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El auge de la teledetección: NASA lidera la lucha global contra la contaminación plástica en los océanos

El auge de la teledetección: NASA lidera la lucha global contra la contaminación plástica en los océanos

La contaminación por plásticos en los océanos es una de las mayores amenazas medioambientales del siglo XXI. Botellas de detergente y otros residuos plásticos pueden viajar miles de kilómetros arrastrados por corrientes marinas antes de llegar a costas remotas, como la isla de Kaho’olawe en Hawái, revelando la magnitud y persistencia de este problema. Ahora, la NASA, conocida por sus logros en la exploración espacial, está aplicando su tecnología punta para abordar este reto desde el espacio.

La tecnología de teledetección desarrollada en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA en California ha demostrado recientemente ser capaz de identificar contaminación plástica en tierra firme. Este avance ha abierto la puerta a una nueva línea de investigación con el objetivo de monitorizar, en tiempo casi real, la acumulación de plásticos flotantes en los océanos del planeta desde el espacio.

El desarrollo de esta tecnología representa un hito en la integración de la exploración espacial con la protección medioambiental terrestre. Los sensores y algoritmos de procesamiento de imágenes, inicialmente diseñados para misiones planetarias y de observación terrestre, están siendo adaptados para detectar las firmas espectrales únicas que presentan los plásticos cuando flotan en la superficie marina. Esta capacidad se basa en la detección de la luz reflejada por los residuos, que difiere de la que reflejan el agua o los materiales orgánicos naturales.

La idea de utilizar satélites para rastrear plásticos en el océano no es nueva, pero los recientes avances del JPL aportan una mayor resolución y precisión, permitiendo distinguir incluso objetos relativamente pequeños. La iniciativa se integra en una tendencia mundial que busca utilizar la infraestructura espacial para abordar desafíos globales, como la monitorización de emisiones de gases de efecto invernadero, el seguimiento de incendios forestales o la predicción de catástrofes naturales.

En este contexto, empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, que han revolucionado el acceso al espacio con sus lanzadores reutilizables, también desempeñan un papel esencial. SpaceX, a través de su programa Starlink, está desplegando una mega-constelación de satélites que no solo proporciona conectividad global, sino que también podría facilitar la transmisión de grandes volúmenes de datos de observación terrestre, incluyendo imágenes relacionadas con la contaminación marina. Por su parte, Blue Origin ha mostrado interés en misiones de observación y experimentación en microgravedad, que podrían complementar los estudios sobre el comportamiento de los plásticos en el medio marino.

La colaboración internacional es otro pilar fundamental en la lucha contra la polución oceánica. Agencias como la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Japonesa (JAXA) están desarrollando sus propios instrumentos de teledetección para monitorizar la salud de los océanos, mientras que la incipiente industria espacial española, representada por compañías como PLD Space, se posiciona para contribuir con lanzadores y servicios de acceso al espacio de nueva generación. PLD Space, con su cohete reutilizable MIURA 1, recientemente probado con éxito, podría en un futuro cercano lanzar satélites dedicados a la vigilancia ambiental y la gestión sostenible de los recursos marinos.

Mientras tanto, Virgin Galactic sigue apostando por el turismo espacial, pero también se ha mostrado abierta a colaborar en misiones científicas suborbitales, lo que podría facilitar experimentos sobre la degradación de plásticos y su impacto en la atmósfera desde la estratosfera. Este tipo de investigaciones es vital para comprender el ciclo completo de los residuos plásticos, desde su origen hasta su dispersión global.

No menos importante es la contribución de los telescopios espaciales y los estudios sobre exoplanetas, que, aunque centrados en la búsqueda de vida y la caracterización de atmósferas lejanas, están ayudando a perfeccionar técnicas espectroscópicas aplicables al análisis de la contaminación terrestre. Los mismos métodos que permiten detectar firmas químicas en planetas extrasolares están siendo adaptados para identificar la presencia de microplásticos en el entorno marino.

La integración de tecnologías espaciales con la ciencia ambiental terrestre subraya la importancia de la exploración espacial como motor de innovación y herramienta clave para afrontar los grandes retos de la humanidad. A medida que la tecnología avanza y la cooperación entre agencias públicas y empresas privadas se intensifica, el sueño de monitorizar y combatir la contaminación plástica desde el espacio se acerca cada vez más a la realidad.

La aplicación de estos desarrollos no solo permitirá una respuesta más rápida y eficaz ante los vertidos de plástico, sino que también facilitará la elaboración de políticas públicas y acuerdos internacionales encaminados a la preservación de los océanos. El futuro de la gestión ambiental global pasa, sin duda, por la mirada atenta de los satélites y la colaboración entre ciencia, industria y sociedad.

(Fuente: SpaceDaily)