Una pequeña chispa desata una tormenta solar: Solar Orbiter capta el origen de una gran erupción

En una observación sin precedentes, la misión Solar Orbiter, liderada por la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con la NASA, ha revelado nuevas claves sobre el origen de las poderosas tormentas solares. Durante su aproximación cercana al Sol el 30 de septiembre de 2024, la sonda captó, con gran detalle, el nacimiento de una intensa fulguración solar. Las imágenes y datos obtenidos por Solar Orbiter muestran que estas violentas erupciones pueden desencadenarse a partir de perturbaciones magnéticas aparentemente débiles, que crecen de manera explosiva, muy al estilo de las avalanchas de nieve en las montañas, donde un pequeño movimiento puede desatar un alud devastador.
Esta revelación supone un avance significativo en la comprensión de cómo se forman las tormentas solares, fenómenos capaces de afectar gravemente las comunicaciones, los sistemas eléctricos y los satélites en la Tierra. Los científicos llevaban décadas sospechando que las grandes fulguraciones solares podían tener un origen modesto, pero hasta ahora no se habían registrado observaciones directas tan detalladas de este proceso.
El instrumento EUI (Extreme Ultraviolet Imager) de Solar Orbiter fue fundamental en esta detección. El EUI captó la evolución de una región activa en la superficie solar, donde se observó una acumulación gradual de energía magnética. Sorprendentemente, fue una pequeña inestabilidad la que actuó como detonante, liberando rápidamente la energía almacenada y dando lugar a una fulguración de gran magnitud. Este proceso, conocido como reconexión magnética, es uno de los mecanismos más energéticos observados en el universo y, hasta ahora, su dinámica exacta en el Sol era un misterio.
Solar Orbiter, lanzado en 2020, es una de las misiones más avanzadas dedicadas al estudio del Sol. Gracias a su órbita elíptica, que le permite acercarse a menos de un tercio de la distancia entre la Tierra y el Sol, la nave puede observar detalles de la atmósfera solar con una resolución sin precedentes. Además, la misión cuenta con la colaboración de la NASA, que aporta instrumentos complementarios y apoyo en el seguimiento de la nave.
La importancia de comprender el origen de las tormentas solares va mucho más allá de la curiosidad científica. Estos eventos pueden lanzar al espacio enormes cantidades de partículas cargadas y radiación, provocando tormentas geomagnéticas en la Tierra. Sus efectos pueden ir desde auroras espectaculares hasta la interrupción de redes eléctricas, sistemas de navegación GPS y comunicaciones por satélite. En un mundo cada vez más dependiente de la tecnología espacial, predecir y mitigar el impacto de estas tormentas es una prioridad para agencias como la ESA y la NASA.
El reciente hallazgo de Solar Orbiter tiene implicaciones directas para la predicción del clima espacial. Si los científicos logran identificar las primeras señales de inestabilidad magnética que pueden desencadenar una gran erupción, será posible anticipar con mayor precisión estos eventos y tomar medidas preventivas. No es casualidad que tanto la ESA como la NASA y otras agencias, como la japonesa JAXA o la india ISRO, hayan incrementado en los últimos años la inversión en misiones dedicadas al estudio del Sol y el clima espacial.
En el ámbito privado, empresas como SpaceX también están muy atentas a estos desarrollos. Los satélites de la red Starlink, por ejemplo, se han visto afectados en varias ocasiones por tormentas solares, sufriendo desde desviaciones orbitales hasta daños en sus sistemas electrónicos. Elon Musk, CEO de SpaceX, ha manifestado en varias ocasiones la necesidad de mejorar la monitorización y la predicción del clima espacial para proteger las megaconstelaciones que orbitan la Tierra.
Mientras tanto, en España, la empresa alicantina PLD Space, pionera en lanzamientos suborbitales, colabora en proyectos de investigación de la ionosfera y la atmósfera superior, precisamente las capas más afectadas por las tormentas solares. Sus futuros lanzadores, como el Miura 5, podrían desempeñar un papel importante en el despliegue de sensores y satélites diseñados para monitorizar estos fenómenos en tiempo real.
Por su parte, la NASA continúa con su misión Parker Solar Probe, que se acerca aún más al Sol que Solar Orbiter. Ambas misiones están ofreciendo datos complementarios que ayudan a construir una visión más completa del entorno solar y sus amenazas. En paralelo, la comunidad científica sigue fascinada por el estudio de exoplanetas y sus estrellas, donde también se observan fulguraciones similares a las solares, lo que influye en la habitabilidad de estos mundos lejanos.
El descubrimiento reciente de Solar Orbiter marca un hito en la exploración solar. La confirmación de que una pequeña perturbación puede desencadenar una tormenta de gran escala refuerza la importancia de la vigilancia continua del Sol y abre nuevas vías para mejorar nuestras capacidades de predicción. A medida que la humanidad avanza hacia una mayor presencia en el espacio, entender y anticipar los caprichos de nuestra estrella se vuelve cada vez más esencial.
(Fuente: SpaceDaily)
