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Las placas tectónicas son más débiles y flexibles de lo que se creía, según satélites sobre el Himalaya

Las placas tectónicas son más débiles y flexibles de lo que se creía, según satélites sobre el Himalaya

Una investigación pionera que analiza el comportamiento de las placas tectónicas bajo el Himalaya ha revelado que la corteza terrestre es mucho menos rígida y sus fallas son mucho más frágiles de lo que sostenía la comunidad científica. El estudio, basado en datos obtenidos por satélites de observación terrestre, pone en entredicho algunos de los pilares fundamentales sobre la dinámica de las placas continentales y podría modificar los modelos actuales de predicción de terremotos y evolución geológica.

La región del Himalaya y el altiplano tibetano constituye una de las zonas más activas del planeta en términos geológicos. Allí, la placa india colisiona con la placa euroasiática empujando la corteza hacia arriba y formando las montañas más altas del mundo. Hasta ahora, la visión dominante asumía que las placas tectónicas eran estructuras rígidas que transmitían el esfuerzo a través de grandes distancias, fracturándose en zonas concretas, conocidas como fallas, que se consideraban relativamente resistentes.

Sin embargo, la monitorización satelital ha permitido observar con una resolución sin precedentes cómo se distribuyen y disipan las tensiones en la corteza terrestre. Utilizando el método de interferometría radar (InSAR), los investigadores han medido con precisión los desplazamientos del terreno milímetro a milímetro en la región tibetana durante los últimos años. Los resultados han sido sorprendentes: las fallas principales, en vez de actuar como muros de contención, se comportan como puntos débiles que ceden con relativa facilidad, y la propia corteza muestra una capacidad de deformación mucho mayor de lo esperado.

Esto implica que los continentes, lejos de ser bloques sólidos, presentan una flexibilidad considerable, lo que cambia la manera en que entendemos la formación de montañas, terremotos y la evolución de los paisajes a lo largo de millones de años. La debilidad de las fallas también podría explicar por qué grandes terremotos pueden propagarse y afectar áreas más extensas de lo que anticipaban los modelos tradicionales.

El avance en el análisis tectónico terrestre no sería posible sin la contribución de la industria aeroespacial y los programas públicos y privados de observación de la Tierra. Satélites de agencias como la ESA (Agencia Espacial Europea) y la NASA han sido esenciales para mapear la corteza terrestre y sus movimientos. Es notable cómo la tecnología desarrollada para la exploración espacial, como los sistemas de radar y los sensores ópticos, se está aplicando ahora para desvelar los secretos de nuestro propio planeta.

En paralelo, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin están impulsando el lanzamiento de satélites de nueva generación, muchos de ellos dedicados a la monitorización ambiental y geológica. La reducción de los costes de acceso al espacio, gracias a cohetes reutilizables como el Falcon 9 de SpaceX o el New Shepard de Blue Origin, permite a los investigadores disponer de más datos y de mayor calidad para estudiar fenómenos terrestres y compararlos con los de otros planetas.

Por su parte, la NASA sigue apostando por misiones de observación de la Tierra como la serie Landsat, un referente histórico desde 1972, cuya última versión, Landsat 9, continúa proporcionando imágenes de alta resolución. Además, la colaboración internacional, como la misión Copernicus Sentinel de la ESA, ha democratizado el acceso a datos geoespaciales, facilitando investigaciones tan ambiciosas como la que ha desvelado la flexibilidad de la corteza continental en la meseta tibetana.

Este avance en la comprensión tectónica podría tener implicaciones más allá de nuestro planeta. La detección de exoplanetas y el estudio de sus características geofísicas, realizados por telescopios espaciales como el James Webb o el TESS, requieren modelos sólidos sobre cómo se comportan las cortezas planetarias. Conocer mejor la dinámica terrestre ayuda a interpretar los indicios de actividad tectónica en mundos lejanos, un factor clave para evaluar su habitabilidad.

Mientras tanto, la industria espacial española no permanece ajena a estos progresos. Empresas emergentes como PLD Space, con su cohete Miura 1, contribuyen a democratizar el acceso al espacio y a reforzar la capacidad europea para poner en órbita satélites científicos. Estos pequeños lanzadores serán vitales para futuras constelaciones de satélites dedicadas al estudio de la Tierra y la mitigación de riesgos naturales.

En definitiva, el descubrimiento de que las fallas son más débiles y las placas menos rígidas de lo que se pensaba abre una nueva etapa en la geología. Gracias a la cooperación entre agencias públicas y privadas del sector espacial, la Tierra revela nuevos secretos y nos prepara para comprender mejor tanto nuestro planeta como los que orbitan otras estrellas.

(Fuente: ESA)