captados con exquisita precisión por satélites como el Planck de la Agencia Espacial Europea (ESA), sugieren un valor de alrededor de 67,4 kilómetros por segundo por megapársec. Por otro, las observaciones directas de supernovas y otras fuentes cercanas, lideradas por el telescopio espacial Hubble de la NASA y la ESA, arrojan un valor notablemente superior, en torno a los 73 kilómetros por segundo por megapársec. Esta diferencia, pese a los continuos avances instrumentales y metodológicos, persiste desde hace años y desafía los modelos cosmológicos aceptados.
El nuevo trabajo teórico plantea que la presencia de campos magnéticos en el universo primitivo podría haber influido en la evolución de las fluctuaciones de densidad, modificando así la interpretación de los datos del fondo cósmico de microondas. Si estos campos existieron realmente, habrían dejado huellas sutiles pero detectables en la radiación remanente del Big Bang y, por tanto, podrían estar sesgando las estimaciones actuales de la constante de Hubble derivadas de estos datos.
La historia de la constante de Hubble es tan fascinante como compleja. Edwin Hubble fue el primero en demostrar, en la década de 1920, que el universo se está expandiendo, lo que revolucionó nuestra comprensión del cosmos. Sin embargo, desde entonces, determinar el ritmo exacto de esa expansión se ha convertido en una auténtica carrera tecnológica y científica. Los métodos primarios actuales pueden dividirse en dos grandes familias: la medición “directa”, basada en objetos astronómicos cuya distancia puede determinarse con precisión, y la inferencia “indirecta”, que reconstruye la historia del universo a partir de la radiación cósmica de fondo.
En este contexto, el papel de los campos magnéticos primordiales ha sido tradicionalmente secundario, en parte por la dificultad de detectarlos y modelarlos. Sin embargo, recientes observaciones de telescopios terrestres y espaciales, junto con simulaciones cada vez más potentes, han reavivado el interés por estos campos, que podrían ser responsables de la estructura a gran escala del universo, la formación de galaxias e incluso la asimetría materia-antimateria.
La investigación liderada por el cosmólogo canadiense introduce un marco teórico que incorpora la influencia de estos campos en las ecuaciones que rigen la evolución del universo temprano. Según sus cálculos, la existencia de un campo magnético primordial de intensidad adecuada podría conciliar las discrepancias entre ambos métodos de medición, ajustando el valor “indirecto” de la constante de Hubble y acercándolo al obtenido por observaciones directas.
El debate sobre la tensión de Hubble no es solo un ejercicio académico: una resolución satisfactoria podría tener profundas implicaciones para la física fundamental, incluyendo la naturaleza de la materia y la energía oscuras, e incluso la validez del modelo estándar de la cosmología. Diversas agencias espaciales y empresas privadas, como la NASA, la ESA, SpaceX y Blue Origin, siguen muy de cerca estos avances, pues cualquier cambio en nuestra comprensión del universo afecta al diseño de futuras misiones de exploración, telescopios espaciales y experimentos de astrofísica de partículas.
En paralelo, el auge de la tecnología espacial privada está acelerando el ritmo de los descubrimientos. SpaceX, por ejemplo, ha desplegado una constelación de satélites Starlink que, además de ofrecer conectividad global, están colaborando en la monitorización de eventos astronómicos relevantes para la cosmología. Por su parte, la española PLD Space avanza en el desarrollo de cohetes reutilizables que podrían llevar instrumentos científicos a altitudes suborbitales, contribuyendo a la obtención de nuevos datos sobre el fondo cósmico y los campos magnéticos.
En definitiva, la hipótesis de los campos magnéticos primordiales abre una nueva vía para abordar la tensión de Hubble, un enigma que ha resistido décadas de avances tecnológicos y teóricos. Si futuras observaciones confirman su existencia e impacto, podríamos estar al borde de una revolución en la cosmología moderna, con implicaciones que se extenderán mucho más allá del mundo académico.
(Fuente: SpaceDaily)
