Blue Origin retoma los vuelos suborbitales tripulados con éxito en 2026 tras contratiempos técnicos

Blue Origin ha vuelto a marcar un hito en la industria aeroespacial al completar con éxito el primer vuelo del año de su sistema suborbital New Shepard. El lanzamiento tuvo lugar el 22 de enero de 2026 y supuso el regreso a la actividad del vehículo tras una serie de retrasos y problemas técnicos que habían afectado a la empresa en los últimos meses.
La misión, que partió desde las instalaciones de lanzamiento de Blue Origin en el oeste de Texas, transportó a cinco pasajeros que pagaron su billete y a un empleado de la compañía que fue añadido al equipo en el último momento, sustituyendo a uno de los clientes originales. El vuelo reafirma la apuesta por el turismo espacial suborbital que lidera la empresa fundada por Jeff Bezos, en un mercado cada vez más competitivo en el que participan otros gigantes como Virgin Galactic y, próximamente, SpaceX con sus propios proyectos turísticos.
El cohete reutilizable New Shepard —nombrado en honor al astronauta Alan Shepard, primer estadounidense en el espacio— está diseñado para transportar hasta seis personas a más de 100 kilómetros de altitud, cruzando la línea de Kármán, considerada la frontera entre la atmósfera terrestre y el espacio exterior. Durante el vuelo, los pasajeros experimentan varios minutos de ingravidez y pueden disfrutar de vistas panorámicas únicas de la Tierra a través de las amplias ventanas de la cápsula presurizada.
Tras el lanzamiento, el módulo de propulsión y la cápsula regresaron de manera controlada a la superficie, aterrizando de forma segura gracias a sus sistemas de frenado y paracaídas, una tecnología que Blue Origin ha perfeccionado desde el primer vuelo de New Shepard en 2015. La empresa ha realizado más de una veintena de misiones, varias de ellas tripuladas, consolidándose como líder en el segmento del turismo espacial suborbital privado.
Este vuelo marca un punto de inflexión importante para Blue Origin tras un periodo de inactividad provocado por un fallo técnico en una misión anterior en el que, afortunadamente, no hubo daños personales. Desde entonces, la compañía ha implementado mejoras en los sistemas de seguridad y redundancia, sometiendo el vehículo a exhaustivos ensayos antes de retomar la actividad comercial.
En el contexto internacional, la carrera por el turismo espacial sigue intensificándose. Virgin Galactic, el principal competidor de Blue Origin en la categoría de vuelos suborbitales tripulados, ha continuado con su programa de lanzamientos desde Nuevo México, empleando su aeronave espacial SpaceShipTwo. Por su parte, SpaceX, aunque centrada en vuelos orbitales con la nave Crew Dragon, también tiene planes para llevar turistas más allá de la órbita terrestre baja, incluyendo misiones lunares privadas en colaboración con la NASA.
El éxito de esta misión de Blue Origin es también un reflejo del auge de la inversión privada en la exploración y explotación del espacio. Empresas como PLD Space en España han avanzado en el desarrollo de cohetes reutilizables para cargas útiles suborbitales, mientras que las grandes agencias públicas —NASA, ESA, JAXA, Roscosmos y CNSA— continúan apostando por misiones científicas de largo alcance y la exploración de exoplanetas. La colaboración entre estos entes públicos y privados está redefiniendo el acceso al espacio y abriendo nuevas posibilidades para la investigación, la industria y el turismo.
En el plano científico, el auge de los vuelos suborbitales también está permitiendo a investigadores realizar experimentos en microgravedad de forma más accesible y frecuente, lo que favorece el desarrollo de nuevas tecnologías aplicables a misiones interplanetarias y a la vida cotidiana en la Tierra.
El vuelo de enero de 2026 demuestra que Blue Origin ha superado los desafíos técnicos y operativos de los últimos años, recuperando su posición en el mercado del turismo espacial y sentando las bases para futuras misiones más ambiciosas. Además de los vuelos turísticos, la compañía contempla ampliar su oferta con misiones científicas y educativas, e incluso servir de plataforma para cargas útiles de agencias y universidades.
En definitiva, este regreso exitoso de New Shepard evidencia la madurez creciente de la industria privada del espacio y anticipa una década en la que el acceso al cosmos será cada vez más habitual, tanto para aventureros privados como para la comunidad científica internacional.
(Fuente: SpaceNews)
