El planeta sufre su tercer año más caluroso: 2025 marca un nuevo récord térmico mundial

La crisis climática vuelve a dejar su huella en la historia del planeta. Durante el año 2025, la Tierra registró su tercer año más caluroso desde que existen datos fiables, según informaron este miércoles investigadores estadounidenses y el Servicio de Cambio Climático Copernicus de la Unión Europea. Este hito confirma una alarmante tendencia: los últimos 11 años han sido los más cálidos jamás anotados, con 2024 en la cúspide de la clasificación y 2023 en el segundo puesto.
El análisis, realizado de manera conjunta entre el organismo europeo Copernicus y el centro de investigación Berkeley Earth, de California, muestra que el calentamiento global sigue acelerándose. Los expertos advierten que no se vislumbran señales de alivio para 2026, año para el que se prevén temperaturas aún más elevadas si persisten los actuales patrones de emisiones y fenómenos naturales como El Niño.
La influencia de la actividad humana
La comunidad científica coincide en que el principal motor de esta subida imparable de las temperaturas es la actividad humana. La quema masiva de combustibles fósiles, como el carbón, el petróleo y el gas, así como la deforestación y la degradación de los ecosistemas, han incrementado la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Este fenómeno retiene el calor que irradia la Tierra y propicia episodios de calor extremo, sequías prolongadas, incendios forestales y huracanes más intensos.
Según los datos publicados, la temperatura media global durante 2025 se situó aproximadamente 1,4 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales. Esta cifra se acerca peligrosamente al umbral de 1,5°C establecido en el Acuerdo de París, cuya superación podría desencadenar consecuencias irreversibles para los ecosistemas y la sociedad humana.
Impacto en el sector aeroespacial
El aumento de las temperaturas también está teniendo efectos directos e indirectos en la industria aeroespacial. Por un lado, el clima extremo complica las operaciones de lanzamiento y el mantenimiento de infraestructuras críticas, como las bases de lanzamiento y los centros de control de misión. Por ejemplo, SpaceX ha tenido que ajustar en varias ocasiones sus calendarios de lanzamiento desde Cabo Cañaveral y Boca Chica debido a tormentas y olas de calor excepcionales.
Por su parte, la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) han intensificado sus programas de observación de la Tierra, utilizando satélites de última generación para monitorizar el deshielo polar, la evolución de los océanos y la deforestación. Misiones como Sentinel-6 de Copernicus y Landsat-9 de la NASA proporcionan datos precisos y en tiempo real sobre la evolución del clima global.
El calentamiento global también afecta a la exploración de otros mundos. La búsqueda de exoplanetas habitables por parte de misiones como TESS y James Webb Space Telescope se apoya en la comprensión de cómo la atmósfera de la Tierra responde a los cambios de temperatura y composición, para extrapolar estos conocimientos a planetas lejanos. Así, el estudio del clima terrestre contribuye a afinar los criterios de habitabilidad y a identificar posibles oasis de vida más allá del Sistema Solar.
Respuestas tecnológicas y nuevos desafíos
Empresas privadas como Blue Origin y Virgin Galactic, además de la española PLD Space, están empezando a considerar la sostenibilidad ambiental en sus operaciones y desarrollos. Blue Origin, por ejemplo, ha anunciado su compromiso de reducir la huella de carbono de sus motores de cohete y de invertir en proyectos de reforestación y captura de carbono. Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, estudia alternativas para minimizar las emisiones derivadas de sus vuelos.
PLD Space, por su parte, se ha convertido en una referencia europea en el lanzamiento de pequeños satélites, apostando por el uso de combustibles menos contaminantes y el reciclaje de componentes en sus vehículos Miura. Esta sensibilidad ambiental es cada vez más relevante en un sector presionado por regulaciones internacionales y la necesidad de operar bajo parámetros responsables.
En paralelo, la comunidad científica presiona para que los gobiernos y las grandes corporaciones aceleren la transición hacia energías renovables y adopten medidas urgentes para mitigar el cambio climático. El consenso es claro: la ventana de oportunidad para evitar los peores efectos del calentamiento global se estrecha cada año.
Un futuro incierto pero con margen para la acción
El informe anual de Copernicus y Berkeley Earth actúa como una llamada de atención global. Aunque los datos son preocupantes, aún existe margen para la acción si se toman decisiones valientes y coordinadas a escala internacional. La tecnología espacial, con su capacidad de observación y monitorización, juega un papel fundamental en la lucha contra el cambio climático, aportando información crítica para la toma de decisiones.
En este contexto, la industria espacial, tanto pública como privada, se perfila como un actor clave no solo en la exploración del cosmos, sino también en la protección del planeta que habitamos. El desafío es enorme, pero la innovación y el compromiso colectivo abren la puerta a una posible reversión de la tendencia si se actúa con determinación.
(Fuente: SpaceDaily)
