La batalla contra el polvo lunar: China desarrolla un modelo para combatir un viejo enemigo espacial

Uno de los desafíos más persistentes en la exploración lunar es el comportamiento del polvo lunar, una amenaza invisible que ha complicado misiones desde la era Apolo hasta los ambiciosos proyectos de retorno planificados para los próximos años. Ahora, un equipo de científicos chinos del Instituto de Tecnología de Pekín, la Academia China de Tecnología Espacial y la Academia China de Ciencias ha dado un paso significativo al formular un modelo teórico que desentraña cómo las partículas de polvo cargadas interactúan con las superficies de las naves espaciales en la tenue atmósfera lunar.
El modelo, publicado recientemente, integra la mecánica de contacto y las fuerzas electrostáticas en un entorno de plasma, arrojando luz sobre las condiciones que provocan que el polvo se adhiera o se libere de las superficies expuestas de módulos y rovers. Este avance podría marcar un antes y un después en el diseño de futuras misiones, no solo chinas, sino de cualquier agencia o empresa que aspire a establecer una presencia duradera en la Luna.
Un problema con medio siglo de historia
El polvo lunar, compuesto por partículas diminutas y abrasivas, fue una de las principales preocupaciones durante las misiones Apolo de la NASA en los años 60 y 70. Los astronautas describieron cómo estas partículas se adherían a los trajes espaciales, obstruían sistemas mecánicos y electrónicos, y reducían la visibilidad de los instrumentos. Algunas teorías apuntan incluso a que la exposición prolongada podría tener efectos nocivos para la salud humana y para la longevidad de los equipos.
A diferencia del polvo terrestre, el regolito lunar carece de erosión producida por el viento o el agua, lo que lo convierte en un material especialmente afilado y electrostáticamente cargado debido a la radiación solar. Este fenómeno, conocido como “levitación electrostática”, favorece que el polvo se eleve y se desplace con facilidad, complicando aún más su gestión.
Nuevos retos para la nueva carrera lunar
Con la reactivación del interés internacional por la Luna, liderada por programas como el Artemis de la NASA, la sonda lunar Chandrayaan-3 de la India, los planes de la ESA para el módulo lunar europeo y los éxitos de China con sus misiones Chang’e, la gestión eficiente del polvo se ha convertido en un objetivo tecnológico crucial. Empresas privadas como SpaceX y Blue Origin, que diseñan sistemas para el aterrizaje y la permanencia en la superficie lunar, también se enfrentan a este desafío.
El nuevo modelo propuesto por los investigadores chinos se basa en una descripción detallada de la interacción entre las partículas cargadas y las superficies metálicas o compuestas de las naves, en presencia de una vaina de plasma (plasma sheath), una fina capa de partículas cargadas que rodea a los objetos expuestos al vacío lunar. Al analizar el equilibrio entre las fuerzas electrostáticas que impulsan el polvo y las fuerzas de adhesión que lo retienen, el modelo predice cuándo las partículas se quedarán pegadas y cuándo serán expulsadas, dependiendo de variables como el voltaje superficial, la composición del material y la densidad del plasma.
Implicaciones para el futuro de la exploración lunar y más allá
La aplicación práctica de este modelo permitirá a ingenieros y diseñadores espaciales prever mejor el comportamiento del polvo y desarrollar superficies más resistentes o incluso autolimpiables, una tecnología que podría ser vital tanto para misiones tripuladas como robóticas. Además, el conocimiento adquirido podría extrapolarse a otros entornos polvorientos del sistema solar, como Marte o asteroides, donde la gestión del polvo es igualmente crítica.
La cooperación y el avance en este campo no se limita a China. La NASA, por ejemplo, ha financiado proyectos para desarrollar recubrimientos especiales y sistemas de electroimanes en los trajes espaciales, mientras que la empresa española PLD Space, que recientemente ha iniciado pruebas de lanzadores reutilizables, explora soluciones para mitigar el impacto del polvo en sistemas de aterrizaje. Virgin Galactic y Blue Origin, aunque centradas en el turismo suborbital, también estudian los efectos del polvo en sus naves si algún día aterrizan en la Luna.
El reto de mantener limpias y operativas las infraestructuras lunares será aún mayor cuando se construyan bases permanentes, laboratorios y observatorios. El polvo podría afectar no solo a los equipos, sino también a experimentos científicos, como la detección de exoplanetas mediante telescopios instalados en la superficie lunar, una idea que diversas agencias espaciales públicas y privadas están considerando.
Así, la investigación china añade una pieza clave al puzle de la ingeniería espacial, ofreciendo herramientas para anticipar y, en última instancia, controlar el comportamiento de uno de los enemigos más tenaces de la exploración lunar. Este avance prepara el terreno para una nueva era de misiones más seguras y eficientes, tanto para China como para el resto de la comunidad internacional implicada en la conquista de nuestro satélite natural.
(Fuente: SpaceDaily)
