Descubren en el regolito lunar nuevas pistas sobre el origen del agua en la Tierra

Un reciente estudio de la NASA, basado en el análisis detallado de muestras de suelo lunar recogidas durante las misiones Apollo, ha arrojado nueva luz sobre la historia de impactos de meteoritos en la Luna y su relación con la llegada de agua tanto a nuestro satélite como a la propia Tierra. Los resultados, que suponen un avance en la comprensión del origen del agua en nuestro planeta, delimitan el papel que los meteoritos pudieron desempeñar en este proceso y ayudan a precisar en qué momento histórico pudo producirse dicho aporte.
El enigma del agua terrestre
Desde hace décadas, el origen del agua en la Tierra ha sido objeto de intensos debates científicos. Aunque la hipótesis dominante sostenía que el agua se formó junto con el planeta, investigaciones más recientes apuntan a que una parte significativa pudo llegar gracias a impactos de meteoritos y cometas ricos en volátiles. Sin embargo, cuantificar la cantidad de agua que estos cuerpos celestes podrían haber traído, así como el momento exacto de su llegada, ha sido complicado debido a la falta de registros geológicos terrestres tan antiguos.
La Luna como testigo privilegiado
La superficie lunar, desprovista de atmósfera y de procesos erosivos intensos, conserva huellas casi inalteradas de los impactos ocurridos en el sistema Tierra-Luna hace miles de millones de años. Las muestras del regolito lunar, recogidas por los astronautas de las misiones Apollo entre 1969 y 1972, constituyen una cápsula del tiempo que permite estudiar con precisión la frecuencia y magnitud de las colisiones con meteoritos y asteroides.
En este nuevo estudio, científicos de la NASA han examinado la composición química y las estructuras isotópicas de dichas muestras, centrándose en los rastros de agua y otros compuestos volátiles atrapados en los granos de mineral. Los análisis han permitido reconstruir la cronología de los impactos y estimar la cantidad de agua que pudieron aportar los meteoritos a la superficie lunar, y por extensión, a la Tierra.
Limitando el aporte meteorítico
Los resultados del equipo de investigación indican que la mayoría de los grandes impactos que podrían haber suministrado agua ocurrieron en las primeras etapas de la historia lunar, hace más de 3.900 millones de años, durante el llamado Bombardeo Intenso Tardío. Tras ese periodo, tanto la frecuencia como la intensidad de los impactos disminuyeron drásticamente. Por tanto, el estudio establece un límite superior a la cantidad de agua que los meteoritos pudieron haber entregado a la Tierra en épocas posteriores, sugiriendo que la mayor parte del agua terrestre llegó antes de los últimos grandes impactos.
Este descubrimiento es clave para comprender no solo la evolución geológica y atmosférica de nuestro planeta, sino también la aparición de condiciones aptas para la vida. Además, refuerza la idea de que la Luna y la Tierra compartieron un entorno dinámico de bombardeo que pudo ser determinante en la configuración de ambos cuerpos.
Repercusiones en la exploración espacial
El estudio tiene implicaciones directas para futuras misiones lunares, tanto tripuladas como robóticas. Programas como el Artemis de la NASA, que planea regresar astronautas a la superficie lunar en los próximos años, podrán aprovechar estos datos para seleccionar con mayor precisión los lugares de muestreo y las zonas de interés científico. A nivel internacional, la exploración lunar cobra cada vez más fuerza, como demuestra el reciente éxito de la misión Chandrayaan-3 de la India y el creciente interés de China, Rusia y la Agencia Espacial Europea en la utilización de recursos lunares.
Un contexto global de investigación
El avance coincide con una intensa actividad en el sector espacial privado y público. SpaceX continúa con el desarrollo de su nave Starship, destinada a misiones lunares y marcianas, mientras que Blue Origin y Virgin Galactic siguen apostando por el turismo espacial y la innovación en lanzadores reutilizables. En Europa, la empresa española PLD Space ha debutado con éxito en el lanzamiento de cohetes suborbitales, abriendo la puerta a una nueva generación de vehículos comerciales.
Por su parte, la búsqueda de exoplanetas y el estudio de sus atmósferas, impulsados por telescopios como el James Webb y la misión TESS, ayuda a contextualizar los hallazgos sobre la presencia de agua en otros mundos, subrayando la importancia de comprender los mecanismos de entrega de agua en los sistemas planetarios.
En definitiva, el análisis de las muestras lunares obtenidas por las misiones Apollo no solo aporta datos fundamentales para descifrar el pasado de la Tierra y la Luna, sino que también allana el camino para futuras investigaciones que podrían responder a una de las preguntas más antiguas de la humanidad: ¿cómo llegó el agua, y con ella la vida, a nuestro planeta?
(Fuente: NASA)
