La Niña frena el aumento del nivel del mar en 2025 pese al récord de calentamiento oceánico

El año 2025 ha supuesto una sorpresa para la comunidad científica internacional dedicada al seguimiento del cambio climático. A pesar de que la temperatura de los océanos alcanzó máximos históricos, el incremento del nivel medio del mar a escala global se desaceleró en comparación con el año anterior. La causa principal de este fenómeno ha sido la presencia de un episodio moderado de La Niña, que se prolongó durante la mayor parte del año y provocó un aumento significativo de las precipitaciones sobre la cuenca amazónica.
La Niña es un fenómeno climático que consiste en un enfriamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental, provocando alteraciones en los patrones de circulación atmosférica global. En años de La Niña, se intensifican las lluvias en ciertas regiones tropicales, como la Amazonía, mientras que otras áreas pueden experimentar sequías severas. Este comportamiento contrasta con El Niño, su fenómeno opuesto, que suele estar asociado a un calentamiento de las aguas y a un incremento de la temperatura global.
Durante 2025, las precipitaciones registradas en el Amazonas superaron la media de las últimas décadas, lo que favoreció la retención de grandes volúmenes de agua en el interior del continente sudamericano. Este almacenamiento temporal en suelos, lagos y vegetación actuó como un amortiguador natural frente a la subida de los océanos, ya que parte del agua que normalmente habría fluido hacia el Atlántico permaneció retenida en la cuenca amazónica.
Observaciones satelitales, como las proporcionadas por la misión Sentinel-6 de la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), han permitido cuantificar con precisión los cambios en el nivel del mar, así como rastrear la redistribución de las masas de agua a nivel global. Los datos muestran que, si bien la tendencia al alza del nivel marino continúa siendo preocupante a largo plazo, los años marcados por eventos climáticos extremos pueden alterar transitoriamente su ritmo de incremento.
El papel de los océanos en el cambio climático es fundamental, ya que absorben más del 90% del exceso de calor generado por las emisiones de gases de efecto invernadero. El calentamiento récord de 2025 ha contribuido a la expansión térmica del agua marina, un fenómeno que, junto al deshielo de glaciares y capas de hielo, explica la mayor parte de la subida del nivel del mar en las últimas décadas. No obstante, la influencia de factores como La Niña puede atenuar temporalmente estos efectos, demostrando la complejidad de las interacciones entre la atmósfera, la hidrosfera y la criosfera.
El seguimiento de estos fenómenos depende cada vez más de la colaboración internacional y del avance de la tecnología espacial. La NASA, junto a agencias como la ESA, JAXA (agencia espacial japonesa) y otras, ha desarrollado misiones específicas para monitorizar los cambios climáticos desde el espacio. Proyectos como el GRACE-FO (Recovery and Climate Experiment Follow-On) permiten medir las variaciones del campo gravitatorio terrestre, facilitando la estimación precisa de los flujos de agua dulce y el deshielo en regiones polares.
El impacto del nivel del mar en las zonas costeras es uno de los desafíos ambientales más acuciantes del siglo XXI. Se calcula que millones de personas en todo el mundo viven en áreas vulnerables a inundaciones, especialmente en deltas de grandes ríos y ciudades costeras. La ralentización observada en 2025 ofrece un respiro temporal, pero los expertos advierten que no constituye una solución duradera al problema. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) insiste en que, sin una reducción drástica de las emisiones de CO₂ y otros gases de efecto invernadero, la subida de los océanos continuará acelerándose en las próximas décadas.
Mientras tanto, la exploración espacial y el estudio de exoplanetas también aportan información valiosa sobre la evolución climática de la Tierra. Por ejemplo, la sonda TESS de la NASA y los telescopios de la ESA están identificando mundos lejanos donde las condiciones atmosféricas pueden recordar a episodios como El Niño o La Niña, lo que permite comparar la dinámica terrestre con la de otros planetas. Este enfoque comparativo es clave para comprender mejor los límites y la resiliencia de nuestro propio clima.
En resumen, la desaceleración en la subida del nivel del mar registrada en 2025 es un ejemplo de cómo los sistemas climáticos globales pueden interactuar de manera compleja y, a veces, inesperada. La vigilancia espacial y la cooperación científica internacional son esenciales para anticipar y mitigar los riesgos asociados al cambio climático, que sigue siendo uno de los grandes retos para la humanidad y para el futuro del planeta.
(Fuente: NASA)
