Los colosales propulsores de cohete sólido de Artemis II marcan un hito en la exploración lunar

En el emblemático Centro Espacial Kennedy de Florida, la preparación para una de las misiones más esperadas de la era espacial contemporánea avanza a paso firme. Dos gigantescos propulsores de combustible sólido, fabricados por Northrop Grumman, ya ocupan su lugar en la plataforma de lanzamiento 39B, listos para impulsar el cohete Space Launch System (SLS) de la NASA en la histórica misión Artemis II. Este vuelo, previsto para principios de febrero de 2026, será el primero que llevará astronautas más allá de la órbita terrestre en más de medio siglo, reavivando el espíritu de las expediciones lunares que marcaron la carrera espacial del siglo XX.
Cada uno de los propulsores, con una imponente altura de 54 metros, está diseñado para generar 1,63 millones de kilonewtons de empuje (equivalentes a 3,6 millones de libras de fuerza) durante los cruciales primeros minutos del lanzamiento. Estos motores, de cinco segmentos, representan la versión más potente jamás construida de los legendarios cohetes sólidos que propulsaron los transbordadores espaciales en décadas pasadas, pero han sido modernizados y adaptados para satisfacer los exigentes requisitos de la nueva era Artemis.
El Space Launch System, la apuesta más ambiciosa de la NASA en materia de lanzadores desde Saturn V, es un cohete de nueva generación capaz de transportar tripulación y grandes cargas hacia la Luna y, en el futuro, hacia Marte y destinos más lejanos. La misión Artemis II será una prueba crucial: cuatro astronautas, entre ellos posiblemente la primera mujer y la primera persona afroamericana en viajar más allá de la órbita baja terrestre, rodearán nuestro satélite natural en una trayectoria de retorno libre, sin alunizaje, poniendo a prueba todos los sistemas de la nave Orión y del propio SLS.
Desde un punto de vista técnico, los propulsores de Northrop Grumman son auténticas joyas de la ingeniería. Su diseño modular de cinco segmentos permite transportar cada parte por separado y ensamblarlas verticalmente en la plataforma. El combustible, una mezcla de polvo de aluminio, perclorato de amonio y un aglutinante polimérico, se enciende casi instantáneamente, liberando una energía controlada que catapulta el conjunto fuera de la atmósfera terrestre. Una vez consumido el combustible, los propulsores se separan y caen en el océano, donde en misiones anteriores eran recuperados y reacondicionados; sin embargo, en el SLS no está previsto su reutilización por el momento.
El regreso de los vuelos tripulados a la Luna supone una reedición de los grandes hitos de la carrera espacial, pero con un enfoque radicalmente distinto. La NASA, a través del programa Artemis, pretende establecer una presencia humana sostenible en la superficie lunar, construyendo la infraestructura necesaria para futuras misiones de exploración. Este objetivo ha revitalizado la industria aeroespacial mundial, impulsando la colaboración entre agencias públicas y empresas privadas.
El panorama internacional de la exploración espacial es, a día de hoy, más vibrante que nunca. SpaceX, dirigida por Elon Musk, avanza en el desarrollo de su nave Starship, que será pieza clave para los alunizajes tripulados de Artemis y futuras misiones a Marte. Blue Origin, la compañía de Jeff Bezos, compite con su sistema New Glenn y aspira a ser protagonista en el transporte de carga y tripulación a la órbita lunar. Virgin Galactic, por su parte, sigue apostando por el turismo espacial suborbital, acercando la experiencia de viajar al espacio a clientes privados.
En España, PLD Space ha logrado notoriedad internacional tras el exitoso lanzamiento de su cohete MIURA 1, abriendo camino a una nueva generación de lanzadores europeos ligeros y competitivos. La empresa ilicitana ya trabaja en el MIURA 5, cuyo debut está previsto para los próximos años, y que podría situar a España en la vanguardia de la industria espacial comercial.
Mientras tanto, la búsqueda de exoplanetas habitables sigue cosechando éxitos. Misiones como TESS y CHEOPS, de la NASA y la ESA respectivamente, han identificado cientos de nuevos mundos fuera del sistema solar, algunos con condiciones potencialmente similares a las de la Tierra. La futura misión James Webb, junto con telescopios terrestres de nueva generación, permitirá caracterizar las atmósferas de estos exoplanetas y buscar posibles signos de vida.
El impulso actual en la exploración espacial, tanto a nivel público como privado, apunta hacia una nueva era dorada, en la que la Luna será solo el primer paso de una aventura que, con el tiempo, podría llevarnos a pisar otros mundos. La colocación de los propulsores del SLS en la plataforma 39B marca un hito simbólico: la humanidad está lista para mirar de nuevo hacia nuestro satélite y más allá, con la tecnología y la ambición necesarias para superar los desafíos que nos esperan en el cosmos.
(Fuente: SpaceDaily)
