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Grave brecha de seguridad en la ESA: filtrados 200 GB de datos científicos

Grave brecha de seguridad en la ESA: filtrados 200 GB de datos científicos

La Agencia Espacial Europea (ESA) ha confirmado esta semana una grave brecha de seguridad que ha resultado en el acceso y filtración no autorizada de aproximadamente 200 gigabytes de información científica no clasificada. El incidente, que salió a la luz tras varias publicaciones en redes sociales, subraya la creciente vulnerabilidad de las infraestructuras digitales incluso en organismos de alta tecnología como las agencias espaciales.

**Detalles del ataque y primera reacción de la ESA**

La alerta saltó cuando Seb Latom, un reputado experto francés en ciberseguridad, compartió en la plataforma X (anteriormente Twitter) varias capturas de pantalla en las que un actor malicioso afirmaba haber accedido a los sistemas de la ESA. Este individuo, cuya identidad permanece desconocida, aseguró haber extraído una cantidad significativa de datos, incluyendo documentos científicos, registros y posiblemente información técnica relacionada con misiones recientes.

La ESA, con sede en París y centros de operaciones repartidos por Europa, respondió rápidamente a la alarma pública reconociendo el incidente. «Hemos detectado una intrusión en servidores de ciencia que almacenan material no clasificado», han admitido fuentes de la agencia, agregando que ya se han tomado medidas para contener la brecha y mitigar posibles daños adicionales. A pesar de que los archivos comprometidos no contienen información reservada ni secretos industriales, el volumen y el tipo de datos filtrados podrían tener consecuencias significativas para proyectos en marcha y colaboraciones internacionales.

**Contexto histórico: ciberseguridad en el sector espacial**

No es la primera vez que una agencia espacial se enfrenta a un incidente de estas características. En los últimos años, tanto la NASA como la Agencia Espacial Rusa (Roscosmos) han sido objeto de ataques informáticos, muchos de los cuales buscaban explotar debilidades en sistemas de acceso remoto o servidores de datos científicos. La digitalización creciente y la colaboración internacional, aunque esenciales para la investigación moderna, también han ampliado la superficie de ataque para los ciberdelincuentes.

En el caso de la ESA, la protección de datos es especialmente sensible por la naturaleza multinacional de sus misiones, que involucran a científicos e ingenieros de toda Europa y, en ocasiones, de socios como la NASA, JAXA (Japón) o la agencia canadiense CSA. La filtración podría afectar comunicaciones internas, datos de experimentos recientes e incluso información relevante para el desarrollo de futuras misiones, como el telescopio espacial Ariel o la sonda Hera, que investigará el sistema doble de asteroides Didymos.

**Implicaciones para la industria espacial comercial y pública**

Este incidente pone de manifiesto la importancia de la ciberseguridad no solo en agencias públicas, sino también en empresas privadas como SpaceX, Blue Origin o la española PLD Space. Estas compañías manejan valiosa propiedad intelectual y datos técnicos extremadamente sensibles. Por ejemplo, SpaceX ha reforzado notablemente sus protocolos de protección tras incidentes menores, conscientes de que la filtración de diseños o telemetría de sus vehículos podría suponer un riesgo para la seguridad y la competitividad.

En España, PLD Space —reconocida por el éxito del lanzamiento del cohete Miura 1— también ha incrementado su inversión en ciberseguridad, colaborando con organismos estatales y europeos para blindar sus sistemas de control y comunicación. Por su parte, Virgin Galactic, centrada en el turismo suborbital, ha implementado sistemas avanzados de monitorización tras reconocer la vulnerabilidad inherente a la gestión de datos de clientes y tecnología punta.

**El reto de la protección de datos en la exploración y la ciencia espacial**

La gestión segura de grandes volúmenes de datos es un desafío creciente en la exploración del espacio. Los telescopios de nueva generación, como el James Webb de la NASA y ESA, y los esfuerzos internacionales para catalogar exoplanetas, generan petabytes de información que deben transferirse y almacenarse de forma segura. La colaboración entre agencias y empresas privadas exige estándares comunes de seguridad, algo que la ESA y sus socios están revisando a raíz de este incidente.

La filtración de información, aunque no clasificada, puede tener efectos colaterales en la reputación de la agencia y la confianza de sus colaboradores. Además, el acceso no autorizado a datos científicos podría posibilitar el plagio, el sabotaje de proyectos o la manipulación de resultados.

**Conclusión y próximos pasos**

La ESA ha iniciado una investigación exhaustiva junto a expertos en ciberseguridad y autoridades nacionales para identificar el origen de la brecha y evaluar el alcance real del daño. Mientras tanto, se han reforzado los sistemas de vigilancia y se recomienda a otras agencias y empresas del sector que revisen sus protocolos.

Este incidente actúa como llamada de atención sobre los riesgos emergentes en la era digital para la industria espacial, donde la protección de datos resulta tan crucial como la seguridad física de los lanzamientos. Seguirán las investigaciones para esclarecer los hechos y evitar futuras vulnerabilidades.

(Fuente: SpaceNews)