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New Glenn, el titán de Blue Origin, se enfrenta al reto de la reutilización para sobrevivir

New Glenn, el titán de Blue Origin, se enfrenta al reto de la reutilización para sobrevivir

El sector espacial vive una revolución en la que la reutilización de cohetes ya no es solo un ideal, sino una necesidad para la viabilidad económica de las empresas privadas. En este contexto, Blue Origin, la compañía fundada por Jeff Bezos, se encuentra ante un desafío crucial: su lanzador pesado New Glenn debe ser reutilizado de forma recurrente para que el modelo de negocio resulte rentable y competitivo frente a otros actores, especialmente SpaceX.

New Glenn es un coloso de la ingeniería. Con una altura superior a los 95 metros y una capacidad de carga de hasta 45 toneladas a la órbita baja terrestre (LEO), fue concebido como respuesta directa al Falcon Heavy de SpaceX y como apuesta por el futuro de los lanzamientos comerciales y misiones gubernamentales. Sin embargo, su desarrollo no ha estado exento de retrasos; si bien la compañía anunció inicialmente su primer vuelo para 2020, la fecha se ha pospuesto varias veces y la primera misión orbital se espera, en el mejor de los casos, para finales de 2024 o principios de 2025.

El gran reto: la reutilización

La apuesta de Blue Origin por la reutilización masiva del New Glenn no es casual. El propio Jeff Bezos ha subrayado en numerosas ocasiones que el objetivo es reducir drásticamente los costes por lanzamiento y acercar el acceso al espacio a más actores, públicos y privados. Para ello, el diseño del New Glenn incluye un sistema de recuperación del primer estadio, que está equipado con un tren de aterrizaje retráctil y sistemas de navegación avanzados para regresar y aterrizar sobre una plataforma marina, en una maniobra similar a la que SpaceX ha perfeccionado con su Falcon 9.

Según fuentes internas y análisis de la industria, Blue Origin necesitaría reutilizar cada booster de New Glenn al menos una decena de veces para que los costes de fabricación y operación sean sostenibles frente a la competencia. El reto es mayúsculo: aunque Blue Origin ha experimentado con la recuperación de su cohete suborbital New Shepard, el salto tecnológico y operativo hacia un lanzador orbital pesado es considerablemente más complejo.

Competencia feroz: SpaceX y el desafío de la eficiencia

SpaceX, con su Falcon 9 y Falcon Heavy, ha marcado el camino de la reutilización, recuperando y reutilizando primeras etapas hasta en 20 ocasiones. Esta eficiencia ha permitido a la empresa de Elon Musk reducir el coste por lanzamiento a cifras inéditas, obligando al resto de competidores a adoptar tecnologías similares o quedar relegados. El éxito de SpaceX no solo radica en la tecnología, sino en la frecuencia de lanzamientos: en 2023, la compañía realizó más de 60 lanzamientos, la mayoría con cohetes reutilizados.

Blue Origin, por el momento, no ha logrado igualar este ritmo ni esta eficiencia. El New Glenn, aunque promete capacidades superiores, enfrenta el reto de demostrar fiabilidad en la recuperación y rápida puesta a punto de sus boosters, algo en lo que SpaceX lleva años de ventaja. El mercado, especialmente los clientes institucionales como la NASA y los operadores de satélites comerciales, observa con atención si Blue Origin podrá igualar o superar estos estándares.

Panorama internacional y la respuesta europea

Mientras tanto, en Europa, la empresa española PLD Space ha realizado avances significativos en la reutilización de pequeños lanzadores con su cohete Miura 1, que logró un vuelo suborbital exitoso en 2023. Aunque en una escala mucho menor que New Glenn, estos pasos refuerzan la tendencia global hacia la sostenibilidad y la reducción de costes en el acceso al espacio. Por otro lado, la Agencia Espacial Europea (ESA) y empresas como Arianespace continúan explorando opciones de lanzadores parcialmente reutilizables para la próxima década, en un intento de no quedar rezagadas frente a la competencia estadounidense.

Virgin Galactic, por su parte, sigue centrada en los vuelos suborbitales turísticos con su nave SpaceShipTwo, aunque sus operaciones han estado marcadas por retrasos y una demanda fluctuante. El panorama internacional se completa con iniciativas de China, India y otras agencias espaciales públicas y privadas, que buscan también reducir los costes mediante la reutilización y nuevas tecnologías de propulsión.

El futuro de la exploración y la colonización espacial

La reutilización de cohetes no solo persigue la rentabilidad económica, sino que también es vista como un paso fundamental para el futuro de la exploración espacial. Proyectos como el regreso a la Luna mediante el programa Artemis de la NASA, la construcción de estaciones espaciales privadas y la exploración de exoplanetas requieren una infraestructura de lanzamientos más asequible y sostenible. En este contexto, empresas como Blue Origin y SpaceX son actores clave.

La presión es máxima: el éxito del New Glenn no solo determinará el futuro comercial de Blue Origin, sino que podría redefinir el equilibrio de poder en la industria espacial. Si la empresa logra operar su lanzador pesado de forma rutinaria y reutilizarlo con éxito, abrirá la puerta a una nueva era de lanzamientos más económicos y frecuentes. En caso contrario, los elevados costes y la competencia podrían poner en riesgo su viabilidad.

El mundo observa expectante los próximos pasos de Blue Origin, consciente de que la sostenibilidad financiera y tecnológica de proyectos como el New Glenn marcarán el rumbo de la exploración espacial en las próximas décadas.

(Fuente: Arstechnica)