Fracasa la venta de infraestructuras terrestres de Eutelsat y se esfuman 658 millones de dólares

La operadora satelital europea Eutelsat ha anunciado oficialmente la cancelación de la venta de su infraestructura terrestre pasiva a un fondo de capital privado, una operación que se esperaba cerrar en agosto de 2024 y que habría supuesto una inyección de aproximadamente 658 millones de dólares (unos 600 millones de euros). La compañía ha confirmado que las negociaciones no han llegado a buen puerto, dejando en el aire una parte significativa de sus planes financieros para este ejercicio.
Eutelsat había puesto en marcha este proceso de desinversión como parte de una estrategia de optimización de activos ante la transformación del sector de las telecomunicaciones por satélite. La intención era desprenderse de infraestructuras terrestres no esenciales —torres, estaciones de seguimiento, centros de control y otras instalaciones de soporte a las constelaciones satelitales— para centrarse en el núcleo de su negocio: la gestión y explotación de satélites geoestacionarios y, tras su fusión con OneWeb, los servicios de conectividad global mediante constelaciones de órbita baja (LEO).
La venta frustrada, que no ha trascendido a qué fondo privado estaba dirigida, iba a aportar un capital fundamental en un momento de grandes inversiones tecnológicas y competencia creciente. El sector espacial vive una auténtica revolución: el auge de constelaciones como Starlink (SpaceX) y la expansión de nuevos actores como Amazon Kuiper o Telesat están presionando a los operadores históricos a reinventarse y buscar nuevas fuentes de ingresos.
El contexto internacional no ayuda. La ralentización económica global y las incertidumbres geopolíticas han dificultado la financiación en grandes operaciones corporativas, y el sector espacial no es ajeno a este clima de prudencia inversora. La decisión de Eutelsat se suma a otros movimientos recientes en la industria, donde compañías como SES, Intelsat o Inmarsat han optado por alianzas estratégicas, fusiones y ventas de activos para mantener su competitividad ante la irrupción de proyectos privados de gran envergadura.
Nuevos rivales y la era de la conectividad global
SpaceX, con su constelación Starlink, ha cambiado las reglas del juego lanzando miles de satélites en órbita baja y ofreciendo servicios de Internet de alta velocidad en regiones remotas y marítimas. El éxito de Elon Musk ha obligado a los operadores tradicionales a replantear su modelo de negocio y acelerar la digitalización de sus servicios. Eutelsat, tras la integración con OneWeb, aspira a competir en este nuevo mercado con una red híbrida GEO/LEO capaz de ofrecer conectividad global y baja latencia.
Mientras tanto, otras empresas privadas como Blue Origin de Jeff Bezos —centrada en lanzadores y turismo espacial aunque con intereses crecientes en infraestructuras orbitales— y Virgin Galactic, pionera en vuelos suborbitales comerciales, contribuyen a dinamizar el sector y atraer inversiones tecnológicas.
Por su parte, la NASA y las agencias espaciales europeas siguen desempeñando un papel clave, no solo en la exploración científica, sino habilitando infraestructuras críticas para comunicaciones y observación de la Tierra. Los programas Artemis, para el regreso a la Luna, y Copernicus, de monitorización terrestre, requieren una red robusta de estaciones de seguimiento y centros de control, lo que subraya la importancia estratégica de las infraestructuras terrestres que Eutelsat pretendía vender.
El futuro de las estaciones terrestres
Históricamente, las infraestructuras terrestres han sido esenciales para la industria espacial. Desde las primeras estaciones de seguimiento de la NASA en la era Apolo hasta las modernas redes de control de satélites geoestacionarios, estas instalaciones permiten gestionar el tráfico de datos, garantizar la seguridad operativa y maximizar la vida útil de los satélites. Sin embargo, la digitalización y el auge de la computación en la nube están transformando su papel: la tendencia apunta a externalizar servicios y reducir la dependencia de activos físicos propios.
Para Eutelsat, la cancelación de la venta supone un revés, pero también una oportunidad para redefinir su estrategia. Mantener la propiedad de estas infraestructuras podría facilitar la integración de nuevos servicios, como el IoT satelital, la gestión de datos en tiempo real o el apoyo a misiones científicas y comerciales internacionales. Además, en un entorno regulatorio cada vez más exigente, disponer de infraestructuras certificadas en suelo europeo puede ser una ventaja competitiva frente a rivales estadounidenses y asiáticos.
La industria, en cualquier caso, permanece atenta a los próximos movimientos de Eutelsat y sus competidores. Mientras el sector privado sigue marcando el ritmo con lanzamientos récord y nuevas constelaciones, las agencias públicas refuerzan la cooperación internacional y el apoyo a empresas emergentes. El equilibrio entre inversión en infraestructuras terrestres y despliegue de capacidades orbitales será, sin duda, uno de los grandes retos de la próxima década para la conectividad global.
(Fuente: SpaceNews)
