Sentinel-1D se une a la constelación Copernicus con un lanzamiento histórico del Ariane 6

La familia Sentinel-1, pilar fundamental del programa europeo de observación terrestre Copernicus, ha dado la bienvenida a su nuevo miembro, el satélite Sentinel-1D. Este hito marca el cierre de la primera generación de satélites Sentinel-1, consolidando la capacidad de Europa para monitorizar la Tierra con tecnología de radar de última generación. El lanzamiento se produjo a las 22:02 (hora peninsular española) del martes 4 de noviembre, desde el emblemático Puerto Espacial Europeo en la Guayana Francesa, empleando el flamante lanzador Ariane 6, que realizó así una de sus primeras misiones de alta relevancia.
La misión Sentinel-1, gestionada por la Agencia Espacial Europea (ESA) en colaboración con la Comisión Europea, es la columna vertebral del sistema Copernicus. Este ambicioso programa proporciona imágenes de radar de apertura sintética (SAR) de alta resolución, esenciales para la vigilancia ambiental, la gestión de desastres naturales, el seguimiento del cambio climático y la seguridad marítima. La llegada del Sentinel-1D refuerza la resiliencia de la flota, especialmente tras la pérdida del Sentinel-1B en 2022, y garantiza la continuidad de la cobertura global y la calidad de los datos que demandan científicos, gobiernos y empresas de todo el mundo.
Sentinel-1D, como sus predecesores, está equipado con un avanzado radar C-SAR capaz de operar día y noche, bajo cualquier condición meteorológica. Su tecnología permite obtener imágenes detalladas de la superficie terrestre, monitorizar la evolución de los glaciares y capas de hielo, detectar movimientos de la corteza terrestre y evaluar el impacto de inundaciones, terremotos o incendios forestales. Este tipo de observación resulta clave, por ejemplo, para la agricultura inteligente, la vigilancia de los recursos hídricos o la gestión de emergencias medioambientales.
El lanzamiento del Sentinel-1D ha supuesto también un momento clave para el lanzador Ariane 6, desarrollado por la Agencia Espacial Europea y ArianeGroup en respuesta a la creciente competencia internacional en el sector de lanzadores, liderada por empresas como SpaceX con su Falcon 9 y Falcon Heavy, Blue Origin con el New Glenn, o la china Long March. El Ariane 6, en sus dos versiones (Ariane 62 y Ariane 64), busca ofrecer mayor flexibilidad, reducción de costes y capacidad de adaptación a diferentes perfiles de misión, integrando tecnologías modernas y una cadena logística optimizada. La exitosa puesta en órbita del Sentinel-1D refuerza la posición europea en el mercado global de lanzamientos, frente al rápido avance de actores privados y públicos.
En paralelo, el sector espacial mundial vive un momento de efervescencia. SpaceX continúa batiendo récords con lanzamientos casi semanales y avances en el desarrollo de Starship, su nave destinada a misiones lunares y marcianas, mientras que Blue Origin acelera la construcción de sus cohetes reutilizables y Virgin Galactic explora el turismo suborbital. En España, la empresa PLD Space prepara la próxima campaña de lanzamientos de su microlanzador Miura 1 desde Huelva, con el objetivo de posicionar a nuestro país en el exclusivo club de naciones con capacidad de acceso independiente al espacio.
La NASA, por su parte, prosigue con el desarrollo de la misión Artemis, que devolverá astronautas a la Luna, y lidera la investigación de exoplanetas con telescopios como James Webb, que recientemente ha identificado atmósferas complejas en planetas situados a decenas de años luz. La colaboración entre agencias públicas y empresas privadas se consolida como tendencia, permitiendo abordar retos como la sostenibilidad de las órbitas terrestres o la exploración más allá del sistema solar.
El programa Copernicus, a través de sus satélites Sentinel, se ha convertido en un referente internacional por la gratuidad y accesibilidad de sus datos, lo que ha impulsado la creación de nuevas aplicaciones y servicios en sectores tan diversos como la gestión de infraestructuras, la prospección de recursos naturales o la planificación urbana. Con la llegada de Sentinel-1D, Europa asegura la continuidad de este flujo de información crítica, al tiempo que prepara el salto a la segunda generación de satélites, con instrumentos aún más precisos y capacidades ampliadas.
En definitiva, el lanzamiento del Sentinel-1D no solo refuerza la autonomía estratégica de Europa en el ámbito espacial, sino que también ratifica el compromiso del continente con la ciencia, la tecnología y la sostenibilidad. El éxito de la misión, respaldado por el rendimiento del Ariane 6, augura una nueva etapa de avances en la observación de la Tierra y en la cooperación internacional para afrontar los grandes desafíos del siglo XXI.
(Fuente: ESA)
