La NASA retrasa su próxima misión lunar por la ola de frío en Florida

El esperado regreso de astronautas estadounidenses a la Luna tendrá que esperar un poco más. La NASA ha decidido posponer, al menos hasta el 8 de febrero, el lanzamiento de su próxima misión tripulada, inicialmente previsto para el 6 del mismo mes, debido a las inusuales previsiones de temperaturas bajo cero en el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida). Este contratiempo, aunque breve, pone de relieve la complejidad técnica y logística de los actuales programas lunares, en medio de una renovada carrera espacial global.
El cohete encargado de la misión, el imponente Space Launch System (SLS) de 98 metros de altura, es el vehículo más potente jamás construido por la NASA. La agencia espacial estadounidense tenía previsto realizar durante el fin de semana una prueba clave de llenado de combustible, necesaria para certificar la preparación del lanzador y la cápsula tripulada Orion que llevará a los astronautas a la órbita lunar y de vuelta a la Tierra. Sin embargo, la amenaza de temperaturas inusualmente bajas en la costa este de Florida ha obligado a los responsables del programa Artemis a reprogramar las actividades. Las bajas temperaturas pueden afectar tanto al comportamiento de los propelentes criogénicos como a la integridad de componentes electrónicos y mecánicos críticos del cohete, por lo que la seguridad prima sobre los plazos.
El retraso, aunque de sólo dos días por el momento, se produce en un contexto en el que la NASA ha debido afrontar ya numerosos desafíos técnicos y logísticos para el retorno a la Luna. El programa Artemis, heredero de las históricas misiones Apolo de los años 60 y 70, busca establecer una presencia humana sostenible en la superficie lunar y servir de trampolín para la futura exploración tripulada de Marte. La misión que ahora se retrasa será la primera en más de medio siglo en llevar astronautas más allá de la órbita terrestre baja, y ha supuesto una inversión multimillonaria y el desarrollo de nuevas tecnologías tanto por parte de la NASA como de sus socios industriales.
Este pequeño revés se suma a una serie de desafíos que han marcado el calendario lunar de la NASA. El propio cohete SLS ha experimentado retrasos y sobrecostes considerables desde el inicio de su desarrollo. Además, la cápsula Orion, diseñada para soportar las duras condiciones del espacio profundo, ha requerido exhaustivas pruebas para garantizar la seguridad de la tripulación. La misión Artemis II, que será la primera con astronautas a bordo en sobrevolar la Luna desde 1972, servirá como ensayo general antes del alunizaje planificado para Artemis III, en el que está previsto que una mujer y una persona de color pisen la superficie lunar por primera vez en la historia.
Mientras tanto, el panorama espacial internacional está más activo que nunca. La empresa privada SpaceX, liderada por Elon Musk, continúa desarrollando su sistema Starship, una nave reutilizable de gran capacidad que la NASA ha seleccionado para el alunizaje de Artemis III. Por su parte, Blue Origin, fundada por Jeff Bezos, sigue avanzando en el desarrollo de su módulo lunar Blue Moon y de su cohete New Glenn, con la vista puesta tanto en contratos gubernamentales como en el emergente mercado comercial. En España, la compañía PLD Space ha conseguido recientemente hitos importantes con el lanzamiento de su cohete Miura 1, abriendo la puerta a una mayor participación europea en la exploración espacial.
Otras agencias y empresas privadas tampoco se quedan atrás. Virgin Galactic, tras superar problemas técnicos en sus vuelos suborbitales, continúa ofreciendo experiencias de microgravedad a turistas espaciales y científicos. A nivel científico, la búsqueda de exoplanetas habitables mediante telescopios espaciales como el James Webb y el TESS sigue arrojando resultados prometedores, apuntalando la exploración del Sistema Solar y más allá como una de las fronteras más estimulantes de la ciencia contemporánea.
En este contexto, la demora de la NASA es un recordatorio de que, a pesar de los avances tecnológicos, la exploración espacial sigue siendo una empresa en la que la naturaleza y la seguridad dictan el ritmo. El regreso de astronautas a la Luna será un logro histórico, pero su éxito depende de la meticulosa preparación de cada detalle, incluidos los factores meteorológicos aparentemente mundanos. Si todo transcurre según lo previsto, el SLS y la cápsula Orion estarán listos para despegar en cuanto las condiciones lo permitan, marcando el inicio de una nueva era de descubrimientos más allá de nuestro planeta.
El reinicio de los vuelos tripulados a la Luna no sólo supone un hito científico y tecnológico, sino que también simboliza la capacidad de cooperación internacional y el auge de la iniciativa privada en un sector que, hasta hace poco, era exclusivo de las grandes agencias estatales. El mundo observa expectante, consciente de que cada paso hacia la Luna es también un salto hacia el futuro de la humanidad en el espacio.
(Fuente: SpaceDaily)
