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La tecnología espacial desvela la huella digital de los plásticos: hacia un seguimiento global de la contaminación

La tecnología espacial desvela la huella digital de los plásticos: hacia un seguimiento global de la contaminación

El avance de la ciencia espacial ha abierto una nueva frontera en la lucha contra la contaminación por plásticos y otros residuos flotantes, una amenaza creciente para ecosistemas terrestres y marinos. En un hito sin precedentes, investigadores lograron en 2025 detectar concentraciones de contaminación plástica en tierra firme empleando el sensor EMIT (Earth Surface Mineral Dust Source Investigation) de la NASA, instalado a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS). Este logro marca el inicio de una nueva era en la monitorización ambiental desde el espacio, con implicaciones que ya empiezan a inspirar a la comunidad científica marina.

El sensor EMIT fue originalmente desarrollado para cartografiar la composición mineral del polvo terrestre y su impacto en el clima global. Sin embargo, su sensibilidad espectral ha permitido identificar la presencia de plásticos gracias a las «huellas digitales» únicas que estos materiales dejan en el espectro electromagnético. Cada tipo de plástico refleja la luz de manera característica en determinadas longitudes de onda, y el EMIT puede diferenciar estas firmas espectrales con gran precisión.

Este avance supone un salto cualitativo respecto a los métodos tradicionales de detección de residuos plásticos, que dependían en gran medida de observaciones directas, muestreos físicos en campo o imágenes satelitales de baja resolución. Ahora, gracias a la tecnología hiperespectral del EMIT, es posible distinguir incluso pequeñas acumulaciones de plástico desde la órbita baja terrestre, abriendo la puerta a una cartografía global y sistemática de la contaminación.

El impacto de este descubrimiento ha sido inmediato en la comunidad investigadora marina, que lleva años luchando contra el flagelo de los residuos plásticos en los océanos. Científicos de instituciones internacionales y agencias como la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) trabajan ahora en adaptar esta tecnología para rastrear plásticos flotantes en mares y ríos, donde la identificación es aún más compleja debido a las variaciones de color, oleaje y la presencia de materiales orgánicos. El objetivo es desarrollar una suerte de «huella espectral» que permita diferenciar microplásticos y macroplásticos en entornos acuáticos con la misma precisión que en tierra.

SpaceX y Blue Origin, aunque más enfocados en el transporte espacial y la exploración, han mostrado interés en aplicar sus plataformas de satélites para misiones de monitoreo ambiental, colaborando con organismos públicos y privados para desplegar instrumentación avanzada en órbita. La proliferación de constelaciones de satélites, como Starlink, podría ofrecer infraestructuras de bajo coste para la transmisión de datos en tiempo real, facilitando la integración de sensores hiperespectrales similares al EMIT en futuras misiones de observación terrestre.

Por su parte, la NASA planea mejorar la resolución y cobertura del sensor EMIT en próximas actualizaciones, mientras que la ESA prepara el lanzamiento de nuevos instrumentos específicos para la detección de residuos plásticos en colaboración con centros europeos de investigación medioambiental. Estas iniciativas se suman a los esfuerzos de agencias emergentes como la española PLD Space, que, aunque centrada en el desarrollo de lanzadores reutilizables como el Miura 5, explora la posibilidad de ofrecer servicios de lanzamiento para pequeños satélites de monitorización ambiental.

El interés por la observación de la Tierra desde el espacio ha ido en aumento en los últimos años, en paralelo al auge de la New Space y la democratización del acceso a la órbita. Empresas como Virgin Galactic y Blue Origin han mostrado su disposición a llevar experimentos científicos y cargas útiles en sus vuelos suborbitales, abriendo nuevas vías para el ensayo de instrumentación avanzada en ambientes espaciales.

En el contexto internacional, agencias como la japonesa JAXA y la india ISRO también han anunciado proyectos para el seguimiento de la contaminación marina y terrestre mediante tecnología espectral y radar, conscientes de la dimensión global del problema. La colaboración entre entidades públicas y privadas será clave para avanzar en la estandarización de los datos y su aplicación en políticas de conservación y limpieza de residuos.

La detección de plásticos desde el espacio representa una herramienta poderosa para la ciencia y la gestión medioambiental. Identificar los focos de contaminación y seguir la deriva de los residuos permitirá no solo cuantificar el problema, sino también evaluar la eficacia de las medidas adoptadas para reducir la entrada de plásticos en los ecosistemas.

El futuro de la monitorización ambiental pasa por la integración de tecnologías avanzadas y la cooperación internacional. El reciente éxito del sensor EMIT de la NASA marca el inicio de una revolución en la observación planetaria, en la que el legado de la exploración espacial se pone al servicio de la protección de la Tierra.

(Fuente: NASA)