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El enigma de Mercurio: nuevas huellas de actividad interna desafían su imagen de mundo inerte

El enigma de Mercurio: nuevas huellas de actividad interna desafían su imagen de mundo inerte

Un reciente estudio internacional ha puesto patas arriba la visión tradicional de Mercurio como un planeta seco, inerte y carente de actividad geológica. Investigadores del Centro para el Espacio y la Habitabilidad (CSH) de la Universidad de Berna, en colaboración con el Observatorio Astronómico de Berlín, han identificado cientos de finas bandas luminosas en las laderas de cráteres mercurianos. Estos surcos, observados mediante el minucioso análisis de imágenes captadas por la sonda MESSENGER de la NASA, sugieren un proceso continuo de pérdida de materiales volátiles desde el interior del planeta, lo que implica que Mercurio está lejos de ser un mundo geológicamente muerto.

Mercurio, el planeta más cercano al Sol, ha sido durante décadas considerado una roca estéril y sin apenas dinamismo interno, sobre todo en comparación con la Tierra, Venus o incluso Marte. Sin embargo, la misión MESSENGER, que orbitó Mercurio entre 2011 y 2015, revolucionó este paradigma al revelar una superficie mucho más compleja y activa de lo que se suponía. Entre sus descubrimientos más sorprendentes estaban los denominados «hollows», depresiones poco profundas y de bordes brillantes que, según los científicos, se formaban a partir de la evaporación de sustancias volátiles.

El reciente hallazgo de las bandas lineales luminosas, que se extienden a lo largo de las paredes internas de numerosos cráteres, refuerza esta hipótesis. Los investigadores creen que estas marcas se producen cuando materiales volátiles—compuestos químicos que pueden pasar fácilmente del estado sólido al gaseoso—escapan del subsuelo debido a la erosión o al impacto de meteoritos. Esta pérdida repentina provoca el colapso del terreno circundante y deja al descubierto depósitos de materiales de tonalidad clara, que reflejan la luz solar con intensidad.

El análisis detallado de cientos de estas bandas sugiere que el proceso de degasificación sigue activo en la actualidad, lo que implica que el interior de Mercurio todavía alberga reservas de volátiles. Este resultado es especialmente sorprendente teniendo en cuenta la proximidad del planeta al Sol y las temperaturas extremas que soporta su superficie, factores que deberían haber eliminado hace tiempo la mayor parte de estos compuestos.

Este descubrimiento no solo redefine la imagen de Mercurio, sino que también tiene implicaciones para la comprensión de la evolución de planetas rocosos, tanto en nuestro Sistema Solar como en torno a otras estrellas. El estudio de exoplanetas similares a Mercurio, cada vez más frecuentes gracias a misiones como TESS de la NASA y CHEOPS de la Agencia Espacial Europea (ESA), se beneficia enormemente de estos hallazgos. Si planetas tan cercanos a sus estrellas pueden retener materiales volátiles durante miles de millones de años, las posibilidades de procesos geológicos activos en mundos aparentemente inhóspitos aumentan considerablemente.

A nivel histórico, la exploración de Mercurio ha sido limitada debido a las dificultades técnicas que implica su estudio. La misión MESSENGER, gestionada por la NASA, fue la primera en orbitar el planeta y proporcionó datos esenciales para cambiar nuestra comprensión de su estructura y composición. Ahora, la misión BepiColombo, un esfuerzo conjunto entre la ESA y la agencia espacial japonesa JAXA lanzado en 2018, se encuentra en camino a Mercurio y se espera que, tras su llegada en 2025, ofrezca información aún más detallada sobre la dinámica interna del planeta.

En el contexto de la carrera espacial actual, donde compañías privadas como SpaceX y Blue Origin centran sus esfuerzos en la Luna, Marte y el turismo suborbital, los avances en la investigación planetaria liderados por agencias públicas siguen siendo cruciales para ampliar las fronteras del conocimiento. Mientras SpaceX se prepara para lanzamientos orbitales masivos con Starship y Blue Origin avanza en el desarrollo de su lanzador New Glenn, la exploración de los planetas más cercanos al Sol recuerda la importancia de misiones científicas que profundizan en los misterios de nuestro vecindario cósmico.

En definitiva, la identificación de estas bandas luminosas en Mercurio abre una nueva era en el estudio de los planetas rocosos, subrayando que incluso los mundos aparentemente más áridos pueden esconder secretos bajo su superficie. El futuro análisis de los datos de BepiColombo será clave para confirmar estos procesos y, quizás, para descubrir nuevos fenómenos en el planeta más enigmático del Sistema Solar.

(Fuente: SpaceDaily)