Phantom Space recupera la tecnología de lanzamiento de Vector para impulsar su desarrollo espacial

En un movimiento estratégico que podría redefinir el panorama de los lanzadores ligeros, Phantom Space ha adquirido activos tecnológicos clave de Vector Launch, una empresa de cohetes que se declaró en bancarrota en 2019 y cuyos bienes fueron subastados en 2020. Esta operación marca el retorno de una tecnología pionera a manos de uno de sus creadores originales, y supone un paso importante en la carrera por el acceso al espacio para satélites pequeños y cargas útiles de nueva generación.
Vector Launch, fundada en 2016, irrumpió en el mercado con la ambición de revolucionar la industria de los lanzamientos espaciales mediante cohetes ligeros y una filosofía de producción en serie, similar a la que emplean las compañías automovilísticas. Su cohete Vector-R, alimentado por motores de propulsante líquido impresos en 3D y con capacidades de lanzamiento rápido, prometía una cadencia inédita y precios competitivos para clientes del sector comercial y gubernamental. Sin embargo, a pesar de varios vuelos de prueba suborbitales y contratos iniciales, la empresa sucumbió a dificultades económicas y a una feroz competencia, especialmente frente a gigantes emergentes como Rocket Lab o la imparable SpaceX de Elon Musk.
La subasta de activos de Vector en 2020 dispersó valiosas piezas de propiedad intelectual, hardware de cohetes y herramientas de fabricación. Ahora, Phantom Space, una start-up estadounidense fundada por Jim Cantrell—uno de los arquitectos originales de Vector y también cofundador de SpaceX—ha conseguido recuperar parte de esa tecnología. Esta adquisición devuelve a Cantrell y a su equipo el acceso a diseños de motores, sistemas de aviónica y técnicas de producción que, combinadas con los avances recientes de la industria, podrían acelerar significativamente el desarrollo del futuro lanzador de Phantom Space.
El interés por los lanzadores ligeros no es casual. El auge de los satélites pequeños, constelaciones para comunicaciones o monitorización terrestre y la democratización del acceso al espacio están impulsando una demanda sin precedentes de cohetes capaces de poner en órbita cargas útiles de entre 50 y 500 kilos. Si bien SpaceX domina el mercado con su Falcon 9 y ha creado una revolución en la reutilización de etapas, su enfoque está orientado a cargas mayores y misiones rideshare. Por su parte, empresas como Blue Origin o Virgin Galactic han apostado por el turismo y la investigación suborbital, mientras que compañías europeas como la española PLD Space trabajan en vehículos de menor tamaño, como el Miura 1, que recientemente ha protagonizado pruebas exitosas.
La recuperación de la tecnología Vector por parte de Phantom Space podría situarla en una posición privilegiada para competir con estos actores. La empresa ya trabaja en su propio lanzador, el Daytona, que aspira a realizar sus primeras pruebas de vuelo en los próximos años. El empleo de motores impresos en 3D, integración vertical y técnicas de fabricación ágil son elementos clave para reducir costes, aumentar la cadencia de lanzamientos y ofrecer servicios flexibles a clientes comerciales y gubernamentales.
Esta tendencia no se limita a Estados Unidos. En Europa, PLD Space ha conseguido hitos notables con el lanzamiento de su cohete suborbital Miura 1 y ya prepara el desarrollo del Miura 5, su primer lanzador orbital. La Agencia Espacial Europea (ESA), por su parte, apoya el surgimiento de nuevos actores privados, conscientes de la importancia estratégica de garantizar el acceso autónomo al espacio en el contexto geopolítico actual.
Mientras tanto, la NASA sigue concentrada en grandes programas como el regreso a la Luna con Artemis, el desarrollo del cohete SLS y la exploración de exoplanetas con misiones como TESS y el futuro telescopio Nancy Grace Roman. En paralelo, la industria privada no deja de innovar: Blue Origin continúa con las pruebas de su cohete New Glenn y Virgin Galactic ha reanudado los vuelos suborbitales comerciales con el VSS Unity. En el ámbito de la exploración astronómica, los descubrimientos de exoplanetas siguen multiplicándose gracias a los datos del telescopio James Webb y otros observatorios espaciales.
El regreso de la tecnología Vector a manos de Phantom Space es un ejemplo más de la resiliencia y la capacidad de adaptación del sector espacial. La reutilización de conocimientos y activos, la colaboración entre empresas y la competencia feroz están acelerando la llegada de una nueva era en la que el acceso al espacio será más frecuente, asequible y diversificado que nunca. El futuro de los pequeños lanzadores parece más prometedor que nunca, y tanto el sector público como el privado siguen apostando fuerte por nuevas soluciones tecnológicas.
(Fuente: SpaceNews)
