El misterio del metano: cómo la pandemia alteró la química atmosférica mundial

Durante los meses más duros de la pandemia de Covid-19, la humanidad fue testigo de un fenómeno insólito: las ciudades, habitualmente envueltas en una bruma de contaminación, lucían cielos sorprendentemente despejados. La drástica reducción del tráfico rodado, la paralización de gran parte de la aviación comercial y el descenso de la actividad industrial provocaron un desplome histórico en las emisiones de contaminantes visibles como el dióxido de nitrógeno (NO₂). Sin embargo, los científicos se encontraron con un enigma inesperado: mientras algunos contaminantes caían, los niveles de metano —uno de los gases de efecto invernadero más potentes— experimentaron un aumento durante los primeros años de la década de 2020, para después desplomarse, desconcertando a la comunidad científica internacional.
El metano (CH₄), aunque presente en la atmósfera en cantidades mucho menores que el dióxido de carbono (CO₂), es aproximadamente 25 veces más potente para atrapar calor a lo largo de un siglo. Su origen es diverso: desde la agricultura y la ganadería intensiva a la extracción de combustibles fósiles o la descomposición de materia orgánica en humedales. Tradicionalmente, los niveles de metano han ido en aumento desde la Revolución Industrial, contribuyendo de manera significativa al calentamiento global.
Los datos satelitales y de estaciones terrestres recogidos por agencias como la NASA y la ESA durante 2020 y 2021 confirmaron el descenso de contaminantes como NO₂, en parte debido a la menor combustión de carburantes fósiles. Sin embargo, el metano mostró una curva opuesta: aumentó en los primeros compases de la pandemia. Solo tras meses de investigación se ha podido esclarecer la causa de este comportamiento aparentemente contradictorio.
La clave reside en el radical hidroxilo (OH), una molécula extremadamente reactiva conocida como el “detergente” de la atmósfera. El OH es el principal responsable de oxidar y eliminar el metano del aire. Durante la pandemia, la disminución de emisiones de NOₓ (óxidos de nitrógeno) y compuestos orgánicos volátiles alteró la química atmosférica, reduciendo la formación de OH. Al haber menos radicales hidroxilo, el metano permaneció más tiempo en la atmósfera, acumulándose y elevando sus concentraciones.
Este fenómeno pone de relieve la compleja interrelación entre los diferentes gases y reacciones químicas en la atmósfera terrestre. “Pensábamos que reducir la contaminación traería únicamente beneficios, pero la atmósfera es un sistema muy intrincado”, explica un científico de la ESA. “La caída de algunos contaminantes cambió el equilibrio químico, dando lugar a un aumento temporal del metano”.
En los meses posteriores, conforme las restricciones se suavizaron y la actividad humana recuperó su pulso habitual, la química atmosférica volvió a estabilizarse. Los niveles de OH se recuperaron y el metano comenzó a descender de nuevo, aunque persisten incógnitas sobre la influencia de otros factores, como el aumento de emisiones naturales en zonas tropicales o el deshielo de suelos en regiones árticas.
Esta investigación revela la importancia de la observación global y continua, un ámbito en el que Europa y Estados Unidos colaboran estrechamente. Satélites como Sentinel-5P (ESA) y misiones de la NASA han permitido monitorizar en tiempo real la evolución de estos gases. Por su parte, compañías privadas como SpaceX y Blue Origin han impulsado el desarrollo de tecnologías de lanzamiento reutilizables, abaratando la puesta en órbita de instrumentos de medición atmosférica y abriendo la puerta a una nueva era de vigilancia ambiental.
Mientras tanto, la industria espacial vive un momento de efervescencia. SpaceX, de Elon Musk, ha consolidado la fiabilidad de sus lanzadores Falcon y Starship, cruciales para desplegar constelaciones de satélites de observación terrestre. Blue Origin, por su parte, prepara futuras misiones con su cohete New Glenn, que podría ofrecer servicios tanto para la exploración espacial como para la monitorización ambiental. En España, la empresa PLD Space ha realizado con éxito pruebas de su cohete MIURA 1, allanando el camino para el acceso europeo independiente al espacio y potenciando la investigación desde suelo nacional.
En paralelo, la NASA y la ESA continúan su apuesta por la exploración y el estudio de exoplanetas, así como misiones de retorno lunar y marciano. El avance de la astronomía y la astrofísica, junto con la creciente implicación de empresas privadas, está permitiendo comprender mejor los procesos atmosféricos tanto en la Tierra como en otros mundos.
El caso del metano durante la pandemia es un recordatorio de que la lucha contra el cambio climático requiere soluciones integrales y una vigilancia científica constante. Solo una combinación de reducción de emisiones, innovación tecnológica y cooperación internacional permitirá mantener bajo control los gases de efecto invernadero y preservar la estabilidad climática del planeta.
(Fuente: ESA)
